Entrevista a Carlos Quintans

Entrevista a Carlos Quintans

Publicado por el Jun 15, 2014

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El interés en debatir sobre puntos de vista contrapuestos acerca de un mismo tema fue el origen de la siguiente conversación con Carlos Quintans. Sirva este diálogo para proponer  y aportar componentes de reflexión desde los que seguir elaborando opinión acerca de temas como la aparición de nuevos referentes arquitectónicos que encarnarían un cambio de paradigma y la revisión autocrítica de la figura del arquitecto dentro del actual momento.

Querría iniciar esta conversación al hilo del diferente punto de vista que compartimos respecto al tema de la idea de un cambio de paradigma que, aparentemente, encarnarían las arquitecturas de la austeridad y la responsabilidad social que están ahora mismo en auge. Entiendo tu argumento (que expusiste en uno de los comentarios a la entrevista a Solano Benítez en este mismo blog) pero mi opinión es que nos arriesgamos a que la antigua oligarquía sea remplazada ahora por un nuevo firmamento.

En 2006, el MoMA dedica una exposición a la arquitectura-espectáculo centrándola en el caso de España. Cuatro años después presenta Small Scale, Big Change, enfocando a arquitectos que estaban desarrollando su trabajo en un ámbito radicalmente opuesto al de los divismos y edificios ícono.  A partir de ahí, en mi opinión, intenta comenzar a forjarse  la creación de este nuevo firmamento alternativo de estrellas, pero presentadas como modelos de anti-estrella.

Pasamos de, digamos, Zaha Hadid a Francis Kéré. Este último es un arquitecto muy distinto y que claramente tiene otras cuestiones a aportar, y sin embargo procedemos a presentarlo de una manera equivalente a la que usamos para la primera. En este punto es donde comienza mi crítica: a que parezca imprescindible seguir moviéndose dentro de unas estructuras de figuras referenciales a las que se imbuye de un muy fuerte individualismo, personalismo, de tal manera que no creo posible que puedan articularse otras estrategias para el debate, la reflexión.

Para mí no es una situación nueva y tengo una explicación, desde mi propio punto de vista, para ello. La explicación sobre lo que hacen los otros habría que preguntársela a ellos. Formulo mi opinión desde mi propia experiencia, otros tendrán que explicar las razones de su cambio.

En Tectónica estábamos planteando ya en 1994 que aparecieran en la publicación tanto arquitectura de autor como arquitectura anónima. Pero no sólo la arquitectura anónima que aparecía en los libros que circulaban en aquel momento, también otra que había pasado totalmente desapercibida. Construcciones hechas para solucionar la necesidad y en las que se convivía con el humo, con el frío, con muchísimos problemas, vinculados a culturas desaparecidas o muy antiguas…Unos contenidos que actualmente desde el blog podemos plasmar. Comprendíamos que debían estar absolutamente unidas.

Ahora se está mirando a lo que se realiza en África pero nosotros hemos tenido esa intención y hemos estado observando simultáneamente esas arquitecturas desde entonces, habiendo logrado hacerlo público a partir de 2009. Y son tan intensas, tan interesantes las más humildes viviendas como las grandes obras de ingeniería, o de  la investigación aeroespacial… Estamos convencidos de que la manera de mirar al mundo desde los ojos de arquitecto es extremadamente amplia.

Para mí no existe diferencia entre lo que está realizando Francis Kéré o las construcciones interesantes que allí pudieron realizarse antes, la única diferencia está en que a una podemos asignarle una autoría y la otra es anónima.

Conseguir construir en estos lugares es difícil y creo que debemos transmitir a la gente, como sociedad, la emoción de que se haya podido realizar cada una de esas obras de Kéré o de quien sea.

