Entrevista a HARQUITECTES (1ª parte)

Entrevista a HARQUITECTES (1ª parte)

Publicado por el oct 29, 2014

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Una larga conversación junto a David Lorente, Xavier Ros y Roger Tudó, tres de los cuatro miembros de HARQUITECTES (no estaba presente Josep Ricart), en su despacho de Sabadell (Barcelona) permitió abordar, desde la reflexión sobre su propia práctica, toda una serie de cuestiones relativas a la delicada situación actual de la profesión y el estado mental y físico de la arquitectura.
El funcionamiento de un estudio determinado a hacer arquitectura a pie de obra, a inquirir al máximo posible a cada proyecto y a mantener un rigor honesto ante cada proyecto y sus propias capacidades, y a cómo esta actitud ha sido fundamental para cimentar con fuerza el funcionamiento del despacho ante la crisis fueron los temas con que se abrió este diálogo.

Releído hoy, Lleping (un texto colectivo que firmábais  Coque Claret, Claudi Aguiló, Dani Calatayud, Emiliano López, Javier Belil, Josep Ricart, Mònica Rivera, Roger Tudó en 2010) aparece como un texto quizá aún más valioso de lo que ya lo fue en el momento en que se publicó. Sigue siendo un escrito con plena vigencia donde se llamaba la atención sobre los riesgos de los excesos cosméticos en la presentación de la arquitectura en aquellos años de euforia y despreocupación en la arquitectura, cuando ésta era más entendida como producto, objeto para consumo mediático, mera cuestión icónica… Planteaba una postura que ahora resulta muy políticamente correcta, pero que entonces se oponía a la tendencia de acción casi mayoritaria y podía arriesgarse a parecer incluso algo reaccionaria.

En el caso de HARQUITECTES, desde el principio de vuestra trayectoria ha estado muy clara la voluntad de trabajar desde una actitud que se ha esforzado por mantenerse alejada de los riesgos de la banalidad. 

¿Creéis que la crisis actual va a ser entendida y convertida en una oportunidad positiva por unos,  pero que también conlleva el riesgo de que sea usada de manera tramposa por otros, que se suban a ese discurso que rechaza la vacuidad y la idea del espectáculo, que se adhiere a ese manido concepto de austeridad y ese nuevo campo semántico asociado a éste únicamente como forma de seguir aferrados a esas estructuras de los tiempos del exceso (los eslóganes huecos, el afán de protagonismo, nuevas cosméticas)?

DAVID LORENTE.-  En nuestro caso, creo que no es la crisis lo que dinamiza cosas. Si en HARQUITECTES se ha dado esa evolución −si se ha producido, si alguien la advierte− no ha sido a causa de que algo lo haya obligado, sino que ha sucedido como consecuencia lógica de una evolución de ideas. No tengo la sensación de que nunca hayamos estado afectados por la crisis. En aquel momento de auge nosotros estábamos comenzando, por lo  que no hemos recibido ninguno de esos encargos que otros arquitectos sí tuvieron. Nuestro despacho no ha sufrido un colapso que le haya forzado a repensarse. Sí que hubo una bajada de expectativas, porque muchos ritmos se ralentizaron. Pero en cualquier caso, personalmente, nos desvincularía totalmente de la situación de crisis para ver nuestro trabajo como una evolución normal y coherente.

Pero la crisis ha demostrado el valor de ese modelo de arquitectura en que vosotros creíais y que dio identidad a este estudio.

ROGER TUDÓ.- Aunque sea una visión extraña, yo no tengo ningún interés en que acabe la crisis. Digo esto teniendo en cuenta que hay muchos estudios pasándolo muy mal, para los que esta situación es una malísima jugada. Sin embargo, el tipo de encargo que se ofrece a día de hoy es de mucha mayor calidad. Antes trabajábamos para promotores que eran auténticos déspotas cuyo único objetivo era vender, y que representaban el 95% del trabajo existente. Y ahora, o por lo menos ésa es nuestra experiencia, los clientes que acuden a nosotros lo hacen sin aquella obsesión por ganar dinero sino que están intentando hacer un buen edificio.

Ante esto, si regresar a una situación de no-crisis significa volver a diseñar para especular, mejor no hacerlo. Evidentemente, el problema principal que causa esta situación es que no haya trabajo para todos pero hemos de reconocer que, en esos años, todos estábamos trabajando básicamente para permitir que otros se enriquecieran.

