HACER JUSTICIA

injusticia
Rita Barberá no se merecía este final. Jamás predicaré la impunidad de los poderosos, pero sí la presunción de inocencia, además de criticar el acoso mediático al que se somete de manera muy singular a los políticos. De paso, no estaría mal que esa sensibilidad inquisitorial que acompaña a esta España del populismo rampante intente ayudar a la Justicia a trabajar en condiciones de normalidad, alejada del precipicio que no pocas veces rodea, con más de un juez bajo sospecha. Se evitaría así que la investigación de los hechos se convierta en carnaza de programas tomateros que, antes de conocer sentencia alguna, dejan destruidas a las personas afectadas. La luz cegadora de la corrupción nos está llevando a equivocarnos en nuestra mirada y en nuestras buenas intenciones, hasta proyectar como un estercolero la que debería ser la más noble de las dedicaciones. Al final de la vida, solo queda lo que quisimos y lo que nos quisieron. Rita quiso mucho, ya no sé si la quisieron tanto. Más allá de los inevitables errores de cualquier ser humano, no se ha hecho justicia con ella.