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Blogs Ciencia y Tecnolog铆a por Jos茅 Manuel Nieves

La mayor supernova observada hasta ahora

Jos茅 Manuel Nieves el

Un grupo de investigadores del Instituto Weizmann y de la Universidad Estatal de San Diego han conseguido, por primera vez, observar la explosi贸n en forma de supernova de una estrella masiva, con una masa entre cincuenta y cien veces mayor que la del Sol. Los cient铆ficos pudieron ver c贸mo la mayor parte de la materia de la estrella se colapsaba sobre s铆 misma, formando un agujero negro, mientras las capas exteriores del astro moribundo eran proyectadas al espacio con una fuerza inusitada.

El v铆deo es una recreaci贸n inform谩tica realizada por expertos de la NASA y la ESA. En él聽podemos ver c贸mo se form贸 la nebulosa del Cangrejo, los restos de una de las supernovas m谩s espectaculares jam谩s observadas por el hombre, ocurrida en el a帽o 1054 a 6.300 a帽os luz de la Tierra, en la constelaci贸n de Tauro. La nebulosa tiene un di谩metro de 6 a帽os luz (57,6 billones de km) y su velocidad de expansi贸n ronda los 1.500 km/s. La explosi贸n est谩 documentada por astr贸nomos chinos de la época.聽

Aunque ya han sido observadas supernovas en otras ocasiones, tanto desde satélites como desde intrumentos con base en tierra, nadie hab铆a conseguido hasta el momento ser testigo del destino catastr贸fico de una estrella supermasiva. La mayor supernova observada hasta ahora fue una estrella con cerca de veinte masas solares. Pero los doctores Avishay Gal-Yam, de la Facultad de F铆sica del Instituto Weizmann, y聽 Douglas Leonard, de la Universidad Estatal de San Diego, han conseguido llegar mucho m谩s lejos.

Hace relativamente poco tiempo, ambos consiguieron localizar y calcular la masa de una estrella supergigante y a punto de explotar. Y lograron estudiarla durante e inmediatamente después de la explosi贸n. Sus conclusiones confirman la teor铆a de que cualquier estrella que tenga entre decenas y cientos de veces la masa de nuestro Sol est谩 destinada irremediablemente a convertirse en un agujero negro tras estallar en uno de los fen贸menos m谩s energéticos de cuantos se producen en el Universo. De hecho, el brillo de una 煤nica supernova en una galaxia lejana puede eclipsar temporalmente el de los miles de millones de estrellas individuales que la componen.

La “familia” estelar

A simple vista, todos los puntos luminosos que vemos 鈥渁h铆 arriba鈥 parecen iguales. Unos, es cierto, brillan m谩s que otros, o se distinguen por una ligera variaci贸n en su tonalidad, rojiza o azulada. Algunos, m谩s que puntos, parecen peque帽os borrones luminosos y todos, con diferente intensidad, titilan al son que marcan sus rayos de luz al final de su largo viaje, al atravesar la atm贸sfera de la Tierra. Sin embargo, ese aspecto est谩tico e inmutable que nos ofrece en apariencia el Universo es s贸lo una ilusi贸n. En realidad, esos 鈥減untos鈥 pueden ser hermanos de nuestro propio sol, pero también ser estrellas de tipos muy diferentes a él. Enanas blancas, gigantes rojas y azules, enanas marrones, supergigantes, estrellas de neutrones… la variedad es grande, y depende tanto de las condiciones de formaci贸n de esas estrellas como de sus procesos nucleares internos.聽

De la misma forma en que son diferentes en vida, tampoco en la muerte las estrellas se parecen las unas a las otras. De hecho, pueden terminar sus d铆as de forma extremadamente violenta o pueden, por el contrario, apagarse apaciblemente, despacio, consumiéndose poco a poco en una agon铆a inimaginablemente larga. La manera en que se produce la muerte de una estrella depende, como han demostrado los cient铆ficos, de las condiciones iniciales de su nacimiento. Los astr贸nomos han descubierto, por ejemplo, que no todas las estrellas viven el mismo tiempo, y que entre las m谩s estables y longevas est谩n, precisamente, las que tienen caracter铆sticas similares a las de nuestro sol.

