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David Hockney y la comedia humana

David Hockney y la comedia humana
Marina Valc√°rcel el

Autor Colaborador: Marina Valc√°rcel
Licenciada en historia del Arte
 

 

 

 

 

 

 

David Hockney Barry Humphries (Marzo 2015)

Las tres salas de la Royal Academy que albergan los 82 retratos y un √ļnico bodeg√≥n pintados por David Hockney en los √ļltimos dos a√Īos y medio, a punto de cumplir 80 a√Īos, destilan algo parecido a la sensaci√≥n que se vive en una parada de metro a hora punta, algo de masa humana, de murmullo y, sobre todo, de mucha electricidad vital. Son tres salas estrechas, sin ventilaci√≥n natural, cubiertas por una b√≥veda de ca√Ī√≥n demasiado presente y cuando uno se abstrae, y se aleja hacia el fondo de la sala, surge un di√°logo peculiar entre el p√ļblico y los personajes que Hockney nos presenta. Algo parecido a un teatro viviente.

 

 

 

 

David Hockney Edith Devaney (Febrero 2016)

 

Son retratos de cuerpo entero, colgados, m√°s bien comprimidos, uno al lado de otro, a escaso medio metro del suelo, nuestros ojos quedan a la altura de sus labios. Todos los cuadros tienen las mismas dimensiones: 1.20 por 90 cent√≠metros, el mismo tiempo de posado: dos d√≠as y medio o lo que √©l llama, en t√©rminos fotogr√°ficos, “una exposici√≥n de 20 horas”. Y responden a id√©nticas coordenadas: todos los modelos est√°n sentados en la misma silla, sobre el mismo estrado, con una cortina azul detr√°s. √önicamente cambian la manera de sentarse y la vestimenta. Son variaciones sobre el mismo tema. El fondo y el suelo son dos masas de color puro, verde o turquesa, que alternan sin aparente criterio. Y las caras, en un rosa y violeta no carnal, presentan unos personajes a punto de estallar, v√≠ctimas de lo que parece una presi√≥n arterial demasiado alta. Todos vienen de un continente donde la luz es distinta. La luz blanca de California. Porque, vistos a cierta distancia, estos cuadros resultan tan brillantes que podr√≠an haber sido pintados sobre una pantalla de plasma. El arte a veces emite luz.

 

 

 

Sala exposici√≥n: 82 retratos y un bodeg√≥n Royal Academy of Arts, Londres. 

 

 

En la primavera de 2013 y, por primera vez en su vida, David Hockney (Bradford, 1937) deja de pintar. Son meses tambi√©n de silencio. Entre su peque√Īo, casi familiar, equipo de trabajo parece dif√≠cil remontar del suicidio, en el estudio del pintor, de Dominic Elliott, su ayudante, despu√©s de beber una botella de lej√≠a en mitad de una crisis de coca√≠na y √©xtasis. Hockney decide salir de Inglaterra hacia su casa de Los √Āngeles. Y es all√≠ donde, el 13 de Julio de 2013 pinta, por sorpresa, a Jean Pierre Gon√ßalves de Lima (J-P), su fiel asistente. Sobre un fondo y una alfombra en los colores alegres y saturados que le caracterizan, este cuadro, sin embargo, retrata la fragilidad de la vida, el duelo y es, quiz√°s, un autorretrato del estado de √°nimo del artista: sentado en una silla, con los pies abiertos, J-P clava los codos en sus rodillas para sujetarse la cabeza entre las manos. No vemos su cara. Imaginamos que llora. Conscientemente o no, Hockney rescata del fondo de nuestra memoria aquel retrato de Van Gogh Sorrowing Old Man, ese anciano tan triste, en id√©ntica postura, amparado por la tarima y las paredes de una caba√Īa, al fr√≠o de una peque√Īa lumbre.

 

Sólo un comienzo

El Retrato de J-P, cargado de fuerza en si mismo, podr√≠a haber sido el √ļnico, aislado en su mensaje. Pero las respuestas de Hockney son siempre inesperadas y a este cuadro le siguen m√°s. Hockney alumbra un nuevo proyecto. Gira desde los enormes paisajes de Yorkshire de su exposici√≥n en 2012, A bigger picture, hacia un lado m√°s √≠ntimo. Es el Hockney incansable. En la era del selfie, de Instagram y de los retratos robados a la vida a trav√©s de m√≥viles y tabletas de los que √©l mismo se nutre, el m√°s importante de los pintores vivos del momento, se detiene y reivindica los dos g√©neros de la pintura tradicional tocados de muerte: el bodeg√≥n, con un banco y unas frutas que Hockney ide√≥ una ma√Īana en la que su modelo falt√≥ a la cita y, sobre todo, el retrato, puesto en duda desde la abstracci√≥n, a principios del siglo XX.

