
Esta noche a la una menos cuarto ponen la primera parte de Shoah en La 2. La primera vez que yo vi Shoah también fue en La 2. Varias madrugadas me tuvo pegada a la pantalla sin dormirme. Quizá porque era lo más impresionante que habÃa visto y oÃdo hasta entonces en la televisión. Después tampoco ha sido superado. Años más tarde compré el DVD en ParÃs. Lo tengo entre los de El ala oeste y Los Soprano, pero quizá deberÃa guardarlo en la caja fuerte que no tengo. El documental de Claude Lanzmann es muchas cosas. Para Amos Oz tiene una dimensión tolstoiana, joyciana y proustiana. Según Simone de Beauvoir es una obra maestra pura. Según Paul Attanasio, del Washington Post, la pelÃcula acontecimiento del siglo. La pelÃcula, el documental, es de 1985 pero Lanzmann empezó a rodarlo en 1974 con supervivientes del Holocausto. (Shoah es la palabra hebrea usada después de la Segunda Guerra Mundial. Significa cataclismo, desastre, catástrofe.) La pelÃcula, las nueve horas y diez minutos, no tiene música (con la excepción del principio y el niño al que los alemanes hacÃan cantar mientras se cargaban a la gente, niño de 47 años al que Lanzmann encontró en Tel-Aviv y llevó a Chelmno). Sólo hay palabras de los supervivientes y testigos (incluso de verdugos) o el ruido del tren de Treblinka. En las dos horas de esta noche se puede ver por ejemplo el testimonio de Michaël Podchlebnik, que reconoció a su mujer y a sus dos hijos en un camión de gas (el método de matar usado en Chelmno) que tenÃa que descargar. O el de Henrik Gawkowski, conductor de la locomotora de un tren de Treblinka, que dice que sin el vodka que los alemanes le daban como sobresueldo no habrÃa podido soportar los gritos de los judÃos en los vagones. O el de Richard Glazar, un campesino polaco que cuando veÃa pasar los cómodos trenes de pasajeros que llevaban a los confiados judÃos checos les hacÃa la señal de cortarse el cuello. En la segunda parte de la primera época (y esto ya no sé si se verá esta noche) tendremos la comparación entre la cadena de muerte primitiva de Treblinka y la moderna fábrica de Auschwitz. No me gusta demasiado estar de acuerdo con Simone de Beauvoir (y no olvido que el Holocausto es una tragedia con un prestigio del que carecen otras que no son menores) pero Shoah es una obre maestra. Y La 2, emitiéndola, es esa cadena que debe ser.
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