El día en que la Sra. Ministra de Cultura inauguró el Museo Romántico pasará a la historia de Internet en España. Mucho revuelo en los medios de comunicación para un asunto aparentemente sin importancia. ¿Es que no existen problemas sociales de mayor envergadura por los que preocuparse?. Un neófito en la materia (Internet, los ordenadores y esas cosas de “frikis”) se preguntaría qué es lo que sucedió ayer para que cadenas de televisión abrieran sus telediarios con la noticia de una aparentemente inofensiva reunión y los periódicos la secundaran en primera plana. Total, si se trataba de legislar las “descargas ilegales”.
En La blogosfera, a lo Braveheart, el resumen que Bitacoras.com realizaba ayer en ABC.es, no se podía explicar mejor la reacción de la Blogosfera ante el proyecto de ley que el Gobierno quiere sacar adelante “sin parecer importarles que la ley afecta gravemente al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de la Red”. La consecuencia era un Manifiesto, suscrito por más de 2.000 bloguers, como protesta.
Pero lo sucedido ayer por la mañana se tendrá que incluir en los planes de estudio de las facultades de Comunicación y Periodismo. Y tiene doble vertiente. Una, porque era la primera vez que sucedía. Dos, porque sospecho que eso es precisamente lo que un Estado no puede permitir.
Y es que parte de los asistentes a la famosa reunión, convocados por el ministerio, entraron con sus smartphones (teléfonos con acceso a Internet) en ristre. Y un software cliente de Twitter instalado en ellos. Algunos “frikis” ya estamos acostumbrados a desdoblarnos en las conferencias y mesas redondas. Mientras escuchamos a los ponentes, asistimos a otro “meeting” paralelo, con sus comentarios y discusiones propias. Y es también habitual en “beers&blogs” y “kedadas” de bloguers, donde puedes estar charlando con los presentes y tuiteándolo a la vez. Sin embargo, no creo que sea muy habitual en una reunión del Gobierno. Y ayer sucedió. Tal vez se trate de la primera reunión de esas características narrada en directo.
Algunos de esos tweets (mensajes de 140 caracteres de Twitter) iban acompañados de imágenes. Por lo que no solo nos enteramos cuando González Sinde abandonó la reunión sino que pudimos ver a alguno de los asistentes, de pie y en plena discusión acalorada. Con los smartphone con cámara puedes hacer una foto y enviarla inmediatamente a una dirección de correo (de Flickr o de Twitpic), para que se almacene en dichos sistemas, con la ventaja añadida de crear automáticamente en Twitter un mensaje (el asunto del e-mail es el tweet).
Mientras, los medios esperaban en la calle. No me digan que no es fantástico.
Yo no he apoyado el Manifiesto por estar contra las entidades de gestión de derechos de autor, ni por estar contra esos derechos de autor o la propiedad intelectual. Ni estoy a favor de la piratería. Yo tengo miedo a que se pueda cerrar una web o un blog, a instancia de un organismo privado, y sin intervención judicial. Tengo miedo, en definitiva, de que esa especie de policia cultural sea el principio del fin de los derechos civiles y de la Red libre y neutral, como la conocemos. Una Internet que permite, hoy en día, que hayamos podido asistir a una reunión con el Gobierno por Twitter. O que haya más de 2.000 blogs expresando su malestar.
Si no lo han leído, les recomiendo el libro El poder de las redes, donde David de Ugarte explica perfectamente cómo los grandes cambios tecnológicos de finales del siglo XIX y mediados del XX (asociados al telégrafo y los ordenadores) llevaron a grandes cambios en las estructuras sociales. Internet posibilita el desarrollo de una sociedad avanzada en red y el mundo ha cambiado. No volvamos al mundo anterior al telégrafo, por favor.
Origen de la imagen: Galería de Flickr de Jesús Encinar
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