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La decision soviética de invadir Afghanistán (2)

Emilio de Miguel Calabia el

Antes de continuar con la historia hay que hablar del PDPA, que tantos dolores de cabeza les daría a los soviéticos. Los comunistas afganos eran pocos, pero muy ruidosos. Admiraban a la URSS y creían en el marxismo-leninismo a pies juntillas, aunque la situación en Afganistán invitase a todo menos a construir una república popular. Pero eso eran cuestiones teóricas que no tenían validez para ellos. Lo que contaba era hacerse con el poder y luego ya harían que el país cambiase.

Si el PDPA hubiera consistido en un grupo de exaltados despegados de la realidad, las cosas ya habrían sido complicadas. Lo malo es que el PDPA consistía en dos grupos de exaltados despegados de la realidad y que se odiaban entrañablemente. Por un lado estaba el Khalq, cuyos líderes provenían de las zonas rurales y de las tribus pashtunes. Sus líderes principales eran Nur Mohamed Taraki y Hafizullah Amin. El Khalq pensaba que había que hacerse con el poder sí o sí y que el comunismo podía imponerse en Afghanistán en un par de fines de semana utilizando el manual de instrucciones del padrecito Stalin y del Gran Timonel Mao. El Parcham lo componían intelectuales urbanos y su líder era Babrak Karmal. El Parcham pensaba que Afganistán todavía no estaba maduro para el comunismo. Tanto durante el régimen de Daud, como tras su caída, los soviéticos harían esfuerzos ímprobos para que el Khalq y el Parcham dejasen de entrematarse y colaborasen un poquito. Fracasaron rotundamente.

Tanto si estaban detrás como si no, los soviéticos nunca dudaron de que tenían que apoyar al nuevo régimen en Kabul. Consideraban que el país pertenecía a su órbita y los golpistas, aunque tuvieran una comprensión del marxismo un poco especial, no dejaban de ser comunistas. Afganistán era geopolíticamente importante para los soviéticos por cuanto protegía el bajo vientre del Asia Central soviética. En los tiempos de la guerra de Afganistán, se dijo que con la invasión del país, los soviéticos habían querido acercarse a las aguas calientes del Índico. Esto fue propaganda occidental, aunque coló. La actuación de los soviéticos en Afganistán fue más defensiva que ofensiva. Buscaban protegerse, no amenazar a otros.

El régimen comunista de Taraki empezó con mal pie. Taraki era un iluminado que pretendía darle la vuelta al país en 24 horas a fuerza de decretos. Quiso promover la reforma agraria y la plenitud de derechos para la mujer, la erradicación del analfabetismo, de la discriminación por motivos étnicos y de las relaciones feudales (eufemismo para señalar que se iba a cargar a los líderes tribales y religiosos); dijo a sus asesores soviéticos que en un año las mezquitas estarían vacías. El gran procedimiento para impulsar los cambios consistía en detener, torturar y ejecutar a los posibles opositores, categoría que abarcaba a los terratenientes, a los líderes religiosos, a los líderes tribales, a los activistas políticos, a los intelectuales… En fin que parecía más sencillo entrar en una de las categorías de los ejecutables que permanecer incólume. Menos de un año después de la revolución de abril, las mezquitas seguían llenas y los movimientos insurgentes rebosaban de voluntarios.

El 15 de marzo de 1979 estalló una rebelión en Herat, una de las principales ciudades del país, que cayó bajo control rebelde. Taraki pidió ayuda a Moscú para recuperar el control de la ciudad. Sugirió que tanques y aviones soviéticos con insignias del Ejército afghano entrasen en el país. La Embajada y la agregaduría de defensa soviética enviaron igualmente informes pesimistas sobre la situación: las fuerzas gubernamentales en Herat habían colapsado, cuando no se habían pasado directamente al bando rebelde.

