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Chess boxing: la unión entre el cuerpo y la mente

Pilar Quijada el

David Atienza

Probablemente los lectores nunca se han imaginado a Gary Kasparov o a Anatoli Karpov subidos a un ring de boxeo. Ni a Mike Tyson o Muhammad Ali disputando una partida de ajedrez. Sin embargo este hecho podría haber sucedido si hubiesen mantenido un duelo de “chess boxing” o ajedrez boxeo, deporte que aunque parezca sorprendente combina estas dos modalidades que a priori pueden parecer tan antagónicas.

El Chess Boxing tiene su origen en el cómic, y más concretamente en una obra del serbio Enki Bilal: La trilogie Nikopol. En ella se inspiró su creador Iepe Rubingh, quien además fue el primer campeón mundial, en el año 2003, con 32 años, y creador de la filosofía que rodea este deporte.

El campeón del 2008 fue el ruso Nicolay “the Chairman” Shazin, de 19 años, y un año después se lo arrebató Leo Granit Kraft, de 17. Hoy día es la Organización Mundial de Chess boxing (WCBO), desde Berlín, quien se encarga de estipular las reglas.

Lucha en el ring, guerras en el tablero.

En esta disciplina deportiva que recuerda la máxima griega “mens sana in corpore sano” (mente sana en cuerpo sano) los contendientes se enfrentan en once asaltos repartidos en seis de ajedrez de cuatro minutos y en cinco de boxeo de tres minutos. Siempre se comienza con ajedrez, se continúa con boxeo y se van intercalando sucesivamente tras un breve descanso de 1 minuto, para cambiar el atuendo y subir o bajar el tablero del cuadrilátero. Puede que esta alternancia sea el elemento de más desgaste para el deportista, debiendo ser muy costoso “cambiar el chip” y concentrarse en el round que se está disputando en ese momento y ser capaz de realizar los movimientos con caballos, alfiles y peones después de recibir varios golpes o intentar soltar un buen gancho o derechazo sin continuar pensando en las jugadas del tablero

En los “rounds” de carácter intelectual cada participante dispone de dos minutos para realizar sus movimientos sobre el tablero. Si alguno de los dos agota los 12 minutos de los que en total dispone o es víctima de un jaque-mate por parte del adversario, pierde automáticamente el enfrentamiento. También acaba derrotado si en los minutos en los que debe demostrar su estado físico sucumbe a un golpe y es noqueado. Pero puede darse la extraña circunstancia de que ambos libren los once asaltos y el “combate” culmine con empate. En este caso el jurado sería el encargado de dictaminar el ganador por puntos en boxeo, y en última circunstancia, lo sería el que hubiese jugado con las fichas negras.

La complejidad de este deporte reside en saber combinar las habilidades físicas e intelectuales. No se puede tener una inteligencia y rapidez mental extraordinaria si no dispones también de fuerza y contundencia, así como una gran capacidad de superación y concentración. Esta circunstancia la resume a la perfección su lema: la lucha se libra en el ring, las guerras en el tablero.

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