INMERECIDO

Mariano Rajoy no se merecía terminar su etapa como presidente del Gobierno de esta manera. Su figura se agrandará a medida que pasen los meses, porque, más allá de los inevitables errores que toda obra humana tiene, su comportamiento estuvo siempre presidido por la buena voluntad, el interés general y un acusado sentido del servicio público. Es curioso cómo algunos en sus ajustes de cuentas quieren en esta hora cebarse contra Rajoy. Atreviéndose incluso a llamar pelotas a quienes no piensan como ellos. Pero hoy no es el día de una cosa ni de la otra. La conmoción de la opinión pública española, que ha comprobado cómo por primera vez va a gobernar quien no ganó las elecciones generales, es tal, que conviene dejar al menos alguna cosa clara. La moción de censura es legítima, pero esta es incoherente. Como es indecente por parte de Sánchez desdecirse ahora de todo cuanto afirmaba apenas hace quince días, presupuestos incluidos. Finalmente, que nadie olvide que es histórico, para mal, gobernar con el apoyo de proetarras e independentistas. Hasta hoy no lo había hecho nadie. Toda una deslealtad a la Constitución.