XAVI ROS.- Pero es importante que seamos conscientes de que ese modelo no ha desaparecido. Se sigue construyendo mal y bajo los mismos criterios de especulación. Sin embargo, esa actividad a nosotros no nos llega. Hay muchos que nunca tendrían interés en aproximarse a nosotros con un encargo.

RT.- En nuestro caso, no se trata de que hayamos reaccionado a una situación de crisis, sino que las estrategias de base con que contábamos nos han servido dentro de este contexto. Han encajado de alguna manera en la sensibilidad de la disciplina arquitectónica y de la sociedad en general. También está claro que hay casos en los que, ante la necesidad de redireccionarse al verse atrapados por la crisis, esta línea se ha adoptado de manera oportunista.

Vemos en este momento también cómo desde ciertos sectores se alienta a los arquitectos más jóvenes a abandonar la arquitectura, en lugar de darles lugar para tratar de definir otra forma de hacer arquitectura. Y, a mi parecer, ese discurso oportunista sobre la austeridad busca crear o mantener nichos de poder.

XR.- En mi opinión, sí ha surgido una cierta estética de la arquitectura de la crisis.

En nuestro caso, el no revestir los edificios es aportado por un posicionamiento casi ético, casi de origen. A medida que comenzábamos a saber controlar los sistemas, intentábamos usarlos para tantas cosas como podíamos. Por ejemplo, si hacíamos una estructura que puede servir cómo acabado o cómo elemento de fachada, optamos por no revestirla. Esto significa que con un solo recurso puedes obtener muchas cosas. Puedes ahorrar. Y esto da lugar a una estética concreta, un cierto aspecto en los edificios.

El caso de nuestra Casa 712 ejemplifica esto: fue suprimiéndose todo aquello que no podía costearse y fue ese factor el que definió el resultado final.

Y ponéis de manifiesto cómo es posible hacer culminar esta aceptación de los recortes (por usar otro término habitual en este momento) en una arquitectura de calidad, de valor. Es cierto que también habéis contado con clientes receptivos para entender vuestros argumentos.

XR.- Sí, pero en el caso concreto de la Casa 712 se trataba de un cliente absolutamente común. Pero aquí la crisis supuso una oportunidad. Si tú, como arquitecto, argumentas razonadamente que no enyesar supone un ahorro de tanto, el cliente aceptará tu propuesta. Naturalmente, tras este “abaratamiento” subyace también un posicionamiento arquitectónico.

RT.- En nuestras primeras obras nos encontramos con el problema de realizar un diseño guiados por nuestros deseos para descubrir, al llevarlo a presupuestar, que surgían excesos y descontrol. Comprendimos muy claramente entonces que el control económico, presupuestario, es fundamental e imprescindible en las obras, y trasladamos esa fase al inicio del proceso creativo.

Es una forma de operar que aplicamos desde antes de la crisis: nuestra estrategia proyectual contaba con la gestión económica dentro del proceso creativo. Actualmente éste se ha vuelto un paso inevitable y que acaba otorgando valor al proyecto.

 

GIMNASIO 704

Gimasio 704 – Barberà del Vallès, Barcelona. 2008 – Fotógrafo: Adrià Goula

 

Vuestro modelo de despacho es muy específico. De la misma manera que os apoyáis en este tipo de actitud, también la organización de vuestro despacho se ha fundamentado de un modo muy concreto.  ¿Cómo funcionáis internamente?

DL.- Al no conocer en profundidad el funcionamiento de otros despachos, no me atrevo a afirmar que el nuestro sea diferente. De cualquier modo, lo que es seguro es que no está en absoluto concebido como diferente. Acaba siendo una organización natural resultado de nuestra manera de ser, evoluciones personales y relación entre nosotros. Evidentemente, en cualquier asociación hay una serie de intereses particulares, temas en los que se profundiza individualmente… Pero lo positivo de ser cuatro personas que trabajan en un marco de amistad y respeto de muchos años es que todas estas inquietudes personales acaban pasando por un mismo consejo, y esto permite que los inventos individuales más subjetivos se limiten y deriven en encontrar un punto mucho más común. Y en ese punto común, algo que nos define en positivo, quizá también en negativo, es la inclinación hacia lo racional absoluto.

