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Reconstruir el país, II

Federico Ysart el

No todos los números rojos están en la situación económica que nos deja el partido que ha aguantado tamaño presidente, incluido entre los cirineos al candidato Pérez Rubalcaba. Tan graves o de mayor calado quizá son otras crisis abiertas o culminadas en el último lustro y medio.

El diseño constitucional del Estado autonómico ha sido volado con el Estatuto catalán que propició el sinsorgo que ha presidido los dos últimos gobiernos. La dinámica creada por su estulticia -”aprobaré lo que venga del parlamento catalán”- ha introducido el federalismo en el debate político, lo cual no tendría nada de malo si no chocase de frente con el Art. 1, 2º de la Constitución -”La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”-.

No cabe duda de que las cosas de la polìtica están para ser cambiadas cada cierto tiempo, tan poca duda cabe como en que estos tiempos no son los mejores para abrir ese melón. Conviene atender lo del “primum vivere deinde philosophare“, o el “-Metafísico estáis. -Es que no como“, que dialogan Babieca y Rocinante en El Quijote. Pues eso.

Y algo habrá de decir sobre el pandemonium en que, víctima de sus infinitas ansias de paz, el saliente ha metido al País Vasco. Bildu administra Guipuzcoa, los terroristas plantan cara a los tribunales y los acercan a sus casas o salen a la calle, pero las pistolas siguen en sus sobaqueras.

Si el candidato dice lo que tiene que decir, votos no cogerá más de los ya contados en ambas autonomías, pero todo el mundo sabrá a qué atenerse.

Como a qué atenerse empezarán a saber los señores magistrados cuando una fiscalía al servicio de los intereses generales actúe contra los prevaricadores. O los chorizos de toda laya en cuanto sientan en sus propias carnes que el recreo terminó, comenzando por los políticos corruptos hasta terminar con quienes abusan del Estado de Bienestar porque trabajar da fatiga.

Y ojalá que además de todo ello, las tumbas vuelvan a guardar a los muertos, la Historia se escriba con mayúsculas, y el sentido común arrope el descontento. Así, afrontando la realidad, el país reemprenderá el paso de las sociedades que se saben y sienten libres.

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