Entrevista a López Rivera Arquitectos (1ª parte)

Entrevista a López Rivera Arquitectos (1ª parte)

Publicado por el Apr 22, 2013

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La intención con que doy inicio a las entrevistas que se irán publicando regularmente en “La Viga en el Ojo” es la de aportar un lugar de intercambio de opiniones, ideas…tanto de acuerdos como de divergencias.

Es necesario hablar, es necesario escuchar… Por ello, la voluntad de estas entrevistas es aportar contenidos y alentar el debate. Que éste no sea un espacio de soliloquios.

La primera de estas entrevistas, o diálogos, tiene como interlocutores a Mónica Rivera y Emiliano López (López Rivera Arquitectos), con quienes habitualmente acostumbro a compartir reflexiones. A continuación, pueden leer la primera parte de las tres que la componen.

 

Mónica Rivera y Emiliano López se presentan explicando que comenzaron a trabajar conjuntamente en Barcelona en el año 2001. «Desde entonces, hemos centrado nuestra práctica de arquitectura en obra pública a través de concursos, junto con encargos privados. Buscamos respuestas constructivas y conceptuales específicas para la realidad de cada proyecto, poniendo énfasis en el valor de lo cotidiano, la intervención discreta y arraigada al entorno y la claridad constructiva».

Destacan entre su obra el Hotel Aire de Bardenas (2007), edificios de vivienda de protección oficial en Sant Andreu (Barcelona, 2007) y Gavà (2008), y los institutos de Educación Superior en Tona (2008) y Beguès (2011).  Las dos primeras les han hecho recibir distinciones nacionales e internacionales, como el premio FAD de arquitectura (2008), Premio VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (2010).

En la pasada Bienal de Arquitectura de Venecia, su edificio de vivienda social para jóvenes en Sant Andreu formó parte de la exposición “Feeling at home. Finding common ground in six urban housing projects in Europe” curada por Sergison Bates Architects.

 

La reacción de muchos ante la crisis ha sido la de reivindicar una posición de antagonismo contra la arquitectura del despilfarro, los grandes proyectos estrella… Una reacción que cabe describir como un descarado y muy oportunista cambio de chaqueta por parte de muchos que ahora promueven conceptos como la austeridad, lo social, etcétera, a la vez que proclaman un «yo no estuve ahí» que los exculpe de haber formado parte de la fiesta.

Sin embargo, fueron pocos los que – en ese momento de auge- argumentaron la importancia y el sentido de una arquitectura propuesta desde una actitud más mesurada, más centrada en indagar y trabajar desde otros parámetros, otras ambiciones.

Desde vuestros inicios, habéis mantenido el criterio de trabajar con un empeño de responsabilidad y sentido común que no son sino lógica y coherencia sobre el hacer arquitectónico pero que −como he dicho− ahora muchos, con una muy interesada corrección política, enarbolan como una especie de «nueva actitud».

Desde esa perspectiva estable que vuestro equipo ha mantenido, ¿cómo interpretáis el momento presente y vuestra posición?

Emiliano López (E.L).  No considero que nos hayamos anticipado a nada, siempre hemos trabajado igual: tratando de no abarcar más de lo que podíamos hacer, con el objetivo de conseguir hacer bien el proyecto. Y al decir «hacer bien» nos referimos a asumir nuestras limitaciones. Cada proyecto exige una clara comprensión de lo que se demanda y nosotros confrontamos esa demanda con nuestras habilidades. Debido a esta prudencia y la voluntad de trabajar a fondo en las características particulares de cada propuesta siempre hemos tendido a llevar a cabo pocos proyectos.

Quizá nos sirva de ejemplo para explicar nuestra actitud el tema de los concursos de vivienda pública, que tanto proliferó en los últimos años. La vivienda pública es un tema que nos interesa y al que dedicamos mucho tiempo; sin embargo, nos hemos presentado a pocos concursos de vivienda y sólo hemos construido dos pequeños edificios.

Nunca hemos desarrollado un modelo de vivienda que pudiera ser aplicable a cualquier concurso tipo para conseguir encargos valiéndonos siempre de la misma propuesta. Dábamos una visión particular en cada uno de ellos y, si lo ganábamos, nos manteníamos implicados a lo largo de todo el proceso de redacción y ejecución de la obra con la misma intensidad con que planteamos el concurso.

Mónica Rivera (M.R.).  La reflexión pausada tiene que ver con disfrutar del privilegio de llevar a cabo una obra. Cuando comenzamos, hace once años, yo estaba recién llegada de Estados Unidos donde los estudios de arquitectura pequeños y/o jóvenes tienen muy difícil acceso a proyectos de media y gran escala, y más aún si se trata de obra pública. Encontrarme a cargo del proyecto de un edificio siendo tan jóvenes me pareció en su momento algo excepcional. Poder proponer y dar forma al entorno me parecía un privilegio y una enorme responsabilidad.

Esta sensación persiste y hace que valoremos y encaremos cada encargo con un gran sentido de compromiso y entusiasmo, sea cual sea su escala.