Tenemos que ser conscientes que en estas obras hay un grado importante de generosidad, de humanidad. Hablamos de la importancia que ha podido tener Fernando Távora a través de su humanidad en Portugal, por ejemplo, y cómo esto ha influido de una forma notable en ese país. Y eso mismo está ocurriendo ahora mismo en otros lugares del mundo. Gracias a José María Sáez, Ecuador es hoy distinto. También Paraguay, gracias a Solano Benítez. Uruguay, Chile y Argentina son países más complejos…Pero el gran mérito de ciertas personas en este momento es que son capaces de transmitir esa energía y reconoces en ellos unos rasgos de generosidad que no estamos acostumbrados a ver. Alguien que se pone a dar conferencias para lograr recaudar un dinero que sirva para curar a su amigo y que está convencido de que puede robar a los ricos para que alguien sin dinero pueda dedicarse a investigar a mí me parece  muy generoso, un Robin Hood.

 

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Casa en Brasil. (Fotografía: Carlos Quintans)

 

Estoy plenamente de acuerdo con esto. Y estoy de acuerdo con el mensaje que hay de base en ello. No obstante, lo que me preocupa es que el arquitecto que procede de ese lado del mundo imposte ahora ese mensaje, lo revista de cierto artificio, para poder imbuirlo de un aura de romanticismo o idealismo para el gusto europeo o primermundista y, con ello, se acaben diluyendo los componentes estrictamente arquitectónicos que verdaderamente sí tienen un fuerte potencial para aportar nuevas ideas, nuevos referentes.

Por ejemplo, me parece que la obra de Francis Kéré posee perfectamente valor y recibir interés por sí mismo sin necesidad de ese prolegómeno que puede ofrecer en sus conferencias sobre unas difíciles circunstancias vitales en sus años de infancia y juventud. De todas formas, hay que decir que –indudablemente con otro propósito ulterior− pero esa especie de uso de un aura pseudo-heroica o mítica que apela a lo sentimental también la realiza Foster cuando narra sus orígenes como si fueran parte de un folletín dickensiano.

Pero yendo a mi pregunta, aunque despojásemos a la explicación de estas arquitecturas de ese componente de historias humanas, muchas estas arquitecturas no perderían un ápice de interés. ¿Por qué entonces es preciso revestirlas de este contenido? ¿No existe una especie de predisposición algo condescendiente que acaba resultando negativa porque se genera una especie de situación en que la corrección política parece hacer completamente inmunes a estos arquitectos? Cualquier crítica se arriesga a ser malentendida, a extenderse a cuestiones que trascienden al personaje y a su trabajo.

Por supuesto que muchos, y yo mismo entre ellos, reconocemos a estos arquitectos mucho más próximos a los conceptos de lo que consideramos que la arquitectura debe ser y cómo debe servir, relacionarse con el individuo y la sociedad. Pero, no obstante, reconozco que se produce esta situación, donde se dificulta la objetividad a la hora de posicionarse críticamente.

Creo que, en primer lugar, es necesario posicionarse. Tengo que ser más crítico con aquellos con los que no comparto opiniones que con aquellos que las comparto total o parcialmente. No puedo decir: «juegas bien, pero no tanto como podrías llegar a jugar»,  primero debo preguntarme si ese a quien me dirijo está jugando al mismo deporte. Desde mi punto de vista creo que no debo entender que nadie sea perfecto en su deporte pero sin embargo reconocer, si procede, que es el más perfecto de los que podamos llegar a tener.

En contraposición a la figura de Francis Kéré, yo pondría un nombre: el de Albert Faus, que me interesa muchísimo ya que se trata una situación contraria. Un europeo que está en Burkina Fasso y únicamente tiene la obra que allí realiza y ha tenido menos trascendencia que otros. Desconozco si Kéré tiene una trayectoria con ‘cara B’.

Hablando de Solano, mi impresión es que es un arquitecto que está hablando de recuperar bosques, masa forestal…Su discurso comienza recordándonos que lo primero que es preciso que tengamos es aire: oxígeno para respirar. En segundo lugar  agua. Tengamos bosques, aseguremos las condiciones para que haya una producción adecuada de alimento con esa agua y luego Solano realiza una arquitectura que nos gustaría tener a todos y hecha con recursos muy pequeños.