Nacimiento de una estrella

Las estrellas como el sol comenzaron su existencia a partir de la uni贸n de 谩tomos de hidr贸geno inicialmente dispersos en una nube de gas de enormes dimensiones. La gravedad, el 鈥減egamento鈥 universal que mantiene a la materia ordinaria en su sitio, fue juntando m谩s y m谩s 谩tomos de hidr贸geno en un espacio cada vez m谩s reducido. Y los gases, como también sabemos, al comprimirse liberan energ铆a en forma de calor.

Se establece as铆 una lucha tit谩nica entre dos fuerzas colosales, que pugnan por sobreponerse la una a la otra: por un lado, la gravedad, que intenta comprimir los 谩tomos de hidr贸geno y que se hace m谩s y m谩s fuerte cuantos m谩s 谩tomos hay; por otro, la radiaci贸n en forma de calor, que empuja en direcci贸n contraria e intenta dispersar esos mismos 谩tomos.

La gravedad, cuyo car谩cter es acumulativo, suele vencer en esta primera fase de la formaci贸n estelar, y va uniendo y comprimiendo cada vez m谩s hidr贸geno. A medida que el gas se comprime, sigue calent谩ndose y su presi贸n 鈥渄e dentro a fuera鈥 aumenta, aunque no lo suficiente como para contrarrestar a la fuerza gravitatoria, que empuja 鈥渄e fuera a dentro鈥.

Se enciende el horno nuclear

Hasta que sucede algo inesperado. En el coraz贸n de la nube de hidr贸geno, donde el calor es m谩s intenso, la temperatura alcanza los diez millones de grados que es precisamente la temperatura de fusi贸n del hidr贸geno. Comienza as铆 un proceso miles de veces m谩s energético que el anterior, la fusi贸n nuclear. El coraz贸n de la nube se enciende y se expande de repente, venciendo a las poderosas fuerzas gravitatorias. Se establece as铆 un l铆mite, un per铆metro en el que ambas fuerzas se equilibran. Ha nacido una estrella. En el interior de esa frontera, el horno nuclear recién encendido impide que la gravedad siga comprimiendo la materia. Sin embargo, la batalla no ha hecho m谩s que empezar. Fuera de ese l铆mite, la fuerza m谩s persistente de todo el Universo aguarda, paciente, una nueva oportunidad.

Mientras la estrella siga quemando sus reservas de hidr贸geno, seguir谩 brillando. Pero, aunque abundante, el hidr贸geno que tiene a su disposici贸n no es infinito y terminar谩 por agotarse. El tiempo que tarde en quedarse sin combustible depende, esencialmente, de la velocidad a la que la estrella debe quemarlo para evitar su colapso. Y esa velocidad est谩 directamente relacionada con su tama帽o. Podemos decir, en principio, que cuanto mayor sea la estrella, m谩s masa tendr谩, y por lo tanto m谩s cantidad de hidr贸geno deber谩 quemar en su horno interior para evitar el aplastamiento gravitatorio. Por eso, cuanto m谩s grande sea una estrella, menos tiempo vivir谩 y m谩s inestable ser谩 su vida.

Cuando a una estrella del tama帽o de nuestro sol se le termina el hidr贸geno, su horno se apaga. Y eso significa que se apaga también la 煤nica fuerza que se opon铆a a la gravedad, que ya no encuentra resistencia y puede, por lo tanto, seguir comprimiendo la estrella a sus anchas. Nada m谩s apagarse el horno de fusi贸n, el n煤cleo de la estrella se colapsa r谩pidamente sobre s铆 mismo. Pero al hacerlo, su temperatura vuelve a incrementarse, incluso muy por encima de los diez millones de grados anteriores, hasta alcanzar los cien millones de grados, justo el punto de fusi贸n del elemento inmediatamente superior al hidr贸geno en la tabla peri贸dica: el helio.

Casualmente, durante la etapa en que la estrella que protagoniza esta historia estuvo quemando hidr贸geno, también produjo grandes cantidades de helio, que es un deshecho de la combusti贸n nuclear del hidr贸geno. Un 谩tomo de helio es el resultado de la fusi贸n de dos de hidr贸geno y, como hemos visto, nuestra estrella ha estado fusionando 谩tomos de hidr贸geno durante miles de millones de a帽os. Una vez agotado el hidr贸geno, cuyos 煤ltimos restos se queman en las capas exteriores de la estrella, lo que queda es un n煤cleo de helio. Y cuando la temperatura alcanza el punto cr铆tico, el horno nuclear se vuelve a poner en marcha.

