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Del patio del colegio al Mundial, sin dejar de educar

La trayectoria deportiva de Javier Crespo es un ejemplo de compromiso y profesionalidad. Después de quince temporadas formando jugadores a través de su silbato, no pierde la ilusión y se mantiene firme en su filosofía: “Los árbitros tenemos que pasar desapercibidos”

Del patio del colegio al Mundial, sin dejar de educar
Javier Crespo junto a su compañero Chema Sanz en la última edición de los Juegos EMDE.
ABCnClase el

Eduardo Redondo.

No hay mucho que decir. Simplemente que es uno de los árbitros a los que se puede poner como ejemplo para las nuevas generaciones. Si le observan, verán movimientos continuos, todas las señales, un trato exquisito tanto con los jugadores y delegados, como con el público. En resumen, un ejemplo absoluto de cómo queremos que sea el arbitraje en ECM”. Con estas palabras finalizaba su informe Javier Atienza, informador de los Juegos Deportivos de Escuelas Católicas de Madrid (ECM), sobre nuestro protagonista.

Javier Crespo llegó al mundo del arbitraje por casualidad. Un cartel en la universidad y una novia, ahora su mujer, tienen la culpa de que quince temporadas después Crespo se haya convertido en uno de los árbitros de referencia de una competición que prima la educación por encima de la sanción. Esta idea, unida a un compromiso férreo y a una profesionalidad absoluta, han llevado a Javier hasta pitar en el Mundial de la IBSA (Blind Football World Championships).

Los inicios de Crespo en el arbitraje.

PREGUNTA. ¿Cómo empezaste a arbitrar?

RESPUESTA. “Mi primera temporada fue la 2010/11. Yo estudié en la Universidad Autónoma de Madrid y yendo a clase vi en un tablón el cartel ofreciendo cursos. En ese momento yo había dejado otros deportes que practicaba y, la que es ahora mi mujer, me animó. En aquella época el coordinador de árbitros era Jesús Cerezo y él fue el que me atendió y me explicó cómo funcionaba la competición. Asistí al curso y aprobé. Recuerdo que los dos días de antes estuve estudiando como un animal y estaba muy nervioso. Me lo tomé como si fuera una asignatura de la universidad. El curso lo recuerdo muy intenso porque en un fin de semana se da todo el reglamento de un deporte, pero lo difícil viene después”.

Primeros Juegos EMDE de Javier como árbitro.

P. ¿Cómo fue tu primer partido?

R. “Mi primer partido fue en el Colegio Santa María del Pilar. Recuerdo perfectamente los nervios. De camino me fui leyendo el reglamento para no equivocarme en nada. Sin embargo, ahora recomendaría a los árbitros que empiezan que muestren seguridad. Las reglas son importantes, pero pitar con seguridad y con convicción es lo más importante. Errores vamos a tener siempre y sólo con la práctica se mejora. Recuerdo que el partido, que probablemente fuera un prebenjamín, se me hizo larguísimo. Es importante perseverar y seguir esforzándote para mejorar”.

P. ¿Cómo se mantiene la ilusión tras quince años arbitrando?

R. “Cada temporada es un reto nuevo. El buen rollo que se respira en esta competición y las relaciones personales después de tantos años creo que es lo que me animan a seguir. Después de cada partido hago autocrítica de mi trabajo y cuando me voy satisfecho es cuando no soy parte del partido, cuando los equipos no se acuerdan de mí. Sin embargo, lo que me gusta que recuerden son las charlas previas al partido. Las conversaciones con los coordinadores y entrenadores más veteranos. Esas relaciones son las que me animan a seguir”.

Además, hay otra cosa que me gusta mucho y es la parte formativa. Llegar a un partido de benjamines y enseñar las reglas del juego a los chicos. Parar un partido para explicar una acción y que aprendan algo. En esta categoría creo que es más importante enseñar que sancionar. A un niño de ocho años le sacas una tarjeta amarilla por sacar de banda cuando ha pedido distancia y probablemente le dé igual. Sin embargo, si tú paras el partido, reúnes a todos los jugadores y les explicas por qué eso no se puede hacer, todos aprenden algo nuevo”.

Liga interna del colegio Santa Ana y San Rafael en la que participan alumnos y exalumnos.

