De esta manera no

De esta manera no

Publicado por el Sep 24, 2013

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Trienal de Arquitectura de Lisboa, 12 septiembre – 15 diciembre 2013

Si la Trienal de Arquitectura de Lisboa deja algo claro es que las perspectivas, los horizontes, de la arquitectura están cambiando; sin embargo, también deja tras de sí a la vez muchas dudas respecto a si este cambio de ritmo no significará llevar la actual oquedad de contenidos e ideas a caer en un hoyo aún más hondo.

Las primeras impresiones que me ha dejado hablan de una mezcla de paramnesia, ausencia total de ideas de calado y una gran auto-complacencia.

Los arquitectos vestidos de negro, la plutocracia que ha estado gobernando a la arquitectura a lo largo del último cuarto de siglo transmutó el concepto de ideología en codicia por fama y dinero poniendo así el pensamiento al servicio del proyecto neoliberal. El pensamiento arquitectónico quedó despojado de toda base intelectual potente que no fuese más allá de impostadas piruetas conceptuales, y la fiesta fue acompañada por una comparsa de farsantes y aduladores que nunca se atrevieron (o no quisieron decir en voz alta) que el emperador iba desnudo y que el imperio que se había edificado era completamente hueco y se desmoronaría si no se le inyectaban verdaderos idearios, pensamientos que fuese más allá de palabras pomposas y la parafernalia de imágenes producidas para consumo fácil –pero que de poco o nada han servido para construir debates que afrontaran una reflexión sincera y fuerte sobre la arquitectura.

La crisis, el crack, la recesión eternizada que nos está destrozando ha hecho parar hasta cierto punto –como ya he referido en otras ocasiones− esa locura desenfrenada, ese desarrollo del absurdo en que la sociedad se estuvo embarcando. Lo único que ha hecho caer la venda de los ojos a muchos arquitectos han sido la debacle de la economía y el fracaso de una forma de contruir el mundo –entretanto, otros seguirán obstinados en perpetuar el modelo, en éxodo hacia otras tierras fértiles; y otros, esperarán agazapados a aquellos buenos tiempos retornen, negándose a cualquier catarsis o amago de autocrítica−.

La crisis ha logrado poner en evidencia la necesidad de cambio de rumbo, trocar la absurdidad del modelo de arquitectura que se vendía desde los medios. Pero sin embargo no ha logrado propiciar un tiempo o ánimo de reflexión para que los menguados medios que la crisis dejaba a la arquitectura potenciaran el uso de la imaginación creativa y alentaran un estado constructivo de rabia que llevara a luchar y a romper con el sistema precedente generando una conversión tajante y un foro constante de discusión y proposición de ideas.

¿Pero cuáles son las opciones que nos está ofreciendo la Trienal de Lisboa ante esta necesidad drástica de cambio ? Lo único que ha podido constatarse es un cambio estético en la puesta en escena: se trata de sugerir que esa conversión se está llevando a cabo pero todo es realidad un mero cambio de fachada, una pantomima.

Aquellos arquitectos que vestían de negro han dado voluntariamente (asumiéndolo quizá como el menor de los males) el relevo a unas tribus vestidas de colores estridentes, con una estética entre nerd, hipster y trustafarian, encantadas de jugar a la rebeldía contra el mismo sistema que los acoge, encantado a su vez de la baja intensidad de ese juego.

Los tres meses de duración de esta Trienal van a ser la corroboración de una situación en la que ya se ha hecho hincapié con anterioridad desde aquí mismo: la escapada hacia fuera de la arquitectura; cómo esas acciones performáticas, esa artistificación del pensamiento sobre arquitectura, en lugar de contribuir a formular cambios en realidad no producen nada; cómo mientras se adornan con palabras como «social», «política», «radical»… y de una pose de «compromiso social» acaban dejando de lado el planteamiento de un compromiso real de la arquitectura con la sociedad.

Antes de proseguir creo necesario un inciso – en anticipo a las conclusiones apresuradas e interesadas que puedan quererse extraer de la opinión que este artículo presenta puesto que, ante individuos que descalifican aduciendo ignorancia o falta de empatía ante su vanguardia para así tacharme despiadadamente de inmovilista y conservador, reitero mi creencia absoluta en la necesidad de nuevas vías para la reflexión. Estoy totalmente a favor de la innovación, de la experimentación que tenga como objetivo traspasar los límites prefijados y, si es necesario, poner drásticamente el tablero patas arriba. Pero, sin embargo, no reconozco nada de esto en la Trienal de esta edición que bajo el lema Close,Closer dirige Beatrice Galilee, ni en el universo en general que circundan aproximaciones como la suya, que entiendo como meras escenificaciones de radicalidad, innovación, rebeldía y ruptura.