Hacia la edad del hierro

Al producir mucha m谩s energ铆a que la del hidr贸geno, la combusti贸n nuclear del helio proporciona nuevas fuerzas al n煤cleo estelar, que vuelve a 鈥渆mpujar鈥 a la gravedad y a expandirse r谩pidamente. En este punto, la estrella ha entrado en otra fase de su vida. Se ha convertido en una gigante roja.聽Y en聽esta clase de cuerpos las cosas suceden mucho m谩s deprisa.

Nuestra estrella, a pesar de tener una temperatura superficial (diferente a la que reina en su n煤cleo) m谩s baja, emitir谩 mucha m谩s cantidad de calor, ya que también se ha hecho m谩s grande. Nuestro sol pasar谩 por esta fase dentro de otros cinco mil millones de a帽os. Para entonces, su tama帽o habr谩 aumentado hasta el punto de engullir Mercurio y Venus, convirtiendo a la Tierra en el primer planeta de este nuevo sistema solar, muy cerca de su superficie y sometido a una temperatura suficiente como para carbonizarla. Si para entonces quedara alg煤n rastro de civilizaci贸n o de seres inteligentes sobre el planeta que vio nacer al hombre, éste ser铆a, sin duda, su final.

Tras esta dram谩tica fase de expansi贸n, el sol comenzar谩 de nuevo a contraerse, ya que la gravedad ir谩 ganando lentamente terreno a medida que el n煤cleo de helio se vaya consumiendo. Las caracter铆sticas de la fusi贸n nuclear del helio lo hacen, adem谩s, mucho menos duradero que el hidr贸geno de la etapa anterior. Este hecho, unido al mayor tama帽o de la estrella (y a la consiguiente necesidad de quemar m谩s cantidad de combustble) har谩 que las reservas de helio se agoten r谩pidamente, quiz谩 en unos pocos centenares de millones de a帽os.聽

El residuo de la combusti贸n nuclear del helio es el litio, el tercer elemento de la tabla peri贸dica, y su cantidad ha ido aumentando en el n煤cleo de nuestra estrella a medida que el helio se agotaba. Cuando esto sucede, el horno de la estrella vuelve a apagarse, la gravedad vuelve a comprimir el n煤cleo y a calentarlo cada vez m谩s, hasta que el litio, a su vez, se enciende. As铆, en una cadena de 鈥渆ncendidos y apagados鈥 sucesivos y cada vez m谩s r谩pidos, la estrella va generando en su n煤cleo elementos cada vez m谩s pesados y dif铆ciles de quemar.

Durante esta fase c铆clica de contracciones y expansiones, las capas m谩s externas de la estrella pueden incluso llegar a separarse de su cuerpo principal, formando a su alrededor algo parecido a enormes anillos de brillo difuso cuyas tonalidades var铆an seg煤n su composici贸n. Los primeros astr贸nomos que vieron estos bellos objetos se refirieron a ellos como 鈥渘ebulosas planetarias鈥 y, a pesar de lo poco acertado de este nombre, es el que ha perdurado hasta la actualidad.

El fin de la energ铆a

El l铆mite de este proceso c铆clico de combusti贸n nuclear sobreviene cuando la estrella alcanza la llamada 鈥渇ase del hierro鈥, aunque s贸lo llegan hasta aqu铆 las estrellas que, en origen, ten铆an una masa varias veces superior a la del sol. Los astros m谩s peque帽os, sencillamente, no disponen de suficientes reservas de energ铆a como para llegar a este punto, y su trayectoria se detiene mucho antes, como le suceder谩 a nuestra estrella, que como hemos visto terminar谩 sus d铆as convertida en una peque帽a enana blanca.

Elemento a elemento, pues, el horno nuclear de las estrellas muy masivas ha ido recorriendo desde el principio (hidr贸geno) y en riguroso orden (helio, litio, berilio, boro, carbono…) los diferentes elementos de la tabla peri贸dica. Y dicho horno, aunque con dificultad creciente, ha podido seguir funcionando con materiales cada vez m谩s pesados y generando energ铆a suficiente para mantener a raya a la gravedad. Pero de la fusi贸n del hierro ya no es posible extraer m谩s energ铆a.