El 17 de marzo se reunió el Politburó y discutió sobre la situación en Afganistán con la sensación de que Taraki no les decía toda la verdad y que realmente sabían bastante poco de lo que estaba ocurriendo allá. Algunas cuestiones que se debatieron fueron: ¿cuáles eran los intereses reales de la URSS en Afghanistán? Si la URSS abandonaba Afganistán a su suerte ¿trataría EEUU de ocupar su lugar? ¿qué podía hacer la URSS para controlar y moderar a los comunistas afghanos? ¿por qué los líderes afganos (cuya incompetencia era cada vez más manifiesta) no habían tenido en cuenta el papel de la religión? ¿qué respuesta debía darse a las peticiones de ayuda del gobierno afgano para aplastar la rebelión?

El Ministro de Defensa, Dmitri Ustinov, el Ministro de AAEE, Andrei Gromyko, y el jefe del KGB, Yuri Andropov, eran partidarios del envío de tropas. Pensaban que más valía correr el riesgo de comprometer en combate a las tropas soviéticas, que el de perder Afganistán. Sería un golpe muy fuerte para el prestigio de la URSS perder a un país que de una manera u otra había sido cliente suyo durante tanto tiempo. A Ustinov, además, le atraía la idea de que los paracaidistas soviéticos adquirieran experiencia de combate. El Primer Ministro, Alexei Kosyguin, era quien más se oponía a la intervención. Temía la reacción internacional. Quien más influyó en que se rechazara finalmente el envío de tropas fue el asesor de política exterior de Brezhnev, Andrei Aleksandrov-Agentov, quien le insistió en el efecto que una intervención en Afghanistán tendría sobre la distensión que Brezhnev estaba esforzándose por conseguir con EEUU.

Aun cuando prevaleciera la prudencia, como le ocurriera a EEUU muchos años antes en Vietnam, sin darse cuenta, los líderes soviéticos dieron los primeros pasos tímidos hacia una mayor involucración en Afganistán. El acuerdo final fue enviar suministros militares y 500 especialistas del Ministerio de Defensa y de la KGB, para reforzar a los 550 especialistas que ya se encontraban en el país. Dos divisiones soviéticas se estacionarían en la frontera. Se concedería asistencia económica a Afganistán: se le proporcionarían 100.000 toneladas de grano, se aumentaría el precio que se pagaba por el gas afghano y se perdonarían los intereses de los créditos pendientes.

A veces se olvida de la influencia que en el proceso de toma de decisiones pueden tener las cuestiones organizativas y burocráticas. Se constituyó dentro del Politburó una Comisión sobre Afghanistán, compuesta por Ustinov, Gromyko, Andropov y la cabeza del Departamento de Internacional del Partido Comunista de la Unión Soviética, Boris Ponomarev. Esto es, las tres personas que más habían abogado por la intervención en la reunión del Politburó de marzo, serían quienes dominarían el proceso de toma de decisiones sobre Afganistán. Su colaboración en la Comisión haría que hiciesen piña y que pudieran apartar eficazmente de los asuntos afganos a quienes disintieran de ellos.

El 20 de marzo Taraki fue convocado a Moscú. Justo ese día el Ejército afhano recuperó el control de Herat. Taraki se reunió con Kosyguin, Ustinov, Gromyko y Ponomarev. Le dijeron que la URSS no enviaría tropas para sacarle las castañas del fuego y le señalaron la impresión negativa que causaría en la población si pensase que para mantenerse en el poder Taraki necesitaba a las tropas soviéticas. La inverosímil defensa de Taraki fue que el pueblo afghano les apoyaba masivamente a él y a sus reformas, pero que era víctima de una campaña de subversión llevada a cabo por los reaccionarios de Irán y Pakistán. No pudo conseguir que reconsideraran la decisión adoptada por el Politburó. Dado cómo funcionaba el sistema, habría sido casi imposible que lo consiguiera. Kosyguin le ofreció un sabio consejo que caería en saco roto: tenía que ampliar su base de apoyo popular, lo que implicaba implícitamente que dejase de torturar a sus rivales en el seno del PDPA.

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