XR.- Algo específico en nuestro funcionamiento es también el hecho que nunca nos hemos sentado a teorizar sobre qué queremos ser, qué vamos a hacer… O, mejor dicho, sí nos hemos sentado a discutir, pero siempre desde una actitud de work in progress. Siempre hemos teorizado en acción. Proyectando, construyendo, discutiendo sobre un proyecto concreto…

Nunca hemos sido muy sistemáticos en cuanto a la organización de esas discusiones. No acordamos sentarnos con día y hora fija regularmente: las conversaciones surgen de forma algo casual. Contamos con una estructura de equipos trabajando en los proyectos y uno o dos de nosotros dirige directamente cada uno de ellos y, ocasionalmente, quizá durante una pausa para comer en la coincidimos los cuatro, puede surgir una conversación general sobre los proyectos en marcha.

Hoy por hoy nuestro equipo es plenamente compacto, pero con este carácter más casual que estructural. No funcionamos con una empresa donde, por ejemplo, cada lunes hay una reunión del comité ejecutivo. Quizá tampoco fuese una mala idea operar de esa forma, pero lo cierto es que siempre hemos funcionado de esa forma más espontánea, más imprevista.

RT.- El perfil de David no es habitual en los despachos. Él no se encarga de ningún proyecto en concreto, sino que está en todos y se ocupa de organizar el despacho.

Este papel suyo sí constituiría un rasgo distintivo de nuestro estudio, porque nos permite estar mejor gestionados en momentos claves en que Xavi, Josep o yo podamos estar totalmente centrados en una cosa; y, a la vez, resulta un engranaje clave para poder tener una visión general. Él puede observar con una implicación más distante y formular unas preguntas distintas, porque finalmente el proyecto va surgiendo a base de formularse preguntas y coordinar todas estas preguntas.

En mi opinión un equipo de cuatro personas no es restrictivo, sino más real. La vida real es compleja y hay que responder a una gran cantidad de preguntas. En un proceso creativo, un arquitecto tiende normalmente a dejarse muchas preguntas importantes. Siendo cuatro, tratamos de dejarnos las menos posibles, porque si a uno le pasa alguna por alto, otro caerá en la cuenta. Aparecen también más preguntas. Es más difícil y es preciso más consenso, pero a la larga el resultado es más positivo.

¿Esta forma de hacer fue algo que se dio también de forma espontánea? ¿Surgió a medida que el estudio se ponía en marcha?

DL.- No exactamente desde el comienzo. A medida que vas trabajando, aprendes cosas a las que, en caso de duda, recurres.

De aquí a septiembre [esta entrevista tuvo lugar en julio de este año] no tenemos en perspectiva ningún proyecto a punto de comenzar, pero ha habido otras épocas en las que se ha concentrado mucho trabajo. Eran momentos en los que hubiera sido fácil delegar en alguien, pero nuestra postura siempre ha sido la de preferir hacer esperar a proyectos de los que no pudiéramos ocuparnos directamente. Si el cliente está de acuerdo con ello, perfecto; de lo contrario, no podremos hacernos cargo de ese proyecto. Nunca hemos tomado más proyectos de los que podíamos asumir.

Esta actitud marca una diferencia clara respecto a la idea del arquitecto-genio, en la cual fuimos mayoritariamente educados y que ha tenido como consecuencia la generación de demasiadas frustraciones.  Creo que, de cara hacia las nuevas generaciones que están educándose en este momento, es necesario abrir esta puerta que les reafirme en lo correcto de aceptar únicamente aquello que uno puede abarcar. Que no debe delegarse trabajo en el que no pueda comprometerse una supervisión muy próxima. Que existe un sentido de responsabilidad.

XR.- En nuestro caso se da también otro parámetro: la decisión de no trabajar de momento muy lejos del punto en que estamos localizados.

DL.- Sabemos muy bien lo que perseguimos respecto al resultado final. Estos quince, dieciséis años nos dan ya no pistas sino certezas sobre cómo puedes no conseguirlo.

Conseguirlo es difícil, aunque uno se encuentre con todas las variables en consonancia, pero no conseguirlo es muy fácil: que el proyecto esté al otro lado del mundo; que delegues por completo; que el cliente te esté pidiendo algo que tú no puedes darle… Hay muchos factores que podrían evitar que llegásemos a un resultado correcto. Tenemos muy claro que cuando uno no lidera el proyecto  −entendiendo liderar como el hecho de volverse a casa al final del día y, en el tren, estar dándole vueltas, pensando en él− éste pierde la fuerza que nosotros le requerimos.

