5 verdades (incómodas) sobre el patrimonio sumergido en Colombia

Publicado por el jul 18, 2013

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Mientras en Colombia están a la espera de la promulgación presidencial de la ley de Patrimonio, que puede poner buena parte del valiosísimo patrimonio cultural sumergido (PCS) en manos de los cazatesoros, y la comunidad científica internacional escribe al presidente Juan Manuel Santos, en Espejo de Navegantes queremos otorgarle voz a quienes aún no se rinden y vuelven a argumentar racionalmente contra una decisión legal dudosa y cuyas consecuencias pueden ser irreversibles: el pueblo de Colombia y la humanidad verá desaparecer buena parte de su historia, que es la nuestra, en las manos venales de unos pocos, que han demostrado con sus obras ser los grandes enemigos del PCS durante décadas. Además, la inspiración presidencial de esta ley a punto de ser sancionada ha abierto el paso expeditivamente a las propuestas de las que los cazatesoros se lucrarán y ha puesto fin al criterio científico a favor de otros intereses.

Después de haber tratado el asunto desde distintos ángulos, hoy lo abordamos dando voz a un arqueólogo eminente de Colombia, Ricardo Borrero, que actualmente trabaja para el INAH mexicano.

Borrero nos ha hecho llegar sus reflexiones, que muy gustosamente reproducimos: Son valientes, polémicas y meticulosamente rigurosas y ponen el dedo en la llaga de la problemática que en este caso la política querría dejar de oír. Estos son los enunciados de sus razones:

“Para tratar de hacerle frente a la cruzada desinformativa o mal informativa, a cuyo más acérrimo fiel nos hemos referido arriba para ejemplificar con claridad lo que muchos piensan, querría cerrar con cinco puntos:

1) Por oposición a lo que se ha querido mostrar, la mayor amenaza para el PCS no son los Españoles, ni la UNESCO, ni los buzos recreativos, sin cuya participación no habrían sido posibles muchos de los proyectos ingleses y argentinos, por mencionar sólo dos ejemplos. La verdadera amenaza son los cazadores de recompensas, los buscadores de tesoros, los coleccionistas privados y quienes, por desconocimiento o codicia, toman la decisión de que las puertas les sean abiertas.

2) Existen pocas maneras de justificar la extracción de objetos de un yacimiento arqueológico sumergido. Entre ellas se destacan el riesgo de destrucción inminente por causa natural o antrópica. A favor de la preservación in situ, bastará con señalar que han pervivido en ese medio durante siglos. ¿Será que extraerlos es la mejor alternativa?

3) En contravía de lo que se promulga, no es necesario disponer de abrumadoras sumas para emprender proyectos de investigación, y si llegaran a requerirse equipos especializados, el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas (CIOH) y el Cuerpo de Buceo y Salvamento de la Armada Nacional disponen de ellos. Es decir, en últimas, que el país dispone de ellos.

4) Pese a lo que se han empeñado en demostrar los medios y algunas personalidades, Colombia si cuenta con profesionales y especialistas en arqueología subacuática y, a medida que adquieran experiencia, será más difícil acallar sus voces, cuando de engañar a los colombianos y de vender el PCS se trate.

5) Lo último y quizás lo más importante, es dejar en claro que restringir la noción de PCS a los naufragios con cargamentos de metales y piedras preciosas, como han querido hacer los medios hasta la fecha, es extremadamente reduccionista y, por omisión, pone en riesgo otras manifestaciones de actividad humana pretéritas que reposan en otras fuentes de agua como los ríos, lagos, lagunas, quebradas, etc.”