 

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Casa en Paderne. (Fotografía: Ángel Baltanás)

 

Un planeta que funcione.

Exacto. Es alguien que te está dando una visión global. Una visión que no pasa por la del estudio de Norman Foster creando una microciudad que, en última instancia, es una isla absurda.

Pero sin embargo, aun reconociendo todos −o muchos− que se trataba de una idea absurda nadie alzó lo bastante la voz como para hacerle saber a Foster que estaba argumentando como sostenible una ciudad delirante, financiada además paradójicamente con dinero procedente del negocio petrolero.

Tampoco se alzó la voz cuando se proyectaba la Ciudad de la Cultura y muchos la esperaban con un optimismo que hoy tendrán que explicar. Todavía hoy no se difunde suficientemente quienes están “manchados” con esta obra.

¿Es exportable, o mejor dicho extrapolable, ese modelo que hoy se propone como alternativa? Solano plantea una arquitectura que se construye según las condiciones laborales que hoy se dan en Paraguay –algo sobre lo que él no tiene en absoluto una responsabilidad directa−, un país donde se dan unas condiciones que, por circunstancias diversas, aquí ya se han superado. No sé si es mejor o peor pero que, creo,  que en el caso de España un posible modelo de solución hacia el futuro podría tener que ver con una arquitectura que investigue en el camino de la tecnificación, una prefabricación más barata que la mano de obra (por lo menos lo era, antes de la crisis).

A mi parecer lo que hay que recabar de Solano no es tanto la forma como el concepto.

Es evidente que es más importante el concepto y creo que él lo explica así. Y sí, Solano no puede inventarse otro Paraguay, tiene que trabajar con lo que allí existe, de la misma forma que trabajan con lo que encuentran alrededor Rafael Iglesia, José Maria Saez o Smiljan Radic (maravilloso conjunto de arquitectos).  Necesitamos que alguien comunique lo que realizan, que se explique para que se entienda adecuadamente.

Por otro lado, se tiende a decir que es preciso ser democrático y que es posible que todo conviva (grandes proyectos con propuestas más mesuradas y austeras). Yo no estoy tan enteramente seguro de eso, o al menos según esos términos en los que se plantea. Creo que hay muchas cosas que podrían desaparecer sin que eso tuviera el menor efecto. En mi opinión es más efectiva la posición más combativa, y no estoy diciendo que sea agresiva o violenta.

Pero Solano es combativo y no está hablando únicamente de arquitectura. Cuando se fotografía lo qué el realiza genera una imagen distinta que te atrae. En este momento, tendemos mirar hacia lo diferente y esto no debe ocultar lo que subyace en su trabajo.

Pero ése es justo el factor en el que yo cuestiono cómo se está planteando la asimilación e interpretación crítica de estas arquitecturas.

Pero ése no es el problema de estas arquitecturas. Se trata de algo meramente accidental. Posiblemente es nuestra culpa el que sea más fácil transmitir una imagen que una frase.

El riesgo de la frase es que acabe convertida en eslogan, y en un eslogan vacío. Y no necesariamente por culpa de quien la emite, sino por el receptor, o el canal. Por eso acabamos a veces resumiendo estas arquitecturas en meros rankings o nuevas figuras de veneración. Ante esto mi pregunta es: ¿qué es lo que estamos creando, o queriendo crear?

Pero hay que entender que el problema es de quien lleva eso a cabo. El problema es de esos comunicadores, ya no hablando ni siquiera de críticos. Esa interpretación para nada tiene que ver con la labor de esos arquitectos.

 

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Casa en Gandarío. (Fotografía: 101)

 

Otro matiz sobre este tema: hace un tiempo, Alejandro Aravena era la figura que se erigía en lo alto de este nuevo podio y, gradualmente, me ha parecido ir percibiendo que es una figura que se ha ido desinflando.

