El barrio de los judíos de la lista de Schindler

El barrio de los judíos de la lista de Schindler

Publicado por el jul27, 2015

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El 5 de septiembre de 1939 el ejército nazi tomó Cracovia sin resistencia y la convirtió en la capital del Gobierno General de los Territorios Ocupados de Polonia, o Generalgouvernement, como llamaban coloquialmente los alemanes a la Polonia ocupada, pensando tal vez que un día sería la capital del estado polaco de la Gran Alemania. En cierto modo, fue una suerte, porque la ciudad apenas sufrió los estragos de la guerra e incluso su población llevaba una vida relativamente normal, siempre que no fueran judíos. El sueño les duró a los nazis 5 años, 4 meses y 12 días.

En Cracovia vivían entonces 60.000 judíos, la cuarta parte de su población, mayormente establecidos en Casimiro (Kazimierz en polaco), la ciudad que fundó el rey Casimiro el Grande en el siglo XIV, separada de Cracovia únicamente por un brazo del río Vístula, hoy desaparecido. Huelga decir que la contienda, los campos de concentración y la locura nazi dejaron Casimiro prácticamente vacía al término de la guerra. Durante la subsiguiente época comunista, siendo ya un barrio de Cracovia, el lugar acentuó su abandono y deterioro hasta límites sonrojantes. En los últimos tiempos, sin embargo, apenas quedan unos cientos de judíos, pero con el advenimiento de la democracia (y los fondos de la Unión Europea) el barrio empezó a experimentar un auge notable y se ha convertido en una especie de rive gauche de Cracovia, un barrio bohemio y contracultural, donde se encuentran a sus anchas estudiantes, turistas y alternativos de toda laya. De perlas le vino también a Spielberg que los alemanes respetaran la ciudad, puesto que encontró fantásticos decorados naturales para situar las escenas de ‘La lista de Schindler’. Algunas de ellas se rodaron en Casimiro. Aunque no eran exactamente los escenarios donde tuvieron lugar los hechos narrados, el ambiente resultaba genuino y perfecto.

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Alchemy, uno de los lugares de moda en Casimiro/ Foto: F. López-Seivane

Hagamos memoria: en marzo de 1993 Steven Spielberg llega a Cracovia para comenzar el rodaje de “La lista de Schindler”, la historia de un empresario alemán, llamado Oskar Schindler, que salvó la vida de más de un millar de judíos empleados en su fabrica de ollas en la calle Lipowa de esa ciudad. La película ganó 7 oscars y la historia de los judíos de la fábrica de Schindler se hizo famosa en el mundo entero. Hoy, la fábrica permanece en su lugar y se ha convertido en una Exposición Permanente titulada: “Cracovia bajo la ocupación nazi 1939 – 1945”.

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Patio de la calle Josefa, donde Spielberg rodó algunas de las escenas de La lista de Schindler. Hoy es un restaurante/ Foto: F. López-Seivane

Ninguna visita a Cracovia será completa sin incluir la fábrica de Schindler. Se encuentra a las afueras, al otro lado del río Vístula y es el lugar real donde tuvieron lugar los hechos que relata el film y que acabaron con la salvación de más de un millar de judíos. Bien es verdad que el señor Schindler simpatizaba con el régimen de Hitler y que no empezó a contratar judíos para salvarlos, sino porque le resultaban muchísimo más baratos, pero cuando vio cómo los nazis los iban exterminando, ideó trasladar el mayor número posible de ellos a su fábrica de Bremen para mantenerlos a salvo. Y bien está lo que bien acaba.

La fábrica de Schindler es hoy una suerte de museo que vale la pena recorrer despacio. No tiene desperdicio. Allí se muestra todo el horror que vivieron los judíos durante la ocupación, desde el Campo de Concentración de Plaszow, situado en un terreno aledaño a la fábrica, donde estaban confinados, hasta el despacho auténtico del Sr. Schindler o los refugios camuflados en los sótanos de algunas casas, donde muchos judíos se las arreglaron para sobrevivir escondidos como ratas. Hay, además, una buena colección de fotos auténticas de la época, que muestran cómo era la vida durante la ocupación nazi; algunas, espeluznantes, como el ahorcamiento público en plena calle de una serie de ciudadanos trajeados, cuyos cuerpos cuelgan exánimes de una viga. Pero sobre todo me llamaron la atención los vídeos con testimonios de testigos directos de aquellos hechos, colaboradores de Schindler y obreros y empelados de la fábrica. Ya son mayores y hablan sin trabas. Sus palabras constituyen un documento histórico conmovedor y esclarecedor.

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Este es, tal cual, el auténtico despacho del Sr. Schindler/ Foto: F. López-Seivane

Esta es la ecuación: Casimiro construyó la ciudad homónima junto a Cracovia y esta se llenó de judíos. Hitler la vació unos siglos más tarde, conduciéndolos, sólo con billete de ida, a campos de exterminio: Plaszow, Auswitzch, Birkenau… Schindler dio trabajo  a algunos de ellos y salvó a más de un millar. Visitar estos escenarios es algo más que turismo. Es historia. Y muy dura. Háganse ese favor y, después de disfrutar de todas las bondades de la hermosa y resplandeciente Cracovia, muestren a sus hijos lo que no debe repetirse jamás.

Las fotos que acompañan este reportaje han sido tomadas con una cámara Fujifilm X-E2

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La guía Malgorzata Chrostek, que me mostró la fábrica de Schindler/ F. López-Seivane

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Emotivo rincón del Museo de Schindler/ Foto: F. López-Seivane

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Incluso la cafetería del museo evoca escenas de los días de plomo/ Foto: F. López-Seivane

Foto de Portada: dos turistas contemplan ‘in situ’ imágenes de las escenas rodadas por Spilebierg en ese mismo lugar, en Casimiro.

 

 

 

 

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Crónicas de un nómada © DIARIO ABC, S.L. 2015

Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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