Satirizar la arquitectura. Entrevista a Klaus (1ª parte)

Satirizar la arquitectura. Entrevista a Klaus (1ª parte)

Publicado por el mar 21, 2014

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Cada una de las viñetas y caricaturas de Klaus es un afilada reflexión crítica sobre el estado del presente de la arquitectura. El valor del humor como medio para desmitificar y cambiar perspectivas es el tema de esta entrevista, de la que a continuación, acompañada de sus viñetas,  se ofrece la primera parte. 

Explicas que Klaus surgió como un desdoblamiento que te permitía explorar tu parte intelectual y creativa más lúdica, y que es en la actualidad sin embargo Klaus a quien solicitan publicaciones críticas de envergadura  ¿Cómo se produjo el desdoblamiento entre ambos?

A decir verdad, «Klaus» existía ya antes de ser un seudónimo. Es un anagrama de mi verdadero nombre que me hacía bastante gracia, así que cuando inicié la publicación tiras cómicas y decidí desdoblarme, se presentó como la opción natural. El nacimiento de Klaus como seudónimo fue, en cualquier caso, bastante prosaico: cuando comencé publicar las primeras caricaturas, que eran bastante inocentes, comenzaba a escribir mis primeros artículos de investigación, algunos en la misma revista.

Como todos sabemos, el mundo de la arquitectura se construye sobre una legitimidad intelectual que es percibida como muy frágil desde dentro de la propia disciplina, lo que genera una típica ‘supercompensación’. Y así, como esas humildades aparentes que nacen de una colosal soberbia interior, en la arquitectura nos encontramos con una arrogancia que proviene de un enorme complejo de inferioridad, Funcionamos a menudo como artistas, pero lo que hacemos no es ‘arte en estado puro’: nos encanta insuflar de filosofía nuestros discursos (“inflar de”, más bien)  pero generalmente con una superficialidad preocupante (otro arquitecto más masacrando a Deleuze no, por favor). Y cuando nos echan en cara nuestras veleidades formales, nos refugiamos en nuestra calidad de técnicos. Pero no somos ingenieros. Gracias a Dios, por otra parte.

Esta localización de la arquitectura en una incómoda tierra de nadie entre el arte, la filosofía y la técnica, hace que desde la ortodoxia se mire con recelo cualquier hibridación con disciplinas menores que amenacen con socavar su pedigree intelectual. La arquitectura puede mirar hacia arriba, a la literatura, la escultura o la pintura, pero que mire a la cultura popular… Así que, en un primer momento, ‘Klaus’ nació como una forma de evitar sentirme observado y hacer, básicamente, lo que me diera la gana. Tampoco es que tuviera una voz muy distintiva. En realidad todo era bastante inocuo. Hasta que, un tiempo después, Klaus toma el poder y las tornas se invierten.

 

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Ilustraciones correspondientes a la primera etapa de Klaus. Al respecto comenta que “como las ideas vienen en racimos, pronto tenía unas cincuenta tiras dibujadas, y bocetos para varios años de publicación que ahora está en el fondo de un cajón en mi estudio.”

 

Klaus se transforma en la figura principal, por delante de ‘el otro’ y esta disociación genera una nueva voz. ¿En qué se diferencia o diferenciaba la voz específica de cada uno de ellos?

Bueno, lo cierto es que esta primera etapa “blanca” tuvo una duración relativamente breve. La revista que las publicaba cerró, y yo emigraba a Estados Unidos, a una estancia en el Graduate School of Design de Harvard que comenzó siendo un paréntesis de un año y terminó prolongándose dos más. Así que decidí guardar a Klaus en un cajón y dedicarme a otras cosas, salvo por participaciones esporádicas en publicaciones satíricas alejadas de la arquitectura. Esto no quiere decir que dejara de dibujar: seguí llenando cuadernos con notas que despertaban bastante curiosidad, pero nada destinado a ser publicado. Sin embargo, en el que resultó ser mi último año, hubo un momento en que pensé: «¿y si..?» [en una reciente entrevista en la revista MAS Context rememoraba el momento exacto] Y decidí resucitar a Klaus para realizar una serie de viñetas satíricas sobre la vida en el GSD, aunque esta vez el tono era bastante diferente.

 

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“An Inconvenient Gore” y “Palin on demand”, dos de las viñetas satíricas realizadas por Klaus para The Harvard Satirical Press, durante su breve exilio de la arquitectura.

