Un problema global

Apenas han pasado dos meses y la terca realidad le ha dado la razón a la portada que ABC publicó el domingo 10 de junio. Lo que ocurre es que la calidad de la democracia y de la libertad de expresión en España pasa por ser ínfima en estos momentos. Informar y advertir, recogiendo fuentes del Ministerio de Interior, sobre la oleada de inmigrantes que estaban llegando a España -al mismo tiempo que unos ministros se fotografiaban en Valencia con el Aquarius-, es exclusivamente un ejercicio informativo. Todas las perversas y torticeras interpretaciones que se le dieron a la mera descripción únicamente estaban en la sucia mirada de quienes buscaron otra cosa que no fuese el relato de los hechos. La inmigración es una evidencia. Ha existido siempre, pero ahora adquiere tintes de preocupación por la dificultad que tenemos para acoger cada día a medio millar de personas. La opulenta y libre Europa tiene un problema, pero aflora en la contradictoria y acomodada España. La paradoja está en que los necesitamos, pero no tenemos una política de extranjería y acogida preparada para atender el desbordante efecto llamada, que por cierto sí lo hay.