¿Sabes cuál es la ciudad mejor iluminada del mundo? La tenemos muy cerca…

¿Sabes cuál es la ciudad mejor iluminada del mundo? La tenemos muy cerca…

Publicado por el Nov30, 2018

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De mis primeros viajes a países remotos recuerdo con viveza el fenómeno de las noches, cuando las tinieblas se apoderaban de todo y la vida se apagaba en las poblaciones. Sólo las lumbres iluminaban tenuemente los hogares en un juego de sombras fantasmagóricas que languidecían y se apagaban lentamente. Fuera, las calles eran un reino de tinieblas, vacío y deshabitado, al que nadie se exponía hasta el amanecer.

La primera gran ciudad con un exuberante alumbrado público fue París, que se ganó el sobrenombre de Ciudad de la Luz en las postrimerías del siglo XVII, cuando Luis XIV hizo instalar farolas en las calles. Pero ahora es una ciudad castellana, Valladolid, la que nos ofrece la noche más bella del planeta cualquier fin de semana. Así lo consideró LUCI, una entidad internacional dedicada a valorar los proyectos lumínicos más atractivos, vanguardistas, artísticos y sostenibles, al otorgarle el premio del jurado al Mejor Proyecto Municipal de Iluminación Urbana, que llevó a esta vieja capital imperial a ser considerada como “la ciudad mejor iluminada del mundo”.

Hermosa imagen panorámica de la Plaza Mayor de Valladolid iluminada

El asunto tuvo su génesis unos años antes, en 2008, cuando, con motivo del I Centenario del Ayuntamiento, el Consistorio decidió desarrollar una idea conmemorativa que pusiera en valor el gran acervo monumental de la ciudad. Al proyecto se apuntó también Morelia, la capital michoacana, fundada por el virrey Mendoza a instancias de Juana la Loca y bautizada como Nueva Valladolid, hasta que, tras la declaración de Independencia, en 1828,  fuera cambiado su nombre por el de Morelia en honor del héroe local, José María Morelos, un cura trabucaire que luchó contra los realistas españoles.

La majestuosa Academia de Caballería refleja su bella imagen en la fuente de la Plaza de Zorrilla

Lo cierto es que hasta treinta y cinco de sus mejores monumentos fueron vestidos con un espectacular traje de luces, y engarzados por un circuito que los une como los diamantes de un collar. El proyecto incluía una especie de tributo al Esgueva, el río que regaba con sus múltiples brazos la ciudad original que levantara el conde Ansúrez. La mayoría de los monumentos de Valladolid fueron creciendo en sus márgenes y aunque en la actualidad el río ha sido soterrado y desviado su curso principal para evitar las frecuentes inundaciones, la Esgueva (como la llama todo el mundo aquí) sigue estando muy presente en el corazón de los vallisoletanos, especialmente ahora que sus múltiples brazos se reencarnan en las noches como auténticos ‘ríos de luz’.

Todos los fines de semana hay un circuito al anochecer que se inicia en la iglesia de San Benito y que cualquiera puede seguir con las explicaciones de un guía por un pago poco menos que simbólico (6 euros). El camino lo marcan unas líneas de luz verticales de un verde azulado. Cada monumento tiene una suerte de marca o firma lumínica que nos dice si pertenece a las Administraciones Públicas (burdeos violáceo) o a la Iglesia (verde), aunque para los edificios religiosos se han tenido en cuenta los colores litúrgicos, que, como la casulla de los oficiantes, cambian en Adviento, Cuaresma y Difuntos (morado); en Pascua, Navidad y festividades (blanco); y el Domingo de Ramos, el Viernes Santo, Pentecostés, Apóstoles y Santos Mártires (rojo). Un lío, vamos, que más vale no tener muy en cuenta si se quiere disfrutar de esa hermosa batalla que la luz gana por goleada a las tinieblas en las noches vallisoletanas.

La torre de la catedral destaca sobre las calles de una ciudad bellamente iluminada

Al margen de los detalles técnicos, que nos dicen que el proyecto se ha hecho enteramente con iluminación LED, con un ahorro energético superior al 40% ciento, que Philips asesoró en todo momento para incorporar las más sofisticadas técnicas vanguardistas que, por ejemplo, permitían a cualquier ciudadano que se bajara la aplicación correspondiente, cambiar el tipo de color de un determinado monumento con sólo pulsar una tecla en su teléfono móvil, que se estudió la piedra de cada edifico para determinar la luz más adecuada, que se hizo un plan que diera uniformidad al conjunto, sin perder la originalidad de cada monumento, que se buscó eliminar todo tipo de sombras, etc., el resultado final es verdaderamente sorprendente y espectacular. Uno, en su modestia, se atreve a aconsejar a los interesados a que no dejen de disfrutar de la magia que crea la luz en cada edifico sin preocuparse mucho de la información técnica. Es verdaderamente extraordinario perderse por las calles históricas del centro de Valladolid al anochecer, o mejor aún, en la alta madrugada, cuando la ciudad vive en silencio, y disfrutar del asombroso resultado de esa iluminación inteligente y bellísima que se apodera de los sentidos y los deslumbra con el poder del único elemento capaz de derrotar a las tinieblas, la luz.

El famoso Pasaje Guriérrez luce sus mejores galas en la noche vallisoletana

Aunque en una crónica anterior he dado cuenta exhaustiva de lo mucho que se puede ver y disfrutar en una ciudad con una riqueza histórica tan extraordinaria, siempre quedan cositas que ir añadiendo y en esta ocasión visité la Casa de Cervantes, en un callejón casi en la misma Plaza de España. Es un rincón ajardinado y silencioso que en el siglo XVI quedaba un poco en las afueras. Allí vivía la familia de Cervantes y éste pasó tres años, en los que escribió el prólogo de El Quijote y le cupo la satisfacción de ver salir de la imprenta la primera edición de la obra. Altamente recomendable.

Patio interior de la Casa de Cervantes/ Foto: F. López-Seivane

La cocina de la Casa Cervantes, donde tantas tertulias debieron de tener lugar/ Foto: F. López-Seivane

Sabido es que Valladolid suma más denominaciones de origen vitivinícola que cualquier otra región de España. La fama de sus caldos traspasa fronteras y toda visita a la capital de Castilla y León suele incluir una exploración de sus vinos. No hay mejor lugar para degustarlos que Señorita Malauva, un local muy singular junto a la catedral. Por la mañana es tienda y por la noche se transforma en una vinoteca, el mejor sitio para catar vinos con clase, mientras Gustavo, su dueño y señor, derrama sabiduría.

Entra de la vinoteca Señorita Malauva, junto a la catedral, un local ideal para degustar grandes vinos/ Foto: F. López-Seivane

Y como recorrer una ciudad con tantos palacios, conventos y monumentos desperdigados resulta agotador, compartiré con ustedes un pequeño secreto que he descubierto también en esta ocasión. Se trata del centro de masaje tailandés Sao, atendido por la propia Sao, una masajista tailandesa que ya lleva ocho años en la ciudad y cuenta con una larga experiencia y un toque fuera de lo común. Completamente exhausto me puse en sus manos y puedo asegurarles que salí renovado y lleno de energía para enfrentarme al segundo toro. Se lo recomiendo vivamente.

La tailandesa Sao en plena acción en su centro de Masaje Tailandés.

Para dimes y diretes: seivane@seivane.net

Las imágenes que ilustran este reportaje han sido tomadas con una cámara Fujifilm serie X T10

Pueden seguir aquí mis ‘Crónicas de un nómada’ en Radio 5 (RNE)

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Crónicas de un nómada © DIARIO ABC, S.L. 2018

Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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