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Y aquí su argumentación completa Pasen y lean:

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“Hace ya varios años que reina en el país una infortunada confusión o mal juicio casi generalizado en lo que al Patrimonio Cultural Sumergido (PCS) y su protección concierne. Tal situación, en buena medida, podría atribuirse a la opinión desinformada, o peor aún, mal informada que al respecto circula en los medios de comunicación que cuentan con mayor audiencia. Por supuesto, otro tanto ha sido obra de personajes que ostentan lugares económicamente privilegiados y/o ejercen una profunda influencia sobre quienes toman las decisiones políticas relacionadas con el PCS en el país. Cuando no se trata directamente de quienes se ocupan de tomar las decisiones. Al respecto, es muy esclarecedor que se le hayan abierto las puertas de la patria al reputado buscador de tesoros norteamericano Burtt Webber, quien tras varios años de infortunado lobby, fue recibido con honores por la asesora presidencial Sandra Bessudo. Situación descrita con desconocimiento de causa o con cinismo entusiasta por parte de Nelson Fredy Padilla para el periódico el Espectador”.

“En medio de este panorama desalentador, es de recalcarse que las labores y las opiniones de los verdaderos especialistas colombianos en arqueología subacuática, han sido reiterativamente obnubilada.

“Permítaseme hacer hincapié en el hecho de que el país, en contravía de lo que los medios de comunicación y la Ministra Garcés han querido hacernos creer –a sabiendas de que están mintiendo–, sí cuenta con especialistas en arqueología subacuática, aunque son jóvenes, pocos y siguen en proceso de formación. Huelga decir que no por eso desmerecen el ser tenidos en cuenta. Si hace falta enunciar algunos nombres, mencionemos a los gestores del Proyecto Navío que en su momento contó con el apoyo proporcionado por la Vicepresidencia de la República. También habría que referirse a Ángela Rodríguez y a Clara Fuquen, quienes cursaron sus estudios de posgrado sobre el tema en la Universidad de Southampton y hoy se encuentran lejos de casa dada la imperiosa necesidad de subsistir mediante la propia profesión. Asimismo, son dignos de mención John McBride y los estudiantes del Externado que han iniciado su formación en la conservación de vestigios arqueológicos provenientes de contextos sumergidos. Dentro de este grupo cabe destacar a Natalia Hernández, quien, como Martín Andrade, es miembro fundador de la Comunidad Latinoamericana de Arqueología Subacuática OLAS y hace pocos días, gracias a su empeño y a sus capacidades, se hizo acreedora a una posición de base en el Centro INAH Yucatán del Instituto Nacional de Antropología de Historia de México, institución para cuya Subdirección de Arqueología Subacuática labora el presente autor, también de nacionalidad colombiana. Finalmente, hemos de referirnos a los más activos miembros de la Fundación Terra Firme que tras hacerse profesionales en la Universidad Nacional y adelantar estudios de posgrado en los Andes, optaron por darle continuidad a sus procesos de formación en instituciones de innegable reputación, cuales son las universidades de Edimburgo, Sorbona, Evora y Padova. Por último, si la duda girase en torno a su idoneidad, bastará con mencionar que, entre muchas otras cosas, los miembros de Terra Firme han sido galardonados con becas del Secretariado de la UNESCO para la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático; la Organización de las Naciones Unidas y la Nippon Foundation.

“Paradójicamente, el mismo Ministerio de Cultura ha invertido recursos y esfuerzos en la formación de estos profesionales. Bastará con mencionar dos eventos que contaron con su apoyo: el curso de arqueología subacuática realizado en Cartagena de Indias durante el año 2001 en colaboración con la Armada Nacional y el Seminario Taller Internacional Tierra Bomba Marítima que tuvo lugar en el año 2008. Ahora bien, la reciente coyuntura de discusión y aprobación del proyecto de ley para el rescate de naufragios y la publicación de los primeros artículos objetivos concernientes al tema, en el ámbito del periodismo de circulación masiva a nivel nacional (Ejemplo: “’Proyecto para rescatar naufragios es inconstitucional’: arqueólogos” en el periódico El Tiempo) e internacional (Ejemplo: “Cazatesoros dicen haber hallado decenas de miles de esmeraldas”: ABC), invitan a desmantelar otras verdades ocultas o mentiras por omisión sobre el tema del PCS en el país y su cobertura mediática.