Llegados a este punto, nuestra estrella estar谩 compuesta por numerosas capas (tantas como los materiales que ha ido fabricando) que la envuelven como una cebolla. En el exterior, las capas con los elementos m谩s ligeros. En el centro, un n煤cleo de hierro que ya no puede arder. Lo que sucede a continuaci贸n, esta vez, s铆 que es observable en nuestra escala temporal. De hecho, todo sucede en unos pocos minutos.

Sin una fuente de energ铆a capaz de oponerse, ya nada puede detener a la gravedad que, literalmente, aplasta a la estrella, cuya masa se contrae muy r谩pidamente, hasta convertirse en una compacta mezcla de varios materiales, muy densa y caliente. Es lo que los astr贸nomos llaman una 鈥渆nana blanca鈥, una estrella que, sin nuevos materiales de los que extraer energ铆a, se va apagando lentamente, convirtiéndose con el paso del tiempo en una 鈥渆nana amarilla鈥, después marr贸n y, finalmente, negra.

De esta forma terminar谩 sus d铆as nuestro sol, y también el resto de las estrellas semejantes a él. El tiempo necesario para que una enena blanca se apague es enormemente largo, incluso m谩s que la edad total del Universo, desde su nacimiento hasta ahora. Por eso, porque a煤n no ha dado tiempo,聽 es muy poco probable que alguna estrella haya llegado ya a la fase de 鈥渆nana negra鈥.

Muertes violentas

Sin embargo, no todas las estrellas se rinden tan f谩cilmente. Puede suceder, por ejemplo, que durante su colapso la enana blanca consiga recoger un suplemento 鈥渆xtra鈥 de materia de una estrella vecina y que dicha materia, que ser铆a esencialmente hidr贸geno (que es el material que hay normalmente en las capas externas de cualquier estrella, aunque en su n煤cleo se haya agotado) se vea sometida de pronto a fuerzas gravitatorias que la sobrecalientan en poco tiempo, incluso hasta llegar a su punto de fusi贸n.

Cuando esto sucede, la energ铆a liberada por esta reacci贸n provoca un gran estallido de luz y una explosi贸n que proyecta violentamente hacia el exterior parte de este ardiente envoltorio. Desde la Tierra, esta clase de estallidos se conocen como 鈥渘ovas鈥. Puede suceder que, con el paso del聽 tiempo, la materia explulsada vuelva a ser atra铆da por la estrella, repitiéndose de nuevo el fen贸meno.

Después de algunas de estas explosiones repetidas, la estrella habr谩 terminado por expulsar al espacio una parte considerable de su masa, hasta llegar a convertirse en una enana blanca realmente peque帽a, de tama帽o comparable al de la Tierra o, incluso, al de la Luna. Aunque ese no ser谩 el caso del sol, ya que nuestra estrella no forma parte de un sistema binario y cuando se colapse no tendr谩 de d贸nde obtener la materia extra que necesita para convertirse en una nova. Nuestro sol terminar谩 sus d铆as en soledad, e ir谩 transform谩ndose, con el paso del tiempo, en un gran bloque de materia fr铆a y apagada, enormemente densa. Se habr谩 convertido, para siempre, en una enana negra.

Supernovas

Las estrellas mucho m谩s masivas que el sol, sin embargo, se enfrentan a un destino bien diferente. Especialmente cuando esa masa es por lo menos once veces superior a la del astro que ilumina la Tierra. En esos casos, nada podr谩 evitar que ese final sea dram谩tico, violento y espectacular. De hecho, en lugar de expulsar poco a poco su envoltorio exterior a través de 鈥減eque帽as鈥 explosiones sucesivas, las estrellas de gran tama帽o lo hacen de una sola vez y por medio de una 煤nica y gigantesca explosi贸n que lanza de golpe al espacio la mayor parte de su materia. Se trata, de hecho de uno de los fen贸menos m谩s violentos del Universo: una supernova.