P. ¿Puede que el vínculo personal sea otro de los motivos que te lleven a renovar cada temporada?

R. “Como has dicho, este año cumplo quince temporadas, pero ya estoy deseando que llegue la 16. Las relaciones que he forjado en esta competición son muy importantes. He conocido personas que hoy forman parte esencial de mi vida. Con los años conoces a entrenadores, coordinadores, padres y familias. Cuando ves en la designación ciertos colegios, piensas: “¿Estará la familia de fulanito?”. Te alegras al ver cómo crecen. Hay chavales a los que empecé a pitar en prebenjamines y ahora están en categoría senior. Es una alegría encontrarte con ellos y compartir una pequeña charla”.

Partidos preparatorios para las Paraolimpiadas de Tokio en el año 2021.

En este sentido, me gustaría destacar la liga interna del Colegio Santa Ana y San Rafael, donde arbitro desde hace diez años. La gente de allí es como mi familia: me han visto crecer, me han apoyado en momentos difíciles y estuvieron en el nacimiento de mi hijo. Desde David, el coordinador, pasando por Sergio y muchos entrenadores más. También guardo mucho cariño a otros colegios como Mater, Cuestablanca o Vedruna. Mientras todo esto siga siendo así, aquí estaré: en la 16, la 17, la 18… y hasta que me echen”.

Crespo posa junto a ‘Antorchito’, mascota de los Juegos EMDE y el equipo arbitral de fútbol sala.

P. Basándote en tu experiencia, ¿qué consejo darías a los que empiezan?

R. “Lo primero que les preguntaría es: ¿Por qué te apuntas? Todas las respuestas son respetables, pero hay que ser consciente de la responsabilidad que implica. Compromiso, respeto, saber estar y responsabilidad son valores fundamentales para un árbitro. Todos reciben un carné, una formación que supone tiempo, dinero y esfuerzo. Eso hay que tenerlo en cuenta al llegar a los colegios y dar ejemplo. A partir de ahí, el recorrido lo marca cada uno”

Crespo y Ángel Alberola, compañero que le enseñó el futsal para ciegos.

P. ¿Qué cosas crees que se podrían mejorar en la competición?

R. “Creo que hay pocas cosas que se puedan mejorar. Una sugerencia sería incluir el pantalón corto como parte oficial de la indumentaria arbitral y que cada árbitro pueda elegir. En mi opinión, el fútbol sala se debe arbitrar en pantalón corto”.

Otra mejora sería buscar una solución para los desplazamientos en caso de lluvia. A veces nos trasladamos sabiendo que el partido no se va a jugar. Hace años se evitó el desplazamiento de jugadores en estas circunstancias; quizá el siguiente paso sería igualarlo con los árbitros”.

P. ¿Qué elemento diferenciador encuentras entre los Juegos Deportivos ECM y otros campeonatos en los que participas?

R. “Creo que las diferencias que puedo encontrar son en positivo hacia los Juegos Deportivos de ECM. Como ya he dicho, creo que hay pocas cosas que se puedan mejorar. Me gusta mucho el plazo con el que recibimos las designaciones. En otras competiciones te dicen los partidos uno o dos días antes. Creo que la organización de esta competición es correcta: horarios, material, instalaciones, protocolos… Yo estoy muy contento con la organización de la competición”.

Participación de Javier en el Mundial de la IBSA celebrado en Turquía en 2025.

P. ¿Qué te ha aportado el arbitraje como persona?

R. “Creo que el arbitraje te hace una persona más sociable y te enseña a adaptarte a muchas situaciones. Nosotros tratamos con muchas personas y muy diferentes. Además, te enseña a saber mantener la compostura en todo momento y a gestionar muchas situaciones. Cada partido es un mundo y no sabes cómo son los entrenadores, los jugadores o sus padres. Tu papel es mantenerte siempre sereno y ajeno a las críticas. En general, te ayuda a mejorar como persona y te enseña a adaptarte a muchas situaciones diferentes”.

P. Una de las oportunidades que ofrecen los Juegos Deportivos de ECM a sus árbitros de futsal es participar en los Juegos EMDE. ¿Cómo valoras tu participación en este campeonato?

R. “La primera vez que tuve la oportunidad de participar en los Juegos EMDE fue en mi cuarta temporada aquí. Creo que fue una gran oportunidad y estoy muy agradecido por la confianza que depositaron en mí. Es una oportunidad que recomendaría a todos los árbitros que cumplan con las condiciones para ir, pero también a todos los colegios. Creo que para los propios jugadores es una experiencia única e inolvidable. Por este motivo, los árbitros tenemos que estar a la altura del campeonato”.

