
Ya he hablado alguna vez de Ugly Betty , la serie (en el blog y en papel). Me encanta el personaje principal. Lo que quiero decir es que, como pasaba con la Betty de Ana MarÃa Orozco, en cuanto ves a esa chica te cae bien. Sin embargo, fue conocer a la Bea de Telecinco y sentir pena por ella. Y lo que es peor, ninguna alegrÃa cuando le esquilaron las cejas. Y lo que es todavÃa mucho peor, sentir lástima por Ruth Núñez porque una intuÃa desde el principio que ahora a la que iban a llamar fea iba a ser a ella (lo cual ya no tiene remedio salvo un Extreme Makeover, me temo).
Me gusta el aire de cómic de Ugly Betty. Y me arrodillo ante los secundarios. En primer lugar ante Vanessa Williams y su Wilhelmina (y gracias a los dioses de Kobol que la patosa de Charlotte Ross, la Wilhelmina original, decidió optar por la fallida Pink Collar). Y en segundo lugar, claro, ante Justin, el sobrino gay. Y ante los malos que no son tan malos. Amanda no es mala (‘¿Eres el antes?’, le pregunta a Betty cuando la ve llegar a la revista con el poncho de Guadalajara, refiriéndose a un reportaje de los de ‘Antes y después’). Y tampoco lo es Marc St. James (que dará valiosos consejos a Justin). Sólo son chinchosos. (Sin ánimo de spoilear, para mala, la tetonis executive producer.)
Me gustó volver a ver a Gina Gherson en su estrafalario papel de empresaria de cosméticos ahora que anda desmintiendo que haya tenido que ver algo con Bill Clinton (la especie la difundió Todd Purdum en el Vanity Fair; Purdum, por cierto, marido de Dee Dee Myers, que no sólo fue secretaria de Prensa de Clinton sino, lo que es más importante, una de las asesoras acreditadas de El ala oeste).
Pero, bueno, off Betty, el especial del dÃa fue la intervención de Cayetano MartÃnez de Irujo en la mesa de Àngels Barceló (ayer se le vieron más orejas que nunca) en la ahora llamada plaza roja de Colón, como Cuatro no se habÃa cansado de anunciar. Yo no sé cómo he podido estar tanto tiempo sin escuchar los comentarios de Cayetano.
Hemeroteca