Nuestra tendencia hacia la reflexión, también tiene que ver con la voluntad de resolver no sólo con lo que sabemos sino también con lo que no sabemos, con lo que nos atrae investigar. No se trata simplemente de una búsqueda de nuevas formas o materiales, sino de nuevas preguntas. Frente a cada proyecto nos realizamos un exceso de preguntas que tal vez nos ralentice pero es el componente que nos hace trabajar con convicción y entusiasmo.

La formulación constante de preguntas nos ha ido conduciendo a plantear resoluciones que, quizá, no eran las convencionales.

E.L. La actitud que escogimos nos hace ir más despacio, pero a cambio el alcance es más profundo.

Sobre el momento general presente, en mi opinión, gran parte del problema que afecta ahora mismo a la arquitectura se ha debido al hecho de que muchos arquitectos cometieron el error de aceptar proyectos que posteriormente no pudieron abordar y a que se limitaron a repetir modelos únicamente con el objetivo de ganar dinero, sin efectuar ningún análisis ni reflexión sobre cada proyecto y su contexto social.

Quizá muchos arquitectos sintieron que la velocidad no les dejaba reflexionar, y lo mismo le sucedió a la sociedad en general.

¿Estaríais de acuerdo en que subyace un espíritu tramposo en muchas de esas «conversiones» que ahora emergen, y que se adoptan meramente como tabla de supervivencia para mantener o conseguir poder y fuerte presencia?

E.L. Coincido en reconocer en algunas de esas posturas una actitud tramposa.

No estoy en absoluto de acuerdo con esa actitud que proclama «ahora es el tiempo de pensar». No: siempre es tiempo de pensar. Y nosotros no vemos este momento tanto como un momento de crisis sino como otro tiempo, distinto al de la sobreabundancia, y que no quizá no tenga que implicar necesariamente una recesión en lo arquitectónico.

Sí que es cierto que esa sobreabundancia generó oportunidades, que nos permitieron a nosotros y otros muchos arquitectos acceder a encargos. El concurso de viviendas para jóvenes en Sant Andreu (Barcelona) que ganamos en 2003, era específicamente para arquitectos menores de 40 años. Esa sobreabundancia permitió un caso como éste, en el que se facilitaba a arquitectos jóvenes la posibilidad de construir, algo que ahora es casi imposible.

Lo que a mí me parece particularmente preocupante de ese discurso es que la adopción de esta postura no se debe a una autocrítica sincera, al reconocimiento convencido de una necesidad de cambios de fondo, sino que es como una especie de consuelo o auto-engaño en el anhelo de que, cuando esta recesión finalice, pueda volverse a aquel otro modelo de hacer arquitectura.

E.L.- Creo que ha quedado patente que esos arquitectos o marcas que aglutinaban muchísimos encargos han amasado quizá un beneficio económico notable pero sus edificios no han aportado ninguna reflexión destacable.

El modelo anterior a la crisis tal vez no regrese y quizá eso permita que estudios pequeños puedan ir realizando diferentes encargos y puedan llevarlos adelante de manera más pausada y reflexiva. O bien puede suceder a la inversa: que en el futuro próximo toda la actividad arquitectónica se concentre en grandes despachos.

No me parece sin embargo que aquellos que construyeron mucho y ahora afirman que ha llegado el momento de pensar estén verdaderamente preparados para afrontar la realidad de la situación, ya ellos estaban inmersos en unas dinámicas e infraestructuras de las que ahora carecen o que se han visto obligados a reducir. Reducir esas infraestructuras significa que el esfuerzo para realizar cada proyecto de ahora en adelante será mayor.

Está por otro lado ese uso y abuso del concepto «austeridad». En mi opinión, es erróneo reivindicar, justificándose en el estado de crisis, la idea de lo simple, lo barato… Habría quizá que tomar distancia de esos romanticismos con los que se plantea la idea de «lo esencial, lo sensible» y aprovechar este momento de interés en la pequeña escala y el bajo coste para encarar un progreso en busca de experimentaciones que evidencien la posibilidad de una arquitectura de alta calidad, coste razonable, y que responda verdaderamente a parámetros de sostenibilidad además de seguir ahondando en otras cuestiones fundamentales, como la generación de condiciones de bienestar, de vinculación del edificio a todas las cuestiones físicas y subjetivas relativas al contexto…

 E.L.- En general la sociedad ha aceptado la idea de que los edificios deben ser mucho más respetuosos con el medio. Ha calado de manera colectiva la noción de que no se debe desperdiciar energía ni recursos materiales.

Claramente la sociedad demanda una mayor tecnificación y no se puede volver a los orígenes, pero tampoco se ha de incurrir en la domotización tirana de edificios que por norma deben estar enchufados continuamente y son incapaces de responder por sí mismos a sus necesidades de ventilación, soleamiento y confort de una manera más pasiva, aunque menos eficiente.

Por eso, éste también puede ser un buen momento para repensar sobre la tecnificación excesiva. Sobre las normativas, que se han planteado también de forma muy genérica y que quizá sería necesario flexibilizar más.