 

Para este momento, la ilusión de mis primeros años de profesional se había ido disipando. Lo cierto es que mi experiencia americana me transformó de manera bastante radical, erradicando cualquier optimismo y sacando a la luz el viejo desencantado, descreído, gruñón y cínico que siempre he llevado dentro. Arquitectónicamente soy decididamente ateo. Y ni siquiera como fruto de la reflexión, sino de la simple resignación: el mundo del star system arquitectónico es ridículo, y Harvard es un ecosistema fascinante, en este sentido, con todas esas vedettes y sus manierismos entrando y saliendo, mostrando sus plumas… pero también siendo objeto tanto de adoración como de las críticas más feroces, injustificadas y divertidas. ¿Has estado alguna vez en una presentación con un grupo de PhD students [estudiantes de doctorado] ? Te despellejan vivo.

 

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Una de las tiras caricaturizando la vida en el GSD; en este caso, la presentación del proyecto “Ordos” con Jeff Kipnis y algunos de los arquitectos participantes, que asintieron a todo lo que este decía. “Fue tan lamentable como divertido”, comenta Klaus. “Inge Rocker llegó a contestar, ante una crítica de Kipnis, que esa parte del proyecto no la había decidido ella sino su socio.” A la derecha, Luis Ortega, uno de los pocos que plantó cara.

 

Así que este es el caldo de cultivo en el que comienza tu etapa como crítico de la actualidad arquitectónica.

Sí… No sé si ‘crítico’, o simplemente cínico, satírico…’sátiro’ me gusta. En cualquier caso, estas tiras, que inicialmente eran para consumo privado, comenzaron a publicarse en el Trays Online Journal, y, poco después, decidí abrir Klaustoon’s Blog, publiqué la caricatura que mezclaba a Koolhaas y Obama… y hasta hoy [una descripción más detallada de esta etapa puede encontrarse en la entrevista para MAS Context anteriormente referida].

Después de eso, Klaus se independizó del GSD, y comencé a utilizarlo para hablar de (y dibujar) todo lo que me apeteciera, desde la actualidad de la arquitectura a los puntos más recónditos de su historia, y mis obsesiones personales: Reyner Banham, Lebbeus Woods, François Schuiten, Borges, el cine, la ciencia ficción… Y para mi sorpresa, no sólo comenzaron a contactar a Klaus para realizar viñetas e ilustraciones, sino para escribir artículos. Pronto descubrí que, paradójicamente, Klaus me daba acceso a ámbitos académicos que le estarían vedados a mi otro yo.

 

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«On Starchitecture, seguramente la caricatura relacionada con la arquitectura más difundida de la web. Aquí, en su contexto original. Tras esta primera, Klaus continuó exprimiendo la gallina de los huevos de oro en su serie ‘Kunst Haas’»

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«Latour in Urbicande, parte de una serie sobre los filósofos Bruno Latour y Peter Sloterdijk en la que Klaus juega a mezclar las “networks” del francés y la ‘réseau’ del álbum “La Fiévre d’Urbicande”, de François Schuiten y Benoît Peeters.»

 

Al hilo de esta reflexión tuya: «La reemergencia de la sátira aparece como un contrapeso natural, ofreciéndonos un modo de burlarnos de nuestros amados-odiados ídolos que es, aparentemente, ingenuo, inofensivo (pero con el potencial de volverse realmente ofensivo), y sublimar nuestra frustración a través de la risa irónica, en lugar de mediante una amarga crítica a la cara, mientras simultáneamente refuerza la (com)posición del ‘who’s who’ arquitectónico» [Del artículo "Tell Me More!" publicado en la revista noruega Conditions] surgen varias preguntas o temas para conversar.

Por un lado, la cuestión del amor-odio hacia los ídolos. ¿Cuál es la cronología que tú trazas sobre la variante más reciente de esta relación (el star-architect al uso)?

En otro lado ya comenté [en MAS Context: El artículo "Modern Talking - Don't You Forget About Me"] que la figura del arquitecto estrella, y del arquitecto mediático, agitador de masas, es al menos tan antigua como la propia modernidad, y seguramente tanto como la propia profesión. Si acaso, este proceso de idolización se ha visto potenciado por la revolución de las comunicaciones, la bonanza económica y, paradójicamente, la crisis.

La segunda mitad de los 90 trajo consigo dos fenómenos paralelos: el boom económico en varias partes del globo y el advenimiento de internet. Esto fomentó que, por una parte, la arquitectura recuperara su papel de elemento de marketing, lo que devendría, efecto Guggenheim mediante, en una inevitable banalización, merced a unos poderes interesados en los aspectos más folklóricos de la misma.

