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Turquía, ambiciones desmedidas

Jorge Cachineroel

NB: Este artículo fue publicado anteriormente en El Economista.

El Economista, 9 de febrero de 2026, p.31.

Turquía es una potencia regional o media que se comporta como otras muchas en el mundo en un entorno de multipolaridad, lo que le permite defender sus intereses nacionales por encima de cualquier alineación de bloques.

Los discursos reiterados del presidente de Turquía, Recep Erdogan, sobre que su país es una “potencia global” están dirigidos a que los ciudadanos turcos refuercen su autoestima y voten por su Partido del Desarrollo y la Justicia, Adalet ve Kalkınma Partisi (AKP), en turco.

Trump (i), Erdogan (d).

Turquía se incorporó a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1952, cuando soñaba con ser como los Estados Unidos (EE. UU.), y solicitó ser miembro asociado de la Comunidad Económica Europea (CEE), la actual Unión Europea (UE), en 1959.

El camino de Turquía hacia una unión aduanera y la membresía de la CEE se inició con la firma del Acuerdo de Ankara en 1963 y continuó con la solicitud de adhesión plena en 1987.

Las negociaciones de dicha incorporación a la UE llegaron a un punto muerto en 2016 debido a las preocupaciones europeas sobre los derechos humanos en Turquía, tras haber recibido esta el estatus oficial de candidato a la adhesión a la UE en 1999.

Los líderes políticos y económicos turcos viven desde entonces aquel rechazo con resentimiento, ya que saben que su espera no tiene perspectivas de que ese ingreso en la UE se produzca.

A pesar de lo anterior, Turquía desarrolla una habilidad especial para navegar entre dos aguas.

Turquía es fundadora de la Organización de Cooperación Islámica desde 1969, a la vez que sus gobernantes declaraban entonces que querían que su país se pareciera a EE. UU. y que su Constitución establece la secularidad de la nación.

Asimismo, Turquía, miembro de la OTAN, incrementó la compra de gas ruso y facilitó la llegada de turistas rusos a sus costas desde la década de 1980.

Los últimos veinticinco años son testigos de cómo, de nuevo, Turquía practica su juego favorito, siendo miembro de la OTAN, a la vez que desarrolla una política exterior autónoma, que mira hacia el este y deja de hacerlo hacia el oeste.

Turquía intenta proyectar su influencia en Asia Central de forma irrealista, ya que cree que existen razones históricas y lingüísticas que lo justifiquen, y se abraza a un “eurasianismo” polifónico, islámico y pragmático, a la vez.

Ankara compensa esa aspiración desmedida de adentrarse en un área de influencia de la Federación de Rusia, profundizando las relaciones comerciales bilaterales con esta, que se han multiplicado por 14 en los últimos años, de $8 a $110 millardos.

Esta nueva identidad de la política exterior turca se distanció de Occidente y de la UE cuando Ankara percibió que el apoyo de esas potencias a los kurdos en la guerra civil en Siria podía convertirse en una amenaza para su seguridad nacional.

El mundo policéntrico actual empuja a las potencias regionales, como Turquía, a buscar su independencia estratégica mediante la diversificación de sus relaciones y Ankara es un buen ejemplo de este fenómeno, aunque no muy refinado.

Turquía apoya de manera militante la llamada “causa palestina” y lideró el derrocamiento de Assad en Siria, lo que hará que Jerusalén no permita que Ankara desempeñe un papel protagónico en las fases próximas de la resolución de la crisis en la Franja de Gaza.

Ankara facilitó los intentos originales para que Moscú y Kiev llegaran a un entendimiento en el conflicto en Ucrania, aunque sería ingenuo pensar que pudiera arbitrar ese acuerdo cuando EE. UU. y Rusia la superan con el diálogo entre grandes potencias que estas mantienen.

El objetivo de Turquía de disfrutar de la soberanía estratégica completa e independencia en política exterior es legítimo, ya sea en Asia o en África.

Sin embargo, Turquía debería centrarse en solucionar sus problemas económicos, aunque promueva su liderazgo tecnológico en determinadas áreas vinculadas a la industria de defensa, como la de los drones.

 

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