“Habría cabido comenzar por engrosar la lista de “renuncias” a las instituciones involucradas a raíz del proyecto de ley sobre PCS impulsado por la Ministra Garcés, pero a solicitud de los implicados me abstendré de mencionar sus nombres. No obstante, es de recalcarse que algunos nombramientos resultan igualmente preocupantes.
Un claro ejemplo de la segunda idea expresada en el primer párrafo, es la reiterativa falacia por apelación a la autoridad inadecuada en la cual incurren algunos redactores de la revista Semana y el periódico El Espectador al consultar a Daniel De Narváez casi cada vez que se escribe o se habla sobre Patrimonio Cultural Sumergido. En la página de Professional Marine Explorers, sociedad de la cual forma parte, se afirma con claridad el hecho de que es un ingeniero de minas especializado en labores como las perforaciones exploratorias, la construcción de túneles, entre otras. También es cierto que allí se señala que cursó estudios de paleografía e investigación de archivo, no obstante, sin lugar a dudas, la misma Pontificia Universidad Javeriana, en donde se señala que tomó estos cursos, puede atestiguar que estas dos competencias distan de satisfacer la totalidad de los requerimientos para convertirse en un Historiador que es uno de los múltiples títulos con que suelen investirle los medios de comunicación. Coincidencialmente, es también el título que se le confiere en un breve artículo publicado por la reputada compañía de buscadores de tesoros Odyssey Marine Exploration, y aquí, nótense la similitud que guardan los nombres de esta compañía y la sociedad arriba mencionada.

“A lo largo de su breve artículo en Odyssey Marine Exploration Papers No. 13 de 2010 (página 24), como en el común de sus intervenciones en los medios nacionales, De Narváez manifiesta su profundo desacuerdo con la Convención 2001 de la UNESCO sobre la protección del PCS, hoy ratificada por más de cuarenta países, entre los cuales destacan México y Argentina que, pese a contar con recursos muy limitados para invertir en infraestructura e investigación, orgullosamente le han apostado a la protección de su PCS y, por consiguiente, son considerados ejemplares en el seno de la comunidad académica internacional. No obstante, hace pocos días recibimos con entusiasmo y de fuentes oficiales, la grata noticia de que los poderosos como Francia, también se suman.

“En días pasados y en medio de un arrebato de disgusto, De Narváez cometió el craso error de comentar con tono socarrón en un espacio de Internet creado por la Fundación Terra Firme para la recolección de firmas en contra del proyecto de ley sobre el PCS. Para infortunio suyo, allí dejó entrever, una vez más, que dista de ser un especialista en la materia, o bien, que miente. En su comentario se refiere a las pretensiones de la “funesta” Convención de la UNESCO, “con cuya firma Colombia le transferiría el título de sus galeones a España”, afirmación completamente desatinada, en tanto que, como se señala en el texto de la misma, “La Convención de 2001 no reglamenta la propiedad de los restos históricos sumergidos. La propiedad de los bienes culturales sigue regida por el derecho civil, por otras leyes domésticas y por el derecho internacional…”

“En esta misma dirección, De Narváez ha manifestado ante los medios su profundo recelo frente a los argumentos esgrimidos por España en defensa de sus derechos sobre el pecio Nuestra Señora de las Mercedes y ha atribuido a los ibéricos falsos deseos de apoderarse de las especies náufragas que reposan en las aguas americanas, desconociendo el hecho de que con fondos de UNESCO y de la misma España, allí han ido a formarse varios arqueólogos subacuáticos suramericanos. Entre ellos, algunos colombianos, cuyas opiniones como ya señalamos, rara vez son tenidas en cuenta por los medios de comunicación y, poco menos, a la hora de tomar decisiones políticas.