Por otra, la potenciación mediática auspiciada por la globalización, contribuyó a que aquellos que estaban situados más arriba en la escala se hicieran exponencialmente más conocidos, et voilá, la “starchitecture” está servida. Si vas a gastarte millones de euros (o dólares, o petrodólares), en un edificio, entonces mejor que sea “un Gehry”, o “un Koolhaas”… o “un Calatrava”. Esto no ocurre sólo ahora. Ahí tienes los proyectos de Kahn y Le Corbusier en Asia. Ahora es, simplemente, más evidente, por su escala y por su mayor visibilidad. En cualquier caso, la sociedad necesita ídolos, y los arquitectos más que nadie: no hay más que ver la evolución de la revista El Croquis para corroborarlo.

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“Banham Style”, una viñeta en la que el hit del momento se mezclaba con algunos de los invariantes de Klaus: la obsesión por Reyner Banham y la utopía de los 60, Jimenez Lai, y él mismo.»

 

De tu reflexión se trasluciría el hecho  – con el que estoy totalmente de acuerdo – de que se ha tenido una reverencia hacia ellos que ha frenado en gran medida la posibilidad de realizar hacia ellos una crítica agresiva directa (no entendiendo agresivo como desde una brutalidad gratuita, sino esa confrontación directa a la cara sin complacencias, ni temores).

¿Qué papel o responsabilidad crees que ha tenido la crítica en la cimentación de esas fascinaciones ciegas, en las creaciones de esas auras y en el hecho de convertirlas en prácticamente intocables desde un discurso crítico, digamos, ortodoxo?

¿Han sido la causa intereses, amiguismos…o bien una terrible indolencia intelectual, o a la inversa, un exceso de forzada intelectualización complaciente? Y señalo esto último particularmente por el hecho de que el humor de tus viñetas posee una vertiente humorística-crítica que se reconoce claramente surgida de una seria reflexión intelectual. Es decir: tu humor alude muy a fondo a cuestiones verdaderamente muy serias.

¿Tú crees? Bendita polisemia… Lo cierto es que si algo tienen mis viñetas es que su humor es bastante poco sofisticado (por Dios Santo… ¿”Banham Style”?). Lo que sí ocurre es que está trufado de referencias -innecesarias en su mayoría- que hacen que a menudo sean bastante incomprensibles, más allá de lo obvio. Si fuera Sergio Leone, diría que en este mundo hay dos tipos de personas: unos son los ingeniosos, que son aquellos con la habilidad de captar la esencia de las cosas con asombrosa facilidad: aquellos que te hacen pensar «¿por qué no se me ha ocurrido a mí?», mientras los admiras y odias a un tiempo. Los otros son los enrevesados, aquellos que hacen chistes que sólo puedes entender a base de rebuscar en los dobles sentidos… y aun así no tienen gracia. Yo pertenezco a los segundos. Me beneficio, supongo, de que gracias a ello, uno puede leer en esto (casi) lo que quiera: a la gente le intriga lo que no (se) entiende. Por otra parte, a todos nos resulta muy gratificante cuando entendemos esa referencia destinada a “iniciados”, que nos permite sonreir por un momento con cómplice superioridad. Es el efecto Dan Brown.

En cuanto a la crítica del star-system, creo que sí que existe, y es en ocasiones muy descarnada. El problema es, por una parte, que el escalón en que se produce es el más bajo, y a medida en que se asciende, se va difuminando, como señalas; por otra, incluso los ataques críticos no hacen sino fomentar que se hable del personaje, y esto les beneficia. Que se lo digan si no a Rem Koolhaas.

¿Qué es lo que consideras que hace parecer más benevolente, o menos claramente abierta a polémicas agrias, la crítica que se presenta desde un formato humorístico? 

Precisamente a que se sobreentiende que el humor juega con la exageración, por lo que la carga crítica queda diluida en su contexto dentro del gag. El lector entiende que las afirmaciones -críticas- que se hacen tienen un sustrato de realidad, pero están llevadas al extremo para buscar el efecto humorístico. Es lo mismo que ocurre con la violencia extrema, o con el abuso verbal exagerado. llega un momento en que su inverosimilitud los hace cómicos… e inocuos. Cuando la crítica entra en el terreno de la sátira, el lector comprende que no intenta ser justa, y esto la hace más inofensiva. En el caso de la caricatura, hay también una cierta carga de estatus asociada. Al fin y al cabo, sólo unos pocos elegidos −políticos, reyes, personalidades en general− son objeto de caricatura.

