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Blogs Crónicas de un nómada por Francisco López-Seivane

Ayer y hoy de Addis Abeba, el nuevo Dubai de África

Francisco López-Seivaneel

Addis Abeba se ha convertido en la actualidad en una megaciudad llena de edificios ultramodernos, al estilo de las nuevas urbes del Golfo. El actual presidente de Etiopía, Taye Atske Selassie, que ha logrado erizar el paisaje urbano de edificios de última generación, acaba de inaugurar la mayor presa de Africa y ha convertido la cuna de la humanidad en uno de los países más prósperos de ese continente.

Aún recuerdo con nostalgia mi primer viaje a Etiopía. No entré con buen pie en la vieja Abisinia. En el aeropuerto de Adis Abeba perdí dos horas esperando inútilmente mi maleta. Las empleadas de Ethiopian Airlines derrocharon amabilidad y buenas maneras, pero terminaron despachándome con unos cuantos papeles, unos pocos dólares para comprarme pasta de dientes y una muda y asegurándome que pronto me llamarían con buenas noticias. Pasé algún tiempo sin maletas, el suficiente para darme cuenta de que no hay mayor soledad que la del hombre que ha perdido su equipaje. Los de Ethiopian me aseguraron que Iberia nunca les entregó mi maleta en Fiumicino, que no habían dejado de rastrearla y que harían lo imposible para que me llegara cuanto antes. Tópicos, en fin. Mientras, no hice otra cosa que tratar de sobrevivir sin mis pertenencias, algo tan duro como rehacer la vida tras una separación. Cada noche en Addis Abeba, pueden creerme, me quedaba dormido abrazado a la esperanza de un mañana con maleta. Afortunadamente Ethiopian Airlines tiene en la actualidad varios vuelos directos semanales de Madrid a Addis Abeba y eso ya es otra cosa.

Evidentemente llegué a Addis Abeba mal informado. Cuando esperaba encontrarme miríadas de niños panzudos rodeados de moscas, me topé con una ciudad sorprendentemente occidentalizada, relativamente cómoda, bullente, donde no faltaba de nada. Me alojé en un edificio moderno en Bole Road, la avenida principal de la ciudad, propiedad de Tadiwos Belete, a quien había conocido hacía algún tiempo en Madrid. Para que se hagan una idea, la planta baja la ocupaba el impresionante Boston Day Spa, siempre rebosante de recepcionistas, peluqueros, masajistas y, naturalmente, clientes. De la mañana a la noche. En el primer piso abría sus puertas todas las tardes el Blackrose, uno de los bares más acogedores y de más éxito de la ciudad. Encima se ubicaba uno de esos cafés/librería con conexión wifi gratuita, en el que resultaba difícil encontrar una mesa vacía a cualquier hora. Después venían tres plantas de oficinas y, finalmente, las dos últimas, de mayor nobleza, constituían el llamado Kuriftu Guest House, una especie de hotel muy personal, pero sin personal (yo me entiendo), media docena de apartamentos con un mínimo de servicios, pero de muy alto nivel. Ahí es donde me alojé, ya digo, por gentileza de Tadiwos.

A pesar de su modernidad no han desaparecido de las cállese Addis Abeba las viejas artesanías. Foto: FLS

Muy cerca descubrí un chalecito con un coqueto jardín, donde se vendían vinos españoles. Por ‘Little Spain’, que así se llamaba aquel negocio, me pasaba cada poco a charlar con Pedro Lasuén, un periodista con muchos kilómetros a su espalda que lo había dejado todo para darse al vino. Le conté, cómo no, la tragedia del hombre desnudo que no encuentra su maleta y los dramas que eso conlleva. El primer día ya me quedé sin batería en la cámara  (el cargador estaba en la maleta perdida). Al día siguiente tenía que viajar temprano al norte del país y no podría sacar fotos. Pedro hizo un par de llamadas, saltó al coche y en un pispás me llevó a la casa de José Cendón, el fotógrafo gallego que había sido secuestrado hacía algún tiempo en Somalia. José gastaba una cámara Cannon de un modelo compatible con el mío y me prestó su cargador. Ahí es donde el país empezó a gustarme.

Por la noche cené con Nicolás Cimarra, un diplomático muy joven, culto y educado, que cumplía su primer destino en Etiopía. Resulta que era hijo de mi viejo y querido amigo José Ignacio Cimarra, destacado cirujano y gran aficionado a la historia y a la literatura. Recordamos cómo, siendo niño, le llevé en una ocasión al Bernabéu, pero no pudimos hablar mucho más. La cena era en casa de una amiga sueca de Nicolás y había otros invitados, entre ellos el ubicuo José Cendón, autor de ‘Billete de ida’, el libro en el que narró su secuestro. Me confió que estaba a punto de sentar sus reales en Ciudad del Cabo. Le deseé suerte y me retiré temprano. Como cada noche que pasé en esta ‘Nueva Flor’, que es lo que quiere decir Addis Abeba en amárico, me acosté suspirando, con Lorca, “¡Ay, mis camisas de hilo!…”, etcétera.  

Pero eso fue ayer. Hoy Addis Abeba se parece mas a una moderna capital del Golfo que a la ciudad plana y desordenada que conocí hace ya un buen número de años. El actual presidente ha sembrado de rascacielos la capital etíope y ha hecho construir en las aguas del Nilo la mayor presa de África. Para mayor información adjunto el vídeo que acaba de enviarme desde la capital etíope mi buen amigo Teddy Milas, director de Memories Tours. ¡No te lo pierdas!

África Francisco López-Seivaneel

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