“Es cierto que cuanto se extrajo de las Mercedes hoy reposa en manos de España, sin embargo es de recalcarse que la nave fue hallada en aguas internacionales. En contraposición habría que traer a colación los casos de los naufragios, también españoles, Juno y Galga, hallados en aguas territoriales de los Estados Unidos, país que sin incurrir en ningún tipo de litigio y mediante la colaboración española, a la fecha, goza de un maravilloso museo creado con las piezas extraídas de estos dos pecios. El único objeto que se condujo a España, fue un ancla que hoy reposa en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA) en Cartagena, Murcia, como símbolo de su compromiso con la protección del PCS, independientemente del lugar en que se encuentre. Con esta anécdota, espero que vuelvan a dormir tranquilos aquellos que antes se veían acosados por un falso delirio pesadillesco en que los conquistadores ibéricos del siglo XXI pretendían volver a adueñarse de sus arcas.

“Pero quizás, el punto más vulnerable en el discurso de De Narváez, es su crítica a los procedimientos de re enterramiento y “destrucción in situ” –para traer a colación sus propias palabras. En contravía de lo que señala, estos dos métodos de conservación, a lo largo de numerosos experimentos y experiencias documentadas por reputados investigadores suecos, daneses e ingleses, entre otros, han demostrado ser más efectivos y preservar mucho mejor los vestigios culturales, además de ser muchísimo menos costosos que la extracción a la cual De Narváez exhorta irresponsablemente. Si hace falta ofrecer pruebas del riesgo de desaparición que experimentan los materiales sumergidos al ser sometidos al medio terrestre, que mejor ejemplo que los recientes episodios de inestabilidad experimentados por las maderas del buque sueco Vasa, aún después de recibir, estos si, costosísimos tratamientos por parte de renombrados conservadores que, 50 años después, se siguen preguntando si extraerlo fue la decisión adecuada.

“Como hemos venido señalando, De Narváez no vacila en exhortar a la extracción de los bienes culturales sumergidos y, por eso, reitera en los costos abrumadores de su pseudociencia que, sin duda, resultará inmensamente más cara que la arqueología subacuática. No sólo en sentido económico, sino también histórico. Es de recalcarse el énfasis que ha puesto al hacer mención específica de las esmeraldas que, según señala la citada reseña biográfica publicada en la página de Professional Marine Explorers Society y el artículo publicado en Semana bajo el título de “El estigma de los esmeralderos”, han sido otro de sus mayores intereses. No en balde, es ex presidente de la Asociación de Productores de Esmeraldas Colombianas (Aprecol). De hecho, Jesús García Calero, señala en su artículo para el ABC, acerca del reciente caso del pecio hallado en Key West que -desde luego transportaba- “criptonita”: “De Narváez, Horan y… Greg Stemm, el mismísimo CEO de Odyssey (…) se escriben y consultan los pasos a seguir con confianza propia de socios”.

“Ahora bien, no podría atestiguar que De Narváez no goza de un título de historiador, pero sea como sea, no es cuestión de títulos, pues lo que separa a los arqueólogos subacuáticos de los buscadores de tesoros, no es la posesión de cartones universitarios, sino una postura y un COMPROMISO ÉTICO FRENTE AL PASADO y la cultura material que éste nos legó; frente a lo que como colombianos, les perteneció a nuestros padres, hoy nos pertenece y ha de pervivir para nuestros hijos.

“Con todo esto, quiero dejar en claro que De Narváez está más cerca de los explotadores mineros y del padre de la caza sistemática de tesoros Mel Fischer, que del Dr. George F. Bass -considerado junto con Peter Throkmorton como el padre de la arqueología subacuática- o de Reichel Dolmatoff –a quien muchos consideran padre de la arqueología científica colombiana. Por consiguiente, dista de ser la persona indicada para referirse al PATRIMONIO entendido como bien público.”

 

Ricardo Borrero

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