Es una lucha entre el guardameta gallego, que ha sabido aprovechar su oportunidad, y la continuidad de un mito, bajado de los altares por Mourinho. Es verdad que no hay argumentos para sentar ahora mismo al cancerbero fichado en enero. Ha tenido actuaciones destacadas frente al Manchester United y el Barcelona. Y ha brillado en todos los partidos. En Zaragoza salvó al equipo con paradas de reflejos.
La única razón que se le podía dar al lucense, y no es válida, es el mensaje de que Íker ha vuelto y está considerado el mejor portero del mundo. El técnico portugués no cree en esas valoraciones de galería. Exige rendimiento y si el nuevo portero lo ha dado, debe continuar. Pero el luso va a vivir en medio de un problema permanente. Primero ha manifestado que el madrileño no estará en la convocatoria del encuentro de Champions contra los turcos. Segundo, ha expuesto que el veterano capitán entrará en la lista frente al Levante. Tercero, el público le recibirá entonces con una ovación en el Bernabéu. Y habrá cánticos y pancartas pidiendo su titularidad.
No será fácil lidiar este toro, alimentado con fobias y filias. Hay quien piensa que Mourinho no dará un minuto al campeón del mundo en todo lo que resta de temporada. Otros opinan que Diego López se ha ganado el puesto a pulso y en el fútbol no se vive del palmarés, sino de hechos elocuentes. Menos todavía en el Real Madrid, que necesita competitividad constante.
El entrenador y el club deben manejar bien este asunto, para que no suscite otra división del madridismo. Recordemos que la titularidad de Adán y la reserva de Íker en el mes de enero provocó la crítica pública al técnico en el Bernabéu. En ese capítulo, el “mourinhismo” se desinfla, porque el cariño al mostoleño es ilimitado. Este toro aún no se ha toreado. Menuda faena le queda.
Otros temas Tomás González-Martínel