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40 años de España en la UE desde la perspectiva de la integración comercial – Entrada publicada por Aldea Global el 23 de febrero de 2026

40 años de España en la UE desde la perspectiva de la integración comercial – Entrada publicada por Aldea Global el 23 de febrero de 2026
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España cumple cuatro décadas dentro del proyecto europeo y, en ese tiempo, ha pasado de ser una economía relativamente cerrada a situarse entre las de tamaño intermedio con mayor interdependencia exterior, muy por encima de la media mundial. España duplicó su grado de apertura comercial entre 1986 y 2000, llegando a superar el 60% del PIB y, tras la Gran Recesión y el paréntesis de la pandemia, alcanzó su nivel máximo en 2022, con una ligera moderación desde entonces en un contexto de tensiones geopolíticas. En paralelo, el peso del intercambio con nuestros socios de la UE se intensificó en los primeros años y, ya en el siglo XXI, la internacionalización se ha hecho más global: aproximadamente un 60% de las exportaciones y en torno a la mitad de las importaciones tienen hoy destino u origen intracomunitario.

Esta transformación ha ido de la mano del impulso del comercio de bienes y, cada vez más, del auge de los servicios, si bien su apertura sigue muy inferior (menos de la mitad) a la de los bienes (véase Gráfico 1). Es más, a nivel mundial, se observa cierto estancamiento del comercio de bienes respecto al PIB (lo que ha venido a llamarse slowbalization) desde 2008, mientras el de servicios gana peso, especialmente de los llamados “servicios modernos” en la terminología del Banco Mundial y del FMI, que han abierto una nueva vía para la globalización, como ya se explicó en un post anterior aquí.

Gráfico 1: Apertura comercial en bienes y en servicios (Exportaciones más importaciones en % del PIB)

Fuente: elaboración propia con datos de FMI, OCDE y Eurostat.

España comparte ese patrón, con una novedad relevante: el fuerte dinamismo de las exportaciones de servicios en los últimos años, de manera que nuestra apertura comercial en servicios duplica a la mundial. Y este dinamismo va más allá del de turismo y otros servicios tradicionales, apoyándose en las categorías modernas de servicios que son aquellas ligadas a la digitalización y a actividades de alto contenido informacional (telecomunicaciones, informática y servicios de información, propiedad intelectual y otros servicios a empresas). Desde 2005, su valor se ha triplicado, representando ya alrededor de la mitad del total de exportaciones españolas de servicios, mientras que el valor de los servicios tradicionales se ha duplicado (Gráfico 2). En este periodo, además, los servicios modernos han pasado de mostrar una desventaja comercial, con un saldo comercial relativo negativo, a una sustancial ventaja comercial, si bien aún inferior a la que ostentan los servicios tradicionales. Destacan los servicios de telecomunicaciones, informáticos y otros servicios de información, que han crecido por encima de la media y consolidado una ventaja comparativa.

Gráfico 2: Evolución del comercio de servicios, por tipos de servicios (valor de las exportaciones y saldo comercial relativo)

 

Fuente: elaboración propia con datos de la base de datos BiTS, FMI

 

Cuatro décadas de integración en cadenas de producción europeas

La integración de España en la UE ha ido más allá de facilitar la venta de nuestras producciones a otros estados miembros. La eliminación de barreras económicas para la creación del mercado único ha facilitado que las empresas europeas, incluidas las españolas, hayan podido fragmentar su proceso productivo para localizar cada etapa en emplazamientos donde fuesen más eficientes, aprovechando las ventajas comparativas de otros Estados miembros. España ha participado muy activamente en estas redes de producción compartida europeas y también globales, de manera que una parte cada vez más importante de las exportaciones españolas son contenido foráneo (intra y extra-UE) y una parte cada vez mayor del valor añadido doméstico generado en nuestra economía va destinado a incorporarse en las exportaciones de otros países (países de la UE y terceros países). De hecho, alrededor del 45% de las exportaciones españolas están ligadas a la participación en cadenas transfronterizas de producción, una magnitud similar a la media mundial. Históricamente hemos estado algo más escorados hacia la participación backward —dependencia de insumos foráneos (25%)— que hacia la forward —aportación de insumos domésticos a exportaciones ajenas (20%)—, aunque en los últimos años esta última es la que más está creciendo, sobre todo en servicios.

Así, el gráfico 3 muestra el valor añadido generado en España, procedente de bienes, servicios tradicionales y servicios modernos, que se incorpora en las exportaciones de otros Estados miembros de la UE y de terceros países en el periodo 1995-2022. Tres rasgos a destacar:

  • Mientras bienes y servicios tenían un protagonismo similar en 1995, en 2022 predominan los servicios, tras haber experimentado estos un mayor dinamismo exportador (65% de incremento frente al 28% de los bienes).
  • Dentro de los servicios, los servicios tradicionales son los más demandados en el exterior, si bien los servicios modernos son los que más han aumentado (se han duplicado frente al incremento del 50% de los servicios tradicionales), reduciéndose la brecha entre ambos.
  • Sea cual sea el sector de origen del valor añadido generado en España, su destino principal son las exportaciones de otros Estados miembros (superando el 60% del total); un destino intra-UE que, desde 2019, viene frenando la pérdida de protagonismo frente a los destinos extrarregionales que había caracterizado las décadas anteriores.

Gráfico 3. Valor añadido de España incorporado en las exportaciones de otros países, según sector de origen y país de destino (% sobre las exportaciones brutas españolas).

Fuente: elaboración propia con datos de la base de datos TiVA-edición 2025, OCDE.

 

Por último, es destacable que España muestre un saldo comercial relativo en sus intercambios con los Estados miembros de la UE, cuando el comercio se mide en términos de valor añadido. Es decir, que el valor añadido de servicios modernos generado en España incorporado en las exportaciones de nuestros socios comunitarios es mayor al valor añadido de servicios modernos de otros socios comunitarios que España incorpora en sus exportaciones. Esto es así desde 2008, compensando la desventaja comercial con el resto del mundo (véase Gráfico 4).

Gráfico 4. Saldo comercial relativo en Servicios modernos (medido en valor añadido: Forward-Backward)

Fuente: elaboración propia con datos de la base de datos TiVA-edición 2025, OCDE.

 

En definitiva, la integración europea ha sido el catalizador de nuestra internacionalización y, hoy, la vía de los servicios —en particular los modernos— está protagonizando el siguiente capítulo. Aprovechar esta inercia exige políticas que completen el mercado único de servicios y una estrategia empresarial que profundice en capacidades digitales, talento y colaboración transnacional. España tiene mimbres para ello; la evidencia reciente sugiere que nuestra economía puede jugar un papel relevante, apoyándose en su fortaleza en servicios modernos, su inserción en cadenas de producción europeas y su capacidad para proveer insumos avanzados a sus socios.

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