LAS RAZONABLES DUDAS

Seguramente el Gobierno de España posee un nivel de información sobre el conflicto catalán que no poseemos los demás. Por ejemplo, que los sediciosos no dan marcha atrás. El empeño por declarar la independencia y perpetrar el golpe de Estado no ha sido desmentido en ningún lugar ni momento. Ni siquiera la catarata de abandonos empresariales, que evidencian el empobrecimiento espectacular que una hipotética Cataluña independiente sufriría, conmueve lo más mínimo la fibra de la racionalidad de quienes están delinquiendo desde hace días, sin que nada les ocurra. Parece que el Gobierno de España se quiere cargar de razones para dar el paso de suspender temporalmente la autonomía catalana. Como hizo en su día Tony Blair con Irlanda del Norte, tras desplegar 45.000 soldados en un territorio más pequeño que Tarragona. A Blair no le tembló el pulso ni le importó la opinión pública internacional. Los corresponsales extranjeros no votaban en Londres, ni siquiera sus lectores. A La Moncloa le preocupa la opinión pública internacional y no la española, la que le vota. Es comprensible el dilema: cuanto más esperas, más dudas.