Este momento brinda muchísimas posibilidades y hemos de tratar de trabajar con todas ellas. Nuestra arquitectura ha evolucionado volviéndose cada vez más sofisticada.

Recientemente hemos terminado una casa en la costa de Gerona, con paredes dobles de ladrillo encalado de 36 centímetros de grosor y cubiertas catalanas ventiladas. Planteamos su construcción con técnicas y  materiales tradicionales ya que queríamos que los espacios interiores tuvieran la calidad ambiental de las construcciones antiguas, y recurrimos a constructores locales de dilatada experiencia, que supieran más que nosotros y pudieran proponer aportaciones que mejoraran nuestra propuesta.

Hemos planteado uno de nuestros próximos proyectos, la rehabilitación de un edificio en el casco antiguo de Santiago de Compostela, conjugando nuevas tecnologías de la madera con las habilidades y tradición de los gremios locales, como carpinteros y canteros. Una artesanía a la que queremos recurrir y por la que apostaremos absolutamente pues entendemos que no debe desaparecer, y para ello ha de de ser cuidada. Estamos seguros que estas técnicas artesanales tradicionales pueden ser complementadas con técnicas constructivas y energéticas más contemporáneas y eficientes. Y no debe asumirse que esto constituya un factor necesariamente encarecedor, ni abaratador, sino más complejo.

Pero hay también otros proyectos para los que deben buscarse mecanismos de gestión más complejos que pueden combinarse con estos métodos tradicionales. Creo que son proyectos ricos y complejos, que plantean soluciones situadas absolutamente en lo contemporáneo, no considero que con ellos estemos retornando hacia alguna esencia que implique un retroceso conceptual ni tecnológico.

M.R. Recurrir a materiales baratos es tal vez una estrategia simplista. Puede sin duda ayudar a reducir costes pero creemos que una medida de ahorro de mayor impacto es invertir tiempo en la planificación y definición rigurosa del proyecto y mediciones antes de construir: ahorrar en procesos y no en los materiales ni la calidad.

Esperamos coincidir con clientes y colaboradores que también entiendan la importancia de invertir en planificación, porque es algo que requiere complicidad. Poco a poco vamos acercándonos a este objetivo, encontrando personas afines y aprendiendo de ellas.

De todas maneras, sería necesario que, como sociedad, superáramos la mala costumbre de presionar, apresurar sin ser conscientes de los tiempos que requieren los procesos. Comprender que trabajar con rigor requiere tiempo.

Muchos concursos públicos se contradicen cuando dan tres meses para diseñar y redactar el proyecto ejecutivo y una vez entregado éste, por fuerza apresuradamente, la administración o los operadores públicos tienen demoras injustificadas de hasta un año, como nos ha sucedido. Y, paradójicamente, son estos mismos operadores quienes luego conceden premios de innovación, excelencia  o sostenibilidad…

 

En la imagen:  Apartamentos de huéspedes en la plaza del Obradoiro,  Santiago de Compostela (2012-en curso)

(Entrevista a López Rivera Arquitectos, 2ª parte)

 

Mónica Rivera nació en Puerto Rico en 1972. Obtuvo el título de Bellas Artes en 1993 y el de Arquitectura en 1994 por la Rhode Island School of Design, EE.UU. (Beca RISD). En 1999 obtuvo el Master de Arquitectura (M.Arch II) por la Harvard University Graduate School of Design (Beca GSD). Trabajó tres años en el despacho Architecture Resesarch Office (ARO) en Nueva York. En Barcelona, donde vive desde el 1999,  trabajó para la Editorial Gustavo Gili de 2000-2004. Ha sido profesora invitada de Arquitectura en la ESARQ, Universitat Internacional de Catalunya entre 1999-2002 y profesora del tercer año de proyectos de diseño interior y espacio doméstico en Elisava Escola Superior de Disseny, Barcelona, entre 2001-2008.

Emiliano López Matas nació en Argentina en 1971 y creció en Barcelona. En el 2012 obtuvo el título de Doctor por la Universitat Politèctina de Catalunya, con la tesis titulada: 6107 MSD. Peabody Terrace: Claves de un proceso de diseño liderado por Josep Lluís Sert. En 1999 obtuvo el  Master de Arquitectura (M.Arch II) por laHarvard University, Graduate School of Design (Becado por el Real Colegio Complutense de Madrid) y, en 1997 obtuvo el Master “Historia, Arte, Ciudad y Arquitectura” por la UPC, ETSA Barcelona. Es arquitecto por la UPC ETSA Vallès desde 1996. Ha sido profesor colaborador en la Escuela de Arquitectura de la Univesitat Rovira i Virgili en Reus, en la ESARQ, Universitat Internacional de Catalunya y en Elisava Escola de Disseny. Entre 2004-2007 ha sido profesor adjunto de la Universidad de Calgary, Canadá, como co-director del Programa de Arquitectura de Barcelona. Actualmente es profesor de arquitectura de la UPC en Vallés

 

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