Todas estas condiciones se ponen en duda cuando voces del establishment otorgan su total bendición con halagos empalagosos, como habiendo sellado un tácito acuerdo.

«Este evento en Lisboa es, como cualquier chico nuevo en el bloque, más joven y está lleno de nuevas ideas,  y presenta a numerosos arquitectos que aparecen por primera vez en el escenario internacional.» (Aaron Seward, The Architect’s Newspaper)

«La Trienal de Arquitectura de Lisboa es el evento más ansiosamente esperado en el calendario arquitectónico internacional de 2013. Es un laboratorio crucial en la producción interdisciplinar de ideas, una de las cosas que Europa precisa con mayor urgencia en este momento.» (Joseph Grima)

«Cada generación necesita que le desafíen, le estimulen, le interroguen y le inspiren nuevas voces curatoriales, Beatrice Galilee ha demostrado su valentía a la hora de cuestionar el status quo. Por propia experiencia, sé que no busca prisioneros de su punto de vista, sino que pide ser escuchada.» (Deyan Sudjic)

Eso que en voz de sus valedores es «innovación» y «desafío» destila, a mi parecer, un perfume de antiguo, de rancio, de ya visto –aunque aquí se camufle de vanguardia y «valentía», todo esto ya ha sido hecho antes y, casi siempre, mucho mejor de lo que está hecho aquí, donde no se percibe crítica alguna, donde los diálogos son absurdos y, una vez más, autocomplacientes, donde se palpa el amiguismo y en donde todo, finalmente, no parecen más que juegos auspiciados por el sistema para aparentar mutar pero sin, en realidad, llevarlo a cabo.

El título «Close, Closer» habla de una voluntad de acercamiento, de un supuesto deseo de dejar de hacer que las exposiciones de arquitectura celebren a «arquitectos hombres, viejos, blancos, ricos y de éxito» (una intencionada apropiación de la reciente frase de Denise Scott Brown sobre la misoginia en la profesión que Galilee amplia para imbuirla también de connotaciones sobre ideología y estatus de poder para reforzar la pretendida subversión que esta Trienal plantea respecto a esa jerarquía hegemónica). Resulta asimismo significativo el uso que Galilee hace del adjetivo «generoso» para calificar la actitud del arquitecto para con la sociedad que plantea esta Trienal, y en el que no deja de resonar el trasfondo de arrogancia de la posición de la arquitectura frente a la sociedad, pero esta vez reconvertida a una especie de versión de buenismo salvador, que desea ser «increíblemente inclusivo, ya que no sólo los arquitectos son quienes afectan a la arquitectura […] queremos ofrecer la disciplina a otras personas, y eso es un gesto generoso.»

No obstante, dicha voluntad de aproximación y «generosidad» se antoja esencialmente como una impostación, oportunista, paternalista y demagógica, algo que quedó seguramente ilustrado durante la presentación de la Trienal en la céntrica Praça de Figueira el pasado 11 de septiembre: es un escenario circular inclinado, como a modo de ágora, el equipo directivo y los comisarios se dirigieron al público mediante teatrales megáfonos, mientras los transeuntes lisboetas pasaban de largo quizá preguntándose qué estaba haciéndose allí. Escenificación del arquitecto como agente social a pie de calle que acabó quedando solamente como un juego absurdo y forzado.

La Trienal presenta tres proyectos curatoriales a cargo de Mariana Pestana, Liam Young y José Esparza Chong Cuy.

 

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Luke Hayes

 

A Realidade e Outras Ficçoes, comisariada por Mariana Pestana y ubicada en Carpe Diem Arte e Pesquisa (en la histórica Casa del Marqués de Pombal) consiste en una serie de efectistas montajes. Lo arriba mencionado relativo a la ‘artistificación’ de la arquitectura se manifiesta aquí con claridad: impresiona encontrarse en una de las salas, la Sala da Nação,  el montaje “Embaixada de Terra Nenhuma” a un actor en el papel que entremezcla la figura de un embajador, un dictador y  un político corrupto con todos sus estereotipos, pronunciando un discurso inconexo que se va multiplicando, que se exagera.

Esta performance no aporta nada directo en un evento sobre arquitectura. No tiene nada de sátira: es una obvia literalidad, máxime cuando este político deposita en una trituradora de documentos. Siendo esto un encuentro destinado a la reflexión sobre arquitectura, ¿por qué complacerse y creerse subversivos con una inofensiva parodia de una figura de poder político en el momento en que seguramente un sencilla parodia de cualquier arquitecto prototípico del star-system o de un promotor corrupto habría resultado más apropiada y necesaria? ¿Es que falta arrojo para parodiar sin miedo a Koolhaas, Hadid, Foster…? ¿O es que no hay ninguna voluntad sincera de reconocer que hay que romper con lo establecido? Este acting se valida en el acto de hacer una crítica a la política y el poder que, aunque necesaria,  en este contexto no hace sino convertirse en un facilismo que permite desviar la necesidad de autocrítica entre los arquitectos.