Cuando llega el momento final, en el n煤cleo de la estrella se produce una pérdida devastadora de energ铆a. El resultado es catastr贸fico. El centro de la estrella se colapsa, no poco a poco, ni siquiera en el transcurso de varios a帽os, sino de repente, en apenas unos pocos segundos.

El n煤cleo, que ya era sumamente compacto, se desploma, literalmente, bajo su propio peso, generando una serie de poderos铆simas ondas de choque que disipan la energ铆a en forma de ingentes oleadas de neutrinos. En condiciones normales, una estrella cualquiera ser铆a transparente a los neutrinos, part铆culas muy energéticas pero con masas cercanas a cero y que, por lo tanto, penetran en la materia como si ésta no existiera. Miles de millones de neutrinos procedentes del sol atraviesan, por ejemplo, nuestro planeta ( y a nosotros mismos) sin que siquiera nos demos cuenta de ello. Los neutrinos son tan livianos que pasan entre las part铆culas que forman los 谩tomos igual que una nave pasar铆a entre los planetas del sistema solar.

Pero el n煤cleo de nuestra estrella agonizante es demasiado denso incluso para los neutrinos, que apenas si pueden viajar unos metros antes de ser absorbidos. Una simple cucharada de la densa sopa que es ahora el n煤cleo de la estrella pesar铆a millones de toneladas. Los 谩tomos que la componen est谩n tan apretados que apenas si queda alg煤n espacio entre ellos.

Como consecuencia, una poderos铆sima marea de neutrinos transporta, metro a metro, la energ铆a generada por la implosi贸n de la estrella hasta sus capas externas, causando una explosi贸n catacl铆smica. La energ铆a es tal, que durante varios d铆as la estrella que muere brilla con mayor intensidad, incluso, que la galaxia que la contiene. La materia exterior, expulsada al espacio con una violencia inusitada, forma una brillante nebulosa de gas ardiente y cuya luz es tan brillante que puede ser detectada f谩cilmente incluso desde otras galaxias. Si la estrella m谩s cercana a nuestro sistema solar se convirtiera en una supernova, su brillo en el cielo ser铆a, a pesar de la distancia, superior al del propio sol.

Fue un cient铆fico indio, Subrahmanyan Chandrasekhar, quien se dio cuenta en la década de los treinta de que basta con que los restos de una supernova tengan una masa equivalente o inferior a 1,4 veces la del sol para que ese colapso gravitatorio nunca llegue a producirse, ya que es impedido por la energ铆a de Fermi. En estos casos, la presi贸n gravitatoria comprimir铆a la materia del n煤cleo estelar, pero no hasta el punto de violar el principio de exclusi贸n de Pauli, por lo que la estrella terminar铆a por alcanzar una situaci贸n de equilibrio. Es el caso de las enanas blancas. Los n煤cleos de sus 谩tomos estar铆an, s铆, m谩s pr贸ximos entre s铆 de lo normal, pero nunca llegar铆an a tocarse directamente.

Sin embargo, si la masa de la estrella que se est谩 colapsando superara el l铆mite de Chandrasekhar, entonces no habr铆a fuerza capaz de resistir a la presi贸n gravitatoria, y los electrones, cuya carga eléctrica es negativa, acabar铆an incrust谩ndose 鈥渃ontra natura鈥 en los protones del n煤cleo (que tienen cargas positivas), dando como resultado part铆culas eléctricamente neutras, los neutrones. Estos neutrones se aplastar铆an unos contra otros, dando lugar a cuerpos de extraordinaria densidad .

Agujeros negros

La magnitud de las cat谩strofes que son necesarias para que una estrella que ha brillado durante muchos millones de a帽os se convierta en una masa casi apagada, oscura, peque帽a e incre铆blemente densa como es una estrella de neutrones no garantiza, en absoluto, que las cosas no puedan ir a peor. De hecho, también las estrellas de neutrones sufren de lo que podr铆amos llamar 鈥減roblemas de equilibrio鈥. Una vez m谩s, ello depende de cu谩l sea la masa inicial de la estrella.

Como hemos visto, si ésta se encuentra por debajo del l铆mite calculado por Chandrasekhar (1,4 masas solares), su destino final ser谩 el de convertirse en una enana blanca que se ir谩 apagando lentamente en el tiempo. Si, por el contrario, la masa de la estrella est谩 entre 1,4 y 3,2 masas solares, entonces nada puede evitar que la gravedad la comprima hasta convertirla en una estrella de neutrones.

