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El puente de Adolfo Suárez

El puente de Adolfo Suárez
Un caminante por la senda del Tajo en Toledo
María José Muñoz el

Espero que la reacción de los ciudadanos a la muerte de Adolfo Suárez no se diluya con el tiempo, como ocurre con tantas cosas, pasados ya los fastos del funeral de Estado. La reacción espontánea de los españoles a la pėrdida de su primer presidente democrático tras la dictadura del general Franco ha sido un fenómeno reconfortante, generoso, limpio de connotaciones de cualquier tipo. A ello contribuyó de forma muy importante, no sė si voluntaria o involuntariamente, esa especie de “crónica de una muerte anunciada” por su hijo, Adolfo Suárez Illana, tras la que se abrió un parėntesis de dos dīas en que la vida y obra del expresidente se vio encumbrada y reconocida como nunca antes lo había sido, mientras la vida del político de sonrisa cautivadora se iba apagando poco a poco en una clínica de Madrid. Desde todos los rincones de España surgieron iniciativas para honrar su memoria, dedicatorias varias de calles, plazas y hasta tramos urbanos de autovías. Aquí, en Toledo, el alcalde, Emiliano García-Page, dijo hace unos días que estaba recibiendo propuestas de los ciudadanos para dedicarle tal o cual espacio de la capital de Castilla-La Mancha. Una de estas propuestas es bautizar con su nombre al puente de Azarquiel, cuya financiación se aprobó durante su primer y único Gobierno, bajo las siglas de la UCD y siendo alcalde de Toledo Juan Ignacio de Mesa. El símbolo reconciliador del puente, uniendo partes, visiones inconexas, mundos y gentes separadas, irreconciliables, enfrentadas…define muy bien la obra política de Adolfo Suàrez, que tendió un difícil y tambaleante puente entre las dos orillas de una nación que quería cruzar el río hacia la libertad. Y lo consiguió, pese a las pirañas que amenazaban con destruir los débiles pilares construidos de osadía, inteligencia y visión de futuro. Por eso, ya sea el puente de Azarquiel, o la avenida de la Reconquista, o la plaza de las Cuatro Calles, qué más da, sería bueno que los toledanos tuviéramos algún sitio con el nombre de Suárez que pisar, del que hablar, al que mandar cartas, o donde quedar con los amigos para hablar de la vida, como la de este paseante de la imagen que recorre la senda del Tajo entre puentes una tarde de primavera recién estrenada. (Foto: Ana Pérez Herrera).

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