Considero remarcable esta postura, contraponiéndola a esa otra que ha estado ambicionando salir sin haber antes hecho un trabajo de autoconocimiento explorando todas las posibilidades para hacer arquitectura que brinda el lugar donde uno se encuentra. Y no por una cuestión chauvinista, sino por el hecho de que se trata de aquello que uno puede aprender a manejar en primer lugar. Tenemos la experiencia de que esta globalización perversa, o mal entendida o mal digerida, ha producido (salvo contadas excepciones) mucha pésima arquitectura. Perder el control, en este sentido de capacidad de gestionar la obra para hacerla algo coherente con uno mismo, es un precio muy alto.

XR.- Roger suele decir que las obras que haremos serán aquellas que la vida nos dé tiempo a hacer. No son ilimitadas. Hay trabajos que poseen mayor rapidez. Por ejemplo: un diseñador gráfico puede diseñar un logotipo para China desde un despacho de Barcelona. Pero construir un edificio allí supone un periodo de dos o tres años y que uno de nosotros esté exclusivamente concentrado en eso. Sin la garantía de que esos tres años terminarán bien (y entendiendo que decir ‘bien’ alude no al resultado económico, sino al propio edificio, y a nuestro aprendizaje, maduración profesional…), creo que resulta preferible buscar construir en otros lugares donde esas garantías sí sean más firmes.

RT.- El resultado no está sólo en los términos de eficiencia vital que recomienda trabajar en un ámbito local. Igualmente, no quisiera dar la impresión de que decimos que no se puede trabajar fuera, porque somos conscientes de que muchas personas lo han hecho porque aquí no tenían trabajo, o por cualquier otra razón.

Esto es cierto sin duda ahora, pero en la época más próspera –digamos hacia 2006, 2007− hubo estudios pequeños y medianos que buscaron desarrollar proyectos a nivel global, entendiendo que esto representaba una forma de prestigiarse.

XR.- En nuestro caso, en todas esas ocasiones en que nos hemos sentado a conversar con apenas trabajo hemos tenido, finalmente, la suerte de poder contar con un concurso ganado en el cual concentrar de nuevo todas nuestras energías. Concentrarnos en nuestra forma de ser, que es trabajar.

También hemos visto despacho antaño admirados perdiendo, a nuestro entender, calidad al dar el salto y hacerse muy grandes. Herzog & de Meuron, etcétera… No es que nosotros aspiráramos a ser Herzog & de Meuron, pero definitivamente nos interesaba mucho más su trabajo cuando eran un estudio pequeño.

RT.- Si te invitan a trabajar en un proyecto fuera que realmente vale la pena, porque tu trabajo interesa y no es meramente por un caso de necesidad,  el asunto puede cambiar. Para bien o para mal, nosotros hemos conseguido una relativa libertad a base de unos salarios ajustados. Esto nos ha permitido generar una infraestructura sostenible en el tiempo y que nos ha otorgado la libertad de descartar determinados tipos de trabajo cuando considerábamos que no nos resultaban lo suficientemente interesantes.

XR.- Y esa reflexión para decidir qué nos resulta o no interesante y descartar, en los pocos casos en que lo hemos hecho, nos ha supuesto bastantes dolores de cabeza.

RT.- Disponer de ese cierto grado de libertad, o independencia, que te hace no estar sujeto a un determinado volumen de facturación otorga algo más de perspectiva. Y si en el futuro recibimos alguna propuesta para construir en alguna parte, y esa propuesta nos parece interesante, la evaluaremos.

Pero ya de base hay un posicionamiento distinto en esta actitud vuestra de atender a un encargo puntual en un enclave que no es el local, y la de globalizarse como despacho buscando proyectos en los Emiratos Árabes, Sudamérica… Ya no es únicamente por una cuestión ética o moral, sino por el hecho de que uno mismo, como profesional, no se arriesgue a que su arquitectura se convierta en una caricatura.

XR.- Lo que a nosotros nos interesa es construir de la manera en que creemos que debemos hacerlo, es decir: estando allí a pie de obra. En muchos de estos procesos de internacionalización difícilmente eres tú quien se está ocupando de la construcción del edificio. Digamos que tú diseñas un proyecto básico, lo envías a un despacho satélite en la ciudad tal, y después te limitas a viajar tres veces al lugar para interpretar el papel de supuesto jefe. Al ser esto algo que no nos interesa, evitamos esa dirección.

 

Fotografía superior: Casa 712. Gualba, Barcelona. 2011. Fotógrafo: Adrià Goula

Entrevista a HARQUITECTES. 2ª parte

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