El resto de la exposición deambula por espacios más o menos artistificados: propuestas lúdicas, estériles para el discurso de la arquitectura de hoy.

Probablemente la única propuesta que posee calado dentro de la discusión del tema es “The Universal Declaration of Urban Rights” de Zuloark: un pequeñísimo parlamento instalado en una de las dependencias del Palacio y constituido como una tribuna pública donde debatir los derechos de la ciudad y de ser ciudadano.

La exposición culmina con el peor de los panoramas, una propuesta en torno a la cocina molecular que se define «entre la ficción política y la experiencia gastronómica»: “The Planetary Sculpture Supper Club”, «un proyecto que explora la co-evolución de la gastronomía y los sistemas ecológico, tecnológico y político».

 

Digital Artefacts, Bart Hess_04

Catarina Botelho

 

Si la exposición de Pestana se basaba esencialmente en la performance, en propuestas artísticas de escaso vuelo, en crítica inofensiva, Futuro Perfeito comisariada por Liam Young y situada en el Museo da Electricidade evoca más una exposición dedicada a la tecnología (o, a veces, una feria de ciencias escolar – o principalmente a una exhibición de artefactos). Es curioso ver cómo el propio Young oficia cual una especie de mercachifle que nos va introduciendo en cada uno de los escenarios , tratando de persuadirnos del valor de la experiencia/producto.

De entre este entorno retrofuturista destacaría el montaje “The Garment District”, una especie de show freak de feria pseudo-científico. Semi-desnuda y colgada de unos arneses, una mujer es sumergida en una solución de agua y parafina; una vez emerge, la mujer está cubierta por una especie de vestido creado por la cera. ¿Una bizarra reinterpretación de Yves Klein pasada por los blobs de los 90 y  la popularización de la impresora tridimensional?

El cortometraje “Chupan Chupai” de Factory Fifteen, la interminable aventura de unos niños jugando al escondito en un suburbio en algún indeterminado lugar de la India planteando un desdoblamiento espacial entre presente y un futuro despersonalizador del individuo, regido por superpoderes tecnológicos y económicos.  Otra especulación distópica es la que presenta la maqueta de un Dubai asolado por la crisis del petroleo, un montaje que se antoja una copia negligente de las visiones de Lebbeus Woods.

Con estos saltos hacia un futuro lejano e hipotético, Young elude el compromiso de hablar del futuro cercano y real.

 

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Miguel de Guzmán www.imagensubliminal.com

 

La sección comisariada por José Esparza Chong Cuy se caracteriza por la ausencia de una intención propositiva definida. Se edifica sobre reivindicaciones sociales a la moda y que complacen fácilmente. Esparza parece pertenecer a una generación que, debido a su falta de conocimiento y desinformación, cree a pies juntillas en la novedad de su aportación, cuando en realidad sólo está presentando refritos descafeinados.

Forum Novos Publicos se plantea como un programa público experimental que reivindica la fuerza de lo colectivo sobre lo individual. Se inspira en las recientes manifestaciones ciudadanas en diferentes puntos del mundo contra los sistemas económicos y políticos, desde el planteamiento de que evidencian la emergencia de una «nueva comprensión del espacio público». La referencia a una cita de Bertold Brecht introduce el componente de lo teatral para concluir en la difusa afirmación de que Novos Públicos es una «manifestación cívica teatral» y abre espacios para la improvisación espontánea de quien quiera ser oido, ofrece «discursos performativos», «talleres de lenguaje corporal»… Cabe cuestionarse en qué sentido esta traslación de lo teatral a lo urbano, o la teatralización de supuestos temas concernientes a lo urbano, constituye una comprensión del significado o  significados que para la ciudadanía han tenido realmente esas manifestaciones (apropiaciones) del territorio público. Novos Públicos parece confundir la idea de acción con la de expresión. Puede plantearse que la acción conlleva expresión, pero la expresión puede quedar confinada a no trascender más allá de sí  –es decir, a no ser instigadora de acción−. Y esto último parece ser el riesgo implícito en esta propuesta: complacerse en dar lugar a la expresión (o “actuación”) dando por hecho que supone acción, diluyendo así la dimensión de combatividad que sustentaba esas protestas a las que el concepto de Novos Publicos alude. (Cabe abrir la reflexión de si, finalmente, esta propuesta no replica el simplismo del tratamiento mediático de manifestaciones como el 15-M, reduciendo a escenas y anécdotas o al mero epíteto/pose/ marca de “indignados” a movimientos cuya motivación era una acción sincera de cambio – y al frivolizar su expresión, tergiversar y neutralizar su propósito de acción .)