No he estado tan al tanto de su trayectoria pero tiene una es dilatada desde el comienzo con sus libros y supongo que pueda tener altibajos, no sé.

Dejando al margen a Aravena, hablemos de Lacaton & Vassal: también han ido a trabajar a África y enseguida se ha olvidado la labor que han desempeñado allí y que considero que es fundamental para ellos. Y esto se debe a que han estado en África en un momento en que no era interesante comunicarlo.

Por eso mismo creo que debemos mirar a fondo y reconocer si estamos hablando realmente de una arquitectura con genuino compromiso social o de una arquitectura limosna, y de una limosna farisea y totalmente oportunista, usada para ganar un protagonismo vanidoso. Ése es el motivo por el que reiterado infinitas veces que me cuesta mucho creer que existe realmente en el caso de Aravena una genuina intención de intervenir sobre las estructuras sociales para generar cauces para incrementar la igualdad social, mejorar sustancialmente las condiciones de vida y expectativas de progreso de las personas a las que se destinan estas viviendas.

Cuando estás en Chile, en la universidad y convives todos los días con una mediagua, pasas todos los días por delante de esta unidad mínima de vivienda, creo que algo tiene que quedarse en tu cabeza. Si consigues mejorar esta vivienda de emergencia puedes llegar a dormir un poco más tranquilo. Ignoro si ésa es la actitud de Aravena en particular, pero tras mi experiencia de un tiempo en la Universidad Católica de Chile, abriendo una puerta y viendo a diario una mediagua, comprobando qué había dentro, como te podías mover o guarecer. Si yo viviese permanentemente allí querría mejorar las condiciones de las personas que ni tan siquiera pueden llegar a ella.

A partir de esa labor que me reconforta, soy compensado, bien económicamente o con halagos y somos humanos, nos gusta que nos quieran; ésa es una parte bonita del ser humano.

El problema es cuando ese trabajo efectúa una apropiación de otras aportaciones previas o contemporáneas, y se las ensombrece en estricto beneficio propio, tanto económico como en elogios.

Esto ocurre a menudo, algunas personas tienen la capacidad de convertirse en altavoces y algunos de estos ensombrecen al resto. Sin esos altavoces podríamos estarnos perdiendo muchas cosas.

A mí me alegra que haya podido reconocerse a Rudofsky aunque existan cientos de trabajos previos que ya tenían consistencia, pero él ha conseguido algo que tenemos que agradecer enormemente aunque esto lleve aparejado algún olvido.. Posiblemente reconociendo a Aravena, aunque sea de una forma que algunos puedan considerar excesiva, estemos consiguiendo visibilizar muchas cosas que estaban tapadas a nuestros ojos.

Trasladando la conversación a nuestro ámbito inmediato y al perfil del arquitecto de los últimos tiempos: ha acabado una época de excesos, se ha instalado una crisis –parece ser, condenada a quedarse por mucho tiempo−. ¿Tienes la sensación de que estamos usando realmente este momento para reflexionar? ¿Tendríamos que haber reaccionado antes? ¿Hay riesgo de que si, finalmente esta crisis acaba, regresemos a ese antiguo modelo del que deriva esta crisis?

Creo que éste es un momento de reflexión pero, lejos de estar preparando lo que debe suceder, se está dedicando el tiempo a la queja. Ni tan siquiera a la búsqueda de responsabilidades; algo que, al menos, podría ser una actividad ejemplificante y extraordinariamente efectiva para generaciones futuras.

Estamos mirando hacia la magnificación del ego del arquitecto, hacia aquello que desde las escuelas se ha estimulado y se está olvidando lo que una sociedad depredadora ha alentado: la especulación y la construcción inútil en el exceso más brutal que se ha podido plantear en la historia, una barbarie a la que se han dedicado todos los recursos disponibles.

