Alejandro Aravena, Premio Pritzker 2016

Alejandro Aravena, Premio Pritzker 2016

Publicado por el ene 15, 2016

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Alejandro Aravena, director de la edición 2016 de la Bienal de Arquitectura de Venecia, ha sido también laureado con el premio Pritzker de este año.

Nacido en 1967 en Santiago de Chile,  Aravena fundó su primer despacho en 1994, dos años después de titularse como arquitecto en la Universidad Católica de Chile, y en donde actualmente dirige la Cátedra ELEMENTAL Copec desde 2006. Aravena estableció ELEMENTAL en el año 2000 junto a Gonzalo Arteaga, Juan Cerda, Victor Oddó y Diego Torres definiendo el carácter de este despacho como un do-tank, como manera de subrayar su voluntad de acción en oposición al concepto de think-tank y que centra su actividad en la realización de proyectos de «interés público e impacto social». Ha ejercido como profesor en la Graduate School of Design de Harvard, en el Istituto Universitario di Archittetura de Venecia, la Architectural Association y la London School of Economics. Entre sus reconocimientos previos destacan el León de Plata que se le otorgó en la Bienal de Venecia de 2008 y su nombramiento como Fellow del Royal Institute of British Architects en 2010.

Se destacan entre sus proyectos las Torres Siamesas (Santiago de Chile, 2005), el Centro de Innovación UC (Santiago de Chile, 2014), Viviendas en Monterrey (México, 2010) y Villa Verde (Chile, 2013) o el Plan Maestro de Reconstrucción Sustentable para la ciudad de Constitución (asolada por un terremoto y un tsunami en 2010) y que actualmente está en curso.

La declaración del jurado parece dar a entender que el reconocimiento con el premio Pritzker a Aravena, quien desde 2009 y hasta el pasado año fue miembro de ese mismo jurado, es la voluntad de elevar su figura a la categoría de paradigma, del nuevo modelo que debe guiar la arquitectura por venir. Corroboraría la impresión de que las decisiones de este jurado tienen más que ver con la definición y sostenimiento de un sistema basado en la fuerza del personalismo y en apuntalar las directrices políticas globales más convenientes del momento.

Con la profusa atención mediática recibida por su proyecto de viviendas en la Quinta Monroy en Iquique, uno de los proyectos destacados en la exposiciónSmall Scale, Big Change: New Architectures of Social Engagement’ celebrada en el MoMA en 2010 y que dio el puntapié de salida al auge de la arquitectura social como nueva tendencia para tiempos de recesión global, abrió la vía para afirmar un nuevo pujante perfil idóneo con el que renovar un star-system arquitectónico anquilosado. En 2008 la revista ICON lo alzaba como uno de los 20 arquitectos esenciales y publicaba su efigie en primer plano bajo el titular: “Arquitectura para miles de millones”.

Desde su fundación, ELEMENTAL ha desarrollado más de dos mil quinientas viviendas para sectores sociales desfavorecidos, mediante un proceso que, en sus propias palabras, implica a todos los diferentes actores involucrados en la gestación del proyecto y que definen asimismo como la producción de ‘la mitad de una buena casa’. No obstante, una lectura crítica puede argumentar que su éxito resultaría completamente contraproducente al opacar la trascendencia del trabajo colectivo emprendido por diferentes arquitectos iberoamericanos en los años 60 y de los que, sin otorgar el debido crédito, Aravena se apropia al hacer suyo el concepto de ‘vivienda incremental’ para proponer un modelo de construcción de vivienda que aspira a otorgar condiciones de habitar que gradualmente permitan la mejora y ascenso social.

Aravena ha definido la fundación de ELEMENTAL como la búsqueda de un nicho para sí mismo alejado del saturado espacio de los arquitectos estrella al uso. Su perfil de arquitecto social, abandonado por los medios especializados en los tiempos del auge de la burbuja y la arquitectura al servicio del neoliberalismo, respondería a ese interés en abrir un nuevo espacio para el reconocimiento.  La concesión del Pritzker y su elección para dirigir la Bienal de Venecia corroboran la efectividad de su estrategia. «En su prolongado compromiso por abordar la crisis global de vivienda y lugar por un mejor entorno urbano para todos, Aravena personifica el renacimiento de un arquitecto más comprometido socialmente. Dotado de claridad de visión y gran destreza, lidera una nueva generación de arquitectos dotada de una comprensión integral del entorno construido y ha demostrado sobradamente su capacidad para conectar responsabilidad social, exigencias económicas y del diseño del hábitat humano y la ciudad. Pocos han tratado las demandas de la práctica arquitectónica como un emprendimiento artístico, además de atender a los desafíos sociales y económicos de hoy. Aravena ha logrado ambos y con ello ha extendido ampliamente el papel del arquitecto. Asume múltiples papeles para llevar a cabo el proyecto de vivienda, en lugar de la única posición de diseñador, descubriendo así que las oportunidades para instigar cambios pueden ser creadas por los propios arquitectos.Su aproximación imbuye a la profesión de una nueva dimensión, necesaria para responder a las demandas actuales y afrontar los futuros desafíos», destaca el jurado en su declaración.

Frente a este discurso resulta no obstante interesante reflexionar sobre su apropiación del diseño de los indios ayoreo para el diseño de la Silla Chairless (2010) y convertirlo en un objeto de consumo esnob; o también contrastarlas con el documental 74 metros cuadrados dirigido por Paola Castillo y Tiziana Panizza en 2011 y que muestra la gestación en Valparaiso (Chile) de uno de sus proyectos de vivienda social, y en donde se deja entrever el interés de Aravena por aparecer en los medios en contraste con la escasa comunicación que mantiene con los habitantes de sus casas. Uno de los pilares sobre los que se sustenta la exaltación de Aravena es en gran medida una sociedad, y un ámbito arquitectónico, predispuestos a creer en recetas milagrosas e instantáneas pero con un nulo interés por confirmar los resultados reales de éstas.

Si el premio Pritzker es el reflejo de la arquitectura del sistema hay que suponer que este último tiene un problema: Alejandro Aravena es el cuarto arquitecto iberoamericano que recibe este galardón y cuesta situar a su figura en la línea sucesoria de Luis Barragán, Oscar Niemeyer o Paulo Mendes da Rocha. Resulta ruborizante como mínimo que el premio recaiga sobre quien ha sido miembro de su jurado hasta el año pasado. Seguramente esta pirueta se deba a la necesidad de premiarlo en su momento de auge a riesgo de que, si no se lo premia hoy en su volátil apogeo mediático, su figura tal vez acabe diluida.

Imagen superior: Fotograma del documental 74 metros cuadrados.

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