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Reflexiones para contextualizar el modelo de crecimiento económico valenciano (Primera parte)

Reflexiones para contextualizar el modelo de crecimiento económico valenciano (Primera parte)
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Por A. F. Cubel-Montesinos, M. J. Murgui-García  y J. R. Ruiz-Tamarit -Profesores del Departamento de Análisis Económico de la Universitat de València -Miembros del Lab d’Economia de la Fundació Nexe

 

La configuración dinámica del modelo productivo valenciano es el resultado endógeno de la continua interacción entre los elementos que conforman un complejo sistema económico-demográfico-medioambiental, en el seno del cual se desarrolla la actividad económica de los valencianos. Este sistema ampliado, también condiciona la forma y el grado de integración de la economía valenciana en el mapa de la economía mundial. Y es en este escenario donde se define, en un momento determinado, la estructura sectorial y empresarial de la economía, representada, por un lado, por una particular composición de su Producto Interior Bruto y la tipología de la ocupación, y por otro lado, por el tamaño, la forma de organización interna y el modelo gerencial que adoptan sus empresas. Aun así, la caracterización productiva y empresarial de las economías evoluciona a lo largo del tiempo como resultado del comportamiento variable de los agentes económicos. Es por eso que la dinámica económica valenciana se tiene que intentar explicar causalmente a partir de las decisiones que toman las familias, las empresas y las administraciones públicas. Unas decisiones basadas en la disponibilidad de recursos económicos y las correspondientes funciones objetivo, y concordantes con unas estructuras institucionales que son las que establecen las reglas del juego y el sistema de incentivos vigentes en cada periodo.

El principal instrumento a nuestro alcance, cuando queremos aproximarnos desde una perspectiva macroeconómica al estudio de las largas fases de desarrollo observadas en las economías reales, es un buen modelo de crecimiento económico. Esta herramienta facilita la explicación sintética de complicados procesos económicos, desde una simplicidad fundamentada en la abstracción y reducción inherentes a la elaboración de los modelos teóricos. Los modelos de crecimiento más reputados se organizan en función del mecanismo generador que priorizan y, con esto, caracterizan las economías en función de la base sobre la que se asienta su crecimiento económico sostenido. Esto es, los distintos tipos de capital empleados como factores de producción que hacen de motor del crecimiento en el largo plazo: capital tecnológico, capital humano, o capital natural. El caso valenciano es el de una economía que no se encuentra en la vanguardia en la creación de conocimiento y que está lejos de la generación de ideas que permitiría clasificarla dentro del grupo de los líderes tecnológicos. Por ese motivo nos vamos a concentrar en los conceptos de capital humano y capital natural, e intentaremos ofrecer una descripción sencilla que ayude a interpretar su importancia en el crecimiento de economías como la valenciana.

Una parte importante de los trabajos descriptivos, de inventario o contables, que toman la economía valenciana como objeto de estudio consideran que la mejor forma, y también la definitiva, de resolver los problemas asociados al modelo productivo es rediseñar inteligentemente la estructura sectorial y empresarial de la economía, transmutándola en una de esas economías de éxito donde el crecimiento sostenido de la producción final se basa en el uso intensivo del capital humano.

El Capital Humano

Hoy en día el concepto de capital humano es un referente inexcusable para comprender y explicar muchos de los problemas que estudian los economistas, y en particular, algunos de los rompecabezas más importantes a los que ha tenido que hacer frente la teoría del crecimiento económico. Aun así, no es un concepto fácil de definir ni de medir, y no es hasta la segunda mitad del siglo pasado cuando encontramos las aportaciones pioneras que sistematizan e impulsan el uso del concepto y formalizan la teoría de la inversión en capital humano. Es entonces cuando se empieza a prestar atención a varios tipos de gastos que deciden óptimamente los agentes, los cuales contribuyen a aumentar sus ingresos, a mejorar su salud, y a crear buenos hábitos personales durante gran parte de sus vidas. En conjunto, estos gastos representan flujos incrementales de unos activos intangibles que son capital. No es un capital cualquiera porque toma la forma de conocimientos, habilidades, estado de salud, y valores adheridos a las personas. Por eso el nombre de capital humano, capital incorporado a la gente que contribuye a determinar su productividad. El capital humano comprende pues todas las capacitaciones y competencias de los individuos para el trabajo y, en cierto modo, podemos considerarlo como una medida de la calidad del factor trabajo.