En esta nueva serie todos son amigos, familiares o ayudantes, ninguno de ellos es un encargo, no son independientes, ni est√°n hechos para dispersarse, vender o regalar, son los componentes de una declaraci√≥n creativa √ļnica, una profesi√≥n de fe no solo en favor del retrato sino de la pintura en s√≠ misma. Y por encima de las cuestiones sociol√≥gicas, detr√°s de estos 82 retratos, subyace un an√°lisis en la psicolog√≠a humana. Hockney tiene una inclinaci√≥n por la lectura densa. Por aquel entonces andaba inmerso en Balzac y su Comedia humana. La secuencia de retratos en su cabeza ven√≠a a ser un estudio visual de la humanidad equivalente al proyecto literario de Balzac. Hockney no ser√° nunca un lector de libros ligeros: “La lectura no es un pasatiempos para m√≠. No quiero ver pasar el tiempo sin m√°s. Necesito un proyecto. Algo que me fuerce a seguir adelante. Y ahora mismo estos retratos son mi motor”.

 

 

 

 

David Hockney Rufus Hale (Noviembre 2015)


Urgencia por pintar Hockney cree que el ser humano desde que es ni√Īo tiene urgencia por pintar. Pintar est√° en nuestras ra√≠ces m√°s profundas, de la misma manera que lo est√°n nuestros sentidos. √Čl lo hac√≠a porque estaba fascinado por el mundo que le rodeaba. Y todav√≠a sigue. Se fija en los paisajes abiertos, en el agua, en un bosque impenetrable, en las personas que le rodean, en las plantas… pero su inquietud real es la de poder reflejar todo lo que ve en un conjunto de l√≠neas, puntos y manchas de color.¬ŅC√≥mo se puede trasladar una experiencia visual, un amanecer, algo que engloba un tiempo fugaz, unos vol√ļmenes, el aire, el vapor del agua o las variaciones de luz en un lienzo? ¬ŅC√≥mo se comprime todo eso en la superficie plana? Hace tiempo describi√≥ esta inmersi√≥n en el proceso creativo: “Poder reducir las cosas a una l√≠nea es lo m√°s dif√≠cil”. Adem√°s de ser un prodigio del dibujo, Hockney piensa y compone tambi√©n desde un √°ngulo crom√°tico. Es un admirador de Piero de la Francesca y de Fra Angelico. A los 11 a√Īos se paraba ante una reproducci√≥n de la Anunciaci√≥n del pintor de √°ngeles que hab√≠a en un pasillo de su colegio de Bradford. No es un dato menor. Hay mucho de los pintores florentinos del siglo XV en el pintor ingl√©s: en los colores claros e intensos de los frescos, en el uso de la luz, incluso en su t√©cnica -alternando entre acr√≠lico, √≥leo y acuarela- sugiriendo una b√ļsqueda de efectos parecida a la claridad de la t√©mpera y el fresco. Para esta serie Hockney us√≥ una nueva marca de acr√≠licos que J-P le descubri√≥ y que ofrec√≠a dos posibilidades que √©l cre√≠a especialmente √ļtiles: las ventajas de la acuarela -rapidez, espontaneidad y transparencia-, y tambi√©n las del √≥leo: trabajar en capas de pintura superpuestas permiti√©ndole volver cuantas veces le era necesario sobre distintas zonas del cuadro.

 

 

 

Lenguaje no verbal “Dentro de Hockney hay una fuerza interior que le impulsa a pintar”, dice J-P mientras graba una nueva sesi√≥n de posado: del lienzo y, tras solo 30 minutos de dibujo a carboncillo, va surgiendo el perfil de Rufus, el hijo de Tacita Dean, √ļnico ni√Īo de esta exposici√≥n. Hockey lleva sordo algunos a√Īos, evita las aglomeraciones pero es un conversador incansable, contagioso. No poder o√≠r bien hace que el escrutinio en los gestos y en el lenguaje corporal de sus modelos sea total. Por eso, cuando dibuja, prefiere hacerlo en un silencio casi absoluto, a veces roto por un: “Dame algo de amarillo de cadmio… Ahora un gris neutro, por favor”. Los colores se van mezclando en un par de paletas met√°licas sobre un carro de ruedas detr√°s del caballete. Por la tarde, Rufus volver√° a subirse al estrado, Hockney busca estar a la misma altura que la cara del modelo evitando as√≠ ver los rostros desde abajo, eso le impide ver los ojos al completo. Despu√©s vendr√°n las manos, decisivas para el pintor: “Creo que la piel de las manos nos lleva a la piel de la cara. Si consigues hacer unas manos correctas √©stas siempre conducen al rostro”. En un momento dado, se apartar√° del caballete para rozar el ante de los zapatos del ni√Īo, como analizando su textura. Pensar√° en la sombra que producen sobre la moqueta. Y Hockney, erudito en historia del arte, volver√° abstraerse en su silencio y viajar√° por sus pensamientos en el arte oriental. All√≠ no existen las sombras y las historias de los cuadros de cuentan a trav√©s de distintos puntos de fuga. Volver√° a los pies de Rufus. Fue √©l quien quien dijo: “Una sombra es solo la ausencia de luz”.

David Hockney: 82 retratos y un bodegón Royal Academy of Arts, Burlington House, Piccadilly, Londres Comisaria: Edith Devaney Hasta el 2 de octubre

 

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