La fusión de Woody Allen con Larry David en ‘Si la cosa funciona’ es lo mejor que le ha pasado al cine en el último… (medida de tiempo a elegir según personalidad de cada cual)… , y para no equivocarme en absoluto, rectificaré que, al menos, es lo mejor que me ha pasado a mí en el cine desde (ahora elijo yo la medida) que me dieron la tarjeta para entrar gratis en los Renoir.
Las ideas dentro de la película crepitan como cortezas en una sarten, y el pesimismo, la amargura, la mala leche, la constante decepción son el material que usa(n) para que literalmente te pegues una jartá a reír. Las ideas de Woody Allen sobre su propia especie, aunque conocidas, adquieren aquí un colorido abrumador: ‘¿qué se puede esperar de una especie que ha inventado las cisternas automáticas porque no se fían unos de otros de que nadie tirará de la cadena después de usar el retrete?’…
No ha tenido suerte Trueba. Primero por ir detrás de Woody Allen: nada se paladea tras la hilarante y profunda ‘Si la cosa funciona’; pero, sobre todo, porque ‘El baile de la Victoria’ es una película-tortilla a medio cuajar. No ensambla bien los tonos, ni el serio ni el pretendidamente cómico, funciona a ratos la relación entre Darin y Abel Ayala, lo escuro y lo claro, pero poco más.