 

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Rem Koolhaas se viste de Papa tras su nombramiento como director de la Biennale.

 

Una de tus viñetas más sagaces y políticamente incorrectas es la que presenta a Wang Shu como un gato chino de la suerte, poniendo de manifiesto la sumisión del Pritzker (Occidente) a China. Eisenman aparece en las viñetas como el eterno y enfurecido candidato. ¿Cuál es tu visión del papel del Pritzker dentro de esa (com)posición del ‘who’s who’ arquitectónico y de los flujos (económicos, políticos globales) que lo mueven ?

Los Pritzker son habitualmente reconocidos como el Nobel de la Arquitectura, pero en realidad, son más los Oscars de la profesión: unos premios que un cierto establishment se concede a sí mismo, según unos criterios variables, que dependen de múltiples intereses. En el caso de Wang Shu (adorable homofonía con “One, Two…”; hay un chiste ahí esperando a ser escrito), parece difícil desligarlo de la creciente preponderancia de China en el panorama geoeconómico, y lo mucho que esto alarma a occidente. No es que Wang Shu no tenga una carrera estimable (más aún, seguramente, en unos años), pero es innegable que resulta conveniente premiar a un arquitecto del gigante asiático. Esa fue una caricatura que se hizo sola.

A Eisenman –que, reconozco, es una debilidad personal- supongo que será difícil premiarlo si no es a título póstumo, aunque quizá me equivoque. Lo de representarlo siempre enfurecido es inevitable. Se ha tomado siempre tan en serio a sí mismo que es muy divertido.

 

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“Enter… The Asian Giant”. Ilustración realizada con ocasión del Pritzker 2012, con Wang Shu caracterizado como un gato chino de la suerte.

 

Por algún retorcido motivo, hoy en día se ha puesto en boga la idea de matar a la crítica, o de proclamar su muerte. ¿Qué opinión te merece esta afirmación sobre la desaparición de la crítica, que procede a menudo de figuras de quien sería particularmente deseable una autocrítica? ¿Se decreta la supuesta muerte de algo que en este momento de crisis, de revisiones, resultaría tan particularmente deseable como peligroso?

Es el ciclo natural, ¿verdad? El proclamar la muerte de las cosas, me refiero. En el último siglo y pico hemos matado al arte, a la arquitectura (esto se remonta ya a Victor Hugo, en realidad), a Dios, al rock, al Movimiento Moderno… Le iba tocando ya a la crítica, así que estamos en un momento post-crítico.

En general, es el problema de las etiquetas: se gastan. Así que, cuando pasan de moda, necesitamos inventarnos otras nuevas, o declararnos insertos en el momento posterior. Uno de los ejemplos más divertidos es el del post-cyberpunk, que nace en los 90, cuando el sello cyberpunk ya había perdido su carga de novedad. Pero he de admitir que a mí mismo me fascinan el postmodernismo −o el post-rock−. Yo no soy un crítico. La crítica es útil. Soy más bien un reivindicador de lo cínico, lo inútil. Entre lo importante y lo interesante, me quedo con lo interesante. Siempre.

Satirizar la arquitectura. Entrevista a Klaus (2ª parte)

Sobre Klaus: “Actuando originalmente desde Harvard (EE.UU.) y después ‘desde algún lugar de Europa’”, el arquitecto y caricaturista Klaus lleva casi una década azotando con sus viñetas las conciencias del status quo arquitectónico. Parapetado tras su seudónimo, este dibujante (en realidad académico y profesor universitario) ha hecho de su particular nicho una herramienta de crítica. Desde que abriera su plataforma Klaustoon’s Blog, hace ahora exactamente cinco años, sus viñetas y artículos han sido publicados en revistas como Clog, eVolo, Harvard Design Magazine, (In)Forma, MAS Context, Praxis, Project International, Studio, Volume, proyectos como The New City Reader o libros como Goodbye Topolinia y the Importance of the Way Stories Are Being Told, y su obra ha sido expuesta en Cambridge, Chicago, Barcelona, Londres, Nápoles o Portimao. Actualmente colabora regularmente con las revistas Uncube, Aequus y Arquine, y acaba de editar un número especial de la revista MAS Context centrado entre las interacciones entre arquitectura y narrativa gráfica.”

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Éste es un espacio de opinión sobre el momento actual de la arquitectura. Para aportar temas, cuestionamientos e ideas y queriendo huir de los peligros de todos esos mitos y mitificaciones. @fredymassad Más sobre «La viga en el ojo»

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