No solamente resulta curioso que todo el programa de la Trienal se mantenga en torno a las periferias de la arquitectura sino que es también desconcertante el más que irrisorio interés que parece mostral por el panorama y la situación presente de la arquitectura local. Las referencias a la arquitectura portuguesa se advierten notablemente escasas y no forman parte del concepto curatorial de actividades de la Trienal.  Una observación que llama la atención ya no por una cuestión de chauvinismo –algo que sería absurdo−sino porque cabría esperar de un evento de estas características la intención de prestar particular atención a lo local y ahondar en ello como caso de estudio de los temas de incidencia global.

Daría la impresión de que José Mateus, el presidente de la Trienal ha preferido dejarse fascinar con el «pack envasado»  (un producto franquiciado, transplantable a cualquier otro enclave y al que se le buscan unas pequeñas puntas para dotarlo de cierta especificidad)  de una propuesta de este tipo  probablemente suponiendo que éste permitiría aportar un aire (o apariencia) de renovación pero astutamente consciente a la vez de que un montaje de estas características contribuye a evitar que queden puestas sobre la mesa cuestiones delicadas –que afectan al estado general de la arquitectura− que emergerían tal vez con mayor claridad de ser abordadas desde un análisis de lo local.

Esta sensación se corrobora al comprobar que figuran como miembros del equipo asesor, entre otros, nombres como Alvaro Siza, Souto de Moura, Gonçalo Byrne que, consciente o inconscientemente, están legitamando esta levedad (con la que seguramente no comulgan) pero evitando de esta manera abordar otros temas urgentes tales como el relevo generacional y las problemáticas para la profesión (insistiendo, sobre todo para los arquitectos jóvenes) suscitadas por la crisis desde acciones que puedan trascender lo meramente episódico – tales como las acciones que reflejan «no éxito sino la lucha de ser un joven arquitecto en Lisboa» y basados en acciones como «workshops para ayudar a los arquitectos a conseguir trabajo»  o «seminarios, a la manera de un pequeño curso universitario», como cita Galilee, argumentando que se trata de tomas de actitud que marcarán lo que está por acontecer.

Queda la sensación de que se está rehuyendo un verdadero debate, que el llenado ideológico del desierto conceptual en que hoy vivimos está en manos de unos irresponsables que no hacen sino articular boutades, envolviendo de cierto carácter de heroismo y resistencia acciones que no hacen sino confirmar una nueva versión de lo mismo: la ausencia de crítica, una continuidad disfrazada de cambio, una frívola renuncia a poner en tela de juicio a la construcción de una forma de hacer arquitectura sin contenido.

 

Slowly Ceiling, Alex Schweder

Luke Hayes

 

Estas críticas podrían resultar puntuales si este texto se leyera solamente como una opinión concreta sobre la Trienal de Lisboa –viéndola como una oportunidad desperdiciada− pero esta lectura va más allá de la propuesta lisboeta, puesto que la Trienal debe leerse como síntoma de una síntoma de un estado global.

El pensamiento de la arquitectura que ya ni siquiera hace una escapada hacia adelante –como la del star-system- sino más hacia los costados, a lugares inciertos. Esos lugares son el pseudo-arte, la pseudo-ciencia, los temas pseudo-políticos o pseudo-sociológicos que ayudan a la construcción de un discurso inerte y pasivo desde su propio origen, que se niega –sea por imposición del status quo o por simple miedo- a acometer de frente los problemas.

Si la propuesta de Beatrice Galilee se percibe como inespecífica, dispersa, difusa, construida mediante un discurso de frases socorridas en boga, bajo la ilusa consigna de “todo es posible y todo es válido” y la confusión que convierte en sinónimos de “pensamiento”, “radicalidad” e “imaginación” a los términos “low-cost” y “contracultura/alternativa” – que, como antes afirmaba, ha trasladado a las ideologías de la arquitectura a una peligrosa periferia baldía, donde se confunde lo pop con lo responsable, la performance con lo próximo. La actitud de la Trienal es negligente hacia una visión no sólo de Portugal sino del problemático estado real de la arquitectura  banalizando la situación y sus problemáticas. Una negligencia cuya consecuencia es seguir postergando debates que un evento como éste, seguramente con muchas menos ataduras y compromisos que otros, debería haber logrado poner en marcha.

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