Pero vayamos m谩s all谩. Imaginemos ahora que nos acercamos hasta la Nebulosa del Cangrejo. En su centro, como sabemos, hay una estrella de neutrones tan densa que, en unos pocos kil贸metros, re煤ne una masa equivalente a la del sol. Son los restos de la supernova que registraron los astr贸nomos chinos en el a帽o 1054. Supongamos también que estamos en condiciones de ir a帽adiendo m谩s y m谩s neutrones a esa estrella. Es decir, que seguimos incrementando su masa. Si pudiéramos llevar a cabo este experimento, ver铆amos que, una vez m谩s, el di谩metro de la estrella vuelve a encogerse.

De hecho, cuanta m谩s materia a帽adamos, m谩s y m谩s peque帽a se har谩 nuestra ya muy comprimida estrella neutr贸nica. Y esto es as铆 porque, como ya sabemos, un aumento de masa conlleva inevitablemente el aumento de la fuerza de la gravedad, ya enormemente alta en una estrella de estas caracter铆sticas. 驴Pero hasta d贸nde puede aplastar la gravedad a la materia? En una estrella de neutrones, las part铆culas est谩n pr谩cticamente en contacto las unas con las otras. 驴Qué m谩s puede hacerles la gravedad?

Lo sabremos si seguimos aportando materia hasta que nuestra estrella alcance, digamos, las tres masas solares. En ese punto, el proceso de contracci贸n se acelerar谩 hasta tal punto que un observador no podr铆a percibirlo a simple vista. Sencillamente, la estrella desaparecer铆a, como tragada por un sumidero, en cuesti贸n de apenas unas décimas de segundo.

Toda la materia de la estrella quedar铆a asi comprimida en un cuerpo muy peque帽o y de incalculable densidad. A su alrededor, la fuerza de la gravedad seguir铆a siendo tan intensa que ni siquiera la luz, a pesar de su enorme velocidad, conseguir铆a escapar de su acci贸n. Los rayos luminosos que intentaran salir de la estrella se curvar铆an y sus trayectorias, como las de un cohete que de pronto se quedara sin energ铆a, los precipitar铆a de nuevo hacia su centro. La luz volver铆a a caer sobre la estrella como lo hacen las piedras que lanzamos al aire aqu铆, en la Tierra. Un cuerpo as铆, ya ni siquiera merece el nombre de estrella. Se ha formado lo que los cient铆ficos conocen como agujero negro.

En concreto, para que una estrella se convierta en un agujero negro debe tener, en su origen, muchas veces la masa del sol. Tantas como para permitir que sus restos, después de explotar como supernovas, superen a煤n las 3,2 masas solares. Y basta con mirar a nuestro alrededor para comprobar que, sin ni siquiera tener que salir de nuestra galaxia, existen numerosas estrellas que son decenas de veces m谩s masivas que el sol. Muchas de ellas acabar谩n sus d铆as como supernovas y sus restos se convertir谩n en estrellas de neutrones, pero las que superen esa masa cr铆tica acabar谩n dando lugar a un agujero negro.

Hasta ahora, como hemos visto, ninguna de las estrellas supernovas que los cient铆ficos hab铆an logrado medir hab铆a superado una masa de 20 soles. Gal-Yam y Leonard exploraron una regi贸n espec铆fica del espacio, utilizando el Telescopio Keck en Mauna Kea (Hawaii) y el Telescopio Espacial Hubble. Al identificar una estrella al borde de la explosi贸n, calcularon que su masa era igual a 50-100 soles. Al continuar las observaci贸nes vieron que s贸lo una peque帽a parte de la masa de la estrella fue disparada en la explosi贸n. Seg煤n Gal-Yam, la mayor铆a del material fue atra铆do por el n煤cleo durante el colapso, a medida que la fuerza gravitatoria aumentaba. De hecho, en im谩genes telesc贸picas posteriores de aquella secci贸n del cielo, la estrella parec铆a haber desaparecido. En otras palabras, la estrella se convirti贸 en un agujero negro, tan denso que聽ni siquiera la聽luz puede escapar de él.

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