Puestos a repugnarme, lo hace mucho más la el exceso vinculado al negocio porque ha dañado gravemente a la ciudad, pero también a todo el territorio: a los espacios potencialmente ricos para la agricultura y para cualquier sistema productivo. En mi opinión, ahí se encuentra el gran problema.

Lo sorprendente es que aquellos vinculados al negocio inmobiliario, sea por acción o dejación, estén criticando la magnificación de la diferencia, olvidando sorprendentemente lo que han realizado.

La actual crisis ha sido provocada por los procesos bancarios ligados a una producción inmobiliaria que no debiera haber existido en ningún momento. No estamos en crisis sólo por un centro cultural arriba o abajo, aunque también parte de la causa sea eso. Estamos en crisis porque los bancos han dado dinero para destruir nuestro territorio y ya no quedan recursos para repararlo. Y no estamos debatiendo cómo hacer una banca ética; no estamos planteando en qué deben gastarse nuestros recursos, no estamos analizando realmente la magnitud del problema porque, a día de hoy, deberíamos estar calculando lo que hay que y lo que se necesita arreglar.

En mi opinión, ése es el gran paradigma del momento actual: redefinir cómo podrían ocurrir las cosas. Pero la gente está únicamente pensando en cómo salir armado de este momento y mientras dice: «yo no soy el culpable y yo quiero mi trozo de tarta económica».

Seguimos sin un planteamiento mínimamente ético con la sociedad y especialmente con nuestro colectivo de arquitectos.

 

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Casa en Paderne. (Fotografía: Ángel Baltanás)

 

¿No estaríamos en este momento, que creo que no podríamos considerar inestable –porque la inestabilidad podría ser algo positivo− sino vacío debido a que todos esos egos y esa globalización mal digerida dejaron a la arquitectura hueca de contenidos y transformó en una cuestión frívola o irrelevante el hablar de ética, de sostenibilidad…? Mi opinión es que, con anterioridad a la crisis, había ya claramente una crisis por una ausencia de proyecto, de destino, o de ideas respecto a de qué formas debía producirse la arquitectura.

Por supuesto que muchas voces sensatas han hablado de una ausencia de proyecto, de destino; sin entrar a valorar que tal existencia de proyecto pudiese valorarse como positiva. Pero no ha interesado que se mostrasen estos argumentos.

Creo que, analicemos lo que analicemos, reconoceremos que se producen ciclos cuya duración ha obedecido a distintos criterios y que posiblemente vayan siendo más cortos.

Es evidente que es un momento vacío y perversamente  frívolo por parte de quienes se atribuyen capacidades para orientarnos

Te planteo la siguiente pregunta por tu carácter de editor: ¿qué papel juega esta necesidad de novedades por parte de las publicaciones? Esta necesidad de estar generando constantes expectativas ha podido, en muchos casos, sobrepasar a los arquitectos. Y la crítica, en lugar de ser el elemento que pausase esa dinámica, en el sentido de reflexionar y cuestionar, parece haber actuado en algunos casos como una especie de cómplice que ha estado alentando esa dinámica. ¿Coincides con esto?

Creo que se trata más bien de un tema económico. Parece que los estudios necesitan una ingente cantidad de obras frente a lo que podía considerarse normal en otros momentos. Los estudios reconocidos son enormes depredadores que imposibilitan el crecimiento de otros de menor envergadura y reconocimiento mediático.

Es difícil hoy en día encontrar el equilibrio,  reconocer la escala del trabajo que necesitas e intuir los problemas que puedes encontrar al crecer de una forma que no corresponde.

Lo lógico es que  podamos recoger la recompensa para nuestro trabajo, para vivir, disfrutar, viajar, estudiar…. y hay muchas equivocaciones sobre lo que debe realizarse para situarse en esta situación lógica. Los estudios tienen que funcionar con un mínimo de normalidad; pero la realidad es que realizas un edificio maravilloso y no has pagado las facturas que te ha generado, mientras que dedicándote a otras actividades podrías solucionar tu vida. Ésa es la realidad, y eso nos ha obligado a multiplicarnos y a proyectar mucho más que a lo largo de toda la historia. En mi caso, tengo muy poca producción construida (que no se corresponde con la gran cantidad de proyectos iniciados) y siempre me pregunto si he encontrado el marco adecuado para realizar mi actividad. Me parece que la relación de proyectos fallidos con respecto a la de construidos y finalizados no alcanza el 5%. Y me considero afortunado, pero resulta impresionante pensar que el porcentaje es tan bajo.