P. Para quienes no conozcan el futsal para ciegos, ¿cómo es este deporte?

R. “A mí me llamaron en el año 2019. Luis Pérez Macias, que fue árbitro de ECM y de EMDE, me ofreció esta oportunidad. En aquel momento lo dejaba otra persona y me lo propusieron. Me dijeron que era otro tipo de fútbol sala, pero que si estaba interesado. Yo dije que sí y me mandaron al Consejo Superior de Deportes (CSD) a visionar una serie de partidos para aprender las peculiaridades”.

El árbitro de ese partido era Ángel Alberola, exárbitro de Tercera División y de nuestra competición. Lo que me sorprendió más fue que el campo era normal, los jugadores no llevaban nada en los ojos y el deporte era muy parecido. Esto se debe a que el fútbol sala para ciegos parciales es una deficiencia que puede ser. desde que sean daltónicos, a que tengan una visión reducida. El reglamento es muy parecido a excepción de las normas de los porteros que sí que ven”.

El deporte para ciegos totales sí que es muy diferente. Tiene normas específicas como el silencio obligatorio, el cascabel dentro del balón y alguna peculiaridad más. Este fútbol es muy diferente y a mucha gente no le gusta. Yo lo intenté hace algún tiempo, pero no terminó de convencerme”.

“Nunca hay que olvidar de dónde venimos”.

P. Dentro de esta modalidad de fútbol has llegado a un Mundial. ¿Cómo fue la experiencia?

R. “En cada país hay una serie de licencias federativas a nivel internacional y cuando cumples una edad tienes que dejarlo. Ángel Alberola estuvo muchos años y cuando él lo iba a dejar le preguntaron si conocía a alguien a quien poder promocionar. Habló conmigo y entramos en un proceso de presentación de documentación y pruebas físicas. Además, te piden que hables inglés. Mi primera experiencia internacional fue en el año 2024 en un Europeo que se celebró en Turquía. Estuvimos once días allí concentrados”.

Los nervios del primer partido me recordaron a los del primer partido en esta competición. Suponía salir de la zona de confort, pitar en parejas, en otro idioma y con pinganillo, pero el fútbol es el mismo y las reglas son las mismas. Yo intenté disfrutar el partido, pitar y equivocarme lo menos posible. De esta concentración pasamos al Mundial. Normalmente se mantienen los mismos árbitros. Creo que lo más importante es olvidarte del escenario. Una falta es una falta aquí y en cualquier lado. Lo mismo que decía al principio de pintar con convicción hay que aplicarlo aquí. Si te equivocas ya lo vas a ver en el vídeo, pero en el momento hay que pitar convencido de lo que haces”.

P. ¿Qué se siente al pitar el tercer y cuarto puesto de un Mundial?

R. “Lo mismo que cuando empecé en 2010 en un partido de prebenjamín de ECM: muchos nervios. No hay que perder nunca la perspectiva de dónde venimos y yo sé dónde empecé y hasta dónde he llegado. Pero como dicen: la profesión va por dentro. Tienes que mostrar seguridad y que parezca que lo tienes todo controlado. Cuando pitas el inicio y se empieza a jugar, los nervios desaparecen. Mi filosofía es la misma: no hacerme notar. Tienes que pasar desapercibido en un partido de prebenjamín y en un Mundial”.

P. ¿Hasta dónde?

R. “Hasta una final. La final del Europeo no la pité porque uno de los equipos era la selección de España, pero me dijeron que el designado era yo. Ese fue el motivo por el que pité el tercer y cuarto puesto. En el Mundial también pité el tercer y cuarto puesto y es lógico que no me dieran a mí la final. Hay muchos compañeros con más experiencia que yo y, que, además, son árbitros UEFA y FIFA que pitan la Champions. Tienes que saber dónde estás, pero sí me gustaría pitar una final y llegar al momento de retirarme por decisión propia”.

Javier Crespo justo a su hijo recibiendo el premio al mejor árbitro de la temporada.

P. Después de tantos años, anécdotas, viajes y concentraciones, ¿con qué momento te quedas?

R. “Es imposible quedarme con uno solo. Recoger el premio al mejor árbitro de fútbol sala en la temporada 2015/2016 con mi hijo sería uno. La primera final de EMDE en mi primer año, otro, y la llamada para ser Internacional, el último. Al final esto es una carrera de muchos pasitos y de cada etapa me quedo con una cosa, pero siempre hay que mantener la humildad y saber que no se puede aflojar. Siempre hay que mejorar, siempre hay que buscar la motivación para seguir consiguiendo cosas”.

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