El capital humano es reconocido como un factor primordial del crecimiento económico que muestra las características de rivalidad y exclusividad. Y, precisamente, la identificación del capital humano como un bien privado hace que las decisiones de inversión reciban un tratamiento estándar en la literatura económica. Los flujos que alimentan las distintas formas de capital humano los podemos clasificar en cuatro categorías: cantidad y calidad de educación generalista mediante la escolarización formal, entrenamiento y formación específica mediante prácticas, atenciones médicas y adquisición de hábitos de vida saludables, y aprendizaje informal mediante lecturas y actividades que forman culturalmente y fomentan hábitos de comportamiento que refuerzan la productividad laboral y social de los individuos.

Todos estos flujos se tienen que considerar como inversiones en capital humano, y por eso se tienen que poder explicar racionalmente a partir de las decisiones individuales basadas en la correcta valoración de los costes y los beneficios. Los beneficios son bastante evidentes en forma de unos mayores ingresos durante una vida más larga y de más calidad. Los costes no solamente incluyen los precios directos asociados en el acceso y mantenimiento mientras duran las actividades de inversión, sino también el coste de oportunidad del tiempo dedicado a acumular capital humano.

Pero hay otras consideraciones a hacer en relación con el capital humano. La primera de ellas es que el capital humano tiene la peculiaridad de ser un bien privado que genera externalidades positivas por desbordamiento. El esfuerzo individual acumulando capital humano no solamente repercute positivamente sobre la productividad del agente que realiza la inversión, sino que también tiene efectos positivos sobre los compañeros de trabajo, el vecindario, e incluso sobre el conjunto de los contribuyentes. Así, mientras que los costes de la inversión serían asumidos en su totalidad por el individuo, este no capturaría todos los beneficios que se derivan de su inversión puesto que son compartidos con el resto de la población. En consecuencia, la provisión privada descentralizada resultaría insuficiente respecto al nivel óptimo, y por eso se justifica la intervención del gobierno proveyendo el bien educación como un servicio público.

Una segunda consideración se refiere a las dificultades para obtener una medida del capital humano, ya sea del agregado o de sus componentes por separado. Hemos visto que en el trasfondo del capital humano se encuentra el nivel de educación y salud de la población en edad de trabajar, y por tanto nos interesa el nivel educativo logrado, la calidad de la educación o aprendizaje, el estado de salud funcional, y la supervivencia de esa población. Ahora bien, las medidas del capital humano pueden ser físicas o monetarias. Las medidas monetarias se obtienen utilizando el flujo de inversiones pasadas realizadas por los agentes económicos (aproximación basada en los costes), o teniendo en cuenta el flujo de las ganancias futuras que la inversión en capital humano generará a lo largo del ciclo vital de las personas (aproximación basada en la renta).

Aunque las evaluaciones monetarias tienen la ventaja de ofrecer una métrica agregada única, su complejidad hace que las medidas físicas basadas en indicadores parciales de cantidad y de calidad sean las más comunes. La mayoría de los estudios empíricos han tratado de aproximar los diferentes elementos constitutivos del capital humano por medio de indicadores como por ejemplo las tasas de alfabetización de los adultos, los porcentajes de escolarización en cada ciclo educativo, el número de años de escolarización completados, la distribución de la población según los títulos logrados, el rendimiento obtenido en evaluaciones internacionales de estudiantes y trabajadores, la incidencia de enfermedades infecciosas, anemia y discapacidades cognitivas, la frecuencia de los deterioros de salud como la pérdida de visión y de oído, y la esperanza de vida laboral.

En una próxima entrada analizaremos el capital natural y su importancia en el crecimiento de la economía valenciana.

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