Dios vuelve a estar de moda. Se publican libros sobre él, que se venden muy bien. Se diría que dentro del movimiento pendular de las ideas, la ciencia ya no llena como antes y el materialismo ha quedado desfasado. Una característica de estos libros de reciente publicación es que se apoyan en la ciencia. Otra es que la noción de una conciencia que tal vez no esté dentro del cuerpo, juega un papel importante. En todo caso los argumentos emocionales y que juegan con la paradoja como los de G.K. Chesterton en “Ortodoxia” se venden peor en el siglo XXI.
Una teoría muy utilizada en estos libros es la del ajuste fino. La teoría del ajuste fino dice que hay toda una serie de constantes físicas fundamentales cuyos valores están finamente ajustados como para permitir la emergencia de la vida en nuestro universo. Un leve variación el universo habría evolucionado de una manera distinta y la vida no habría llegado a formarse. Stephen Hawking, que no solía meter a Dios en sus ecuaciones, reconoció que “las leyes de la ciencia, según las conocemos ahora, contienen muchos números fundamentales (…) Lo notable es que los valores de estos números parecen haber sido finamente ajustados para hacer posible el desarrollo de la vida.” Partiendo de estas premisas, tiene su lógica afirmar que tanta exactitud sólo puede provenir de Dios o de su adjunto.
Si el ajuste fino es cierto, puede que…
1) Por un azar extremadamente improbable, pero no imposible, el universo haya surgido con los parámetros necesarios para que se pudiesen construir las estructuras físicas (estrellas, galaxias…) que ulteriormente harían posible la vida. Lanzar una moneda al aire mil veces y que todas te salga cruz teóricamente es posible, pero es extremadamente improbable.
2) Existan infinidad de multiversos y casi es de cajón que al menos uno entre ellos estará finamente ajustado para la vida. Esta teoría tiene el gran problema de que no parece posible demostrar la existencia de otros universos.Además, otra cuestión que no se suele mencionar es que, si efectivamente hay otros universos ahí afuera, ¿cómo sabemos si son dos o 50.000 billones? Si son dos, nuestro universo sigue siendo muy improbable; si son 50.000 billones se vuelve bastante probable.
3) Vivamos en una simulación. Los parámetros cosmológicos no serían más que las especificaciones que el diseñador de la simulación ha establecido para que ésta pueda desplegarse. Dado que no creo que vivamos en una simulación, esta explicación la clasifico entre las cosas que dicen los frikis de Silicon Valley cuando están fumados.
4) Exista un Dios creador, que creó un universo tal que pudiera generarse vida en él.
5) El propio universo tenga consciencia y se haya dado los parámetros necesarios para que la vida pudiera surgir.
En nuestro país uno de los libros que tuvo más éxito fue “Dios. La ciencia. Las pruebas: el albor de una revolución” del ingeniero francés Michel-Yves Bolloré y el teólogo y empresario Olivier Bonassies. Su tesis esencial es que la complejidad del Cosmos hace que el materialismo ya no sirva como herramienta para explicar el Universo. Aducen una serie de pruebas basadas en la ciencia y ésta es la parte del libro que resulta más convincente. Cuando sacan a colación al pueblo judío, a Jesucristo y los milagros, resultan mucho menos convincentes.
Otro libro que ha tenido mucha resonancia en nuestro país es “Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios” de José Carlos González-Hurtado. González-Hurtado recurre a los argumentos científicos habituales. Tal vez la mayor diferencia con el libro de los autores franceses es que insiste mucho en que los Premios Nóbel en áreas de ciencias en su mayoría no son materialistas. La complejidad del Universo, cuando la investigan, les hace pensar a muchos de ellos que existe ahí una mano creadora.
Este punto del libro me parece muy relevante, porque viene a desmontar varias ideas preconcebidas: 1) Que los científicos son mayoritariamente ateos y materialistas; 2) Que la investigación científica le lleva a uno indefectiblemente al ateísmo. Más bien es al contrario.
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