La sociedad no ha sabido aprovecharnos, tira nuestro trabajo inútilmente. Desperdicia toda la intensidad que nosotros podríamos dedicar. No creo que sea tanto un problema nuestro, es más bien un problema que se nos ha generado y yo creo que en ello están las mismas equivocaciones de siempre.

Y, manteniendo la reflexión dentro de la participación que la identidad mediática de la arquitectura construida a lo largo de este tiempo ha podido tener, ¿crees que uno de esos posibles motivos de desperdicio de la genuina capacidad de la arquitectura ha sido el que se haya generado una cultura arquitectónica meramente basada en un imaginario de ficciones (que incluye tanto a edificios, propuestas de edificios y a arquitectos-estrella) totalmente desconectado de la realidad del significado de la arquitectura?

Totalmente de acuerdo en que la cultura arquitectónica parece basarse únicamente en la imagen, pero también creo que nos acercamos a un momento en que podemos estar menos alejados de la sociedad. Supongo que la imagen generará dinero y proyectos, ya que no hay más que ver cómo crecen determinados estudios.

Cada vez somos más conscientes de cosas tan obvias como que la arquitectura debe resultar cómoda y por fin aparece  más vida en las imágenes de arquitectura.

Personalmente, lo más bonito que me ocurre es comprobar que hay personas que viven o visitan mis obras y me cuentan que se sienten cómodos en ellas. Quienes más me emocionan son los que me dicen que no saben por qué les sucede esto, que no saben representar a través de palabras las sensaciones, pero que inconscientemente se sienten en un lugar que no se corresponde a lo que ellos podían imaginar como un entorno propio o adecuado, pero que se sienten a gusto.

 

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Casa en Barreiros. (Fotografía: Ángel Baltanás)

 

Esta vivencia de la arquitectura como proveedora de un cobijo afectivo, placentero, revela algo crucial en oposición a esa otra arquitectura concebida meramente como imagen. ¿Crees que ha habido un empalagamiento de esta arquitectura que no era más que imagen y que, al adentrarse en ella, era incapaz de producir el menor efecto, la menor impresión?  Tomemos por caso la Ciudad de la Cultura, por ejemplo, que es fundamentalmente una escenografía.

Provocaba espectáculo, del tipo que sea, pero como en el Barroco o el Gótico –lógicamente, más en este último− hay unos argumentos de peso (nunca mejor dicho) tras esa emoción. La historia nos ha dejado edificios que trascienden a su época, casi siempre  son representación del poder, o de Dios. Era el espectáculo llevado a su grado extremo. Y seguimos en lo mismo: seguimos representando quizá menos a Dios pero sí al poder. No debemos olvidar que nosotros no podemos realizar una actividad ajena a la economía. No podemos costear nuestros proyectos, necesitamos de quien quiera y pueda hacerlo.

Lo que ocurre en el momento actual es que mucha de la arquitectura que se realiza es un decorado extremadamente frágil que puede durar muy poco y que necesita de mucho cuidado.

Y que ha llevado a esta incapacitación para disfrutar de la arquitectura en crudo, por decirlo de alguna manera. O mejor dicho, no a incapacitar sino a olvidar que ese goce, ese vínculo más profundo con la arquitectura en lo material y espiritual, era de hecho su propósito.

Si, parece que no apreciamos la serenidad. Buscamos la emoción instantánea frente a la tranquilidad y es difícil la convivencia de ambos aspectos.

 

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Casa en Gandarío. (Fotografía: 101)

 

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