Ciudadano Rajoy

La salud democrática de España, superados casi doscientos años de trágica historia, se medía por el número de expresidentes vivos. El último asesinado, tras Cánovas del Castillo, Prim, Dato y Canalejas, fue Carrero Blanco. A partir de Adolfo Suárez, el primero elegido en las urnas con plena libertad, podíamos celebrar la buena forma de la que han gozado nuestros ex primeros ministros. Faltaba tan sólo que fueran capaces de superar el síndrome del jarrón chino y marchar con dignidad y alegría. No fue posible. Casi todos los inquilinos de La Moncloa se fueron enfadados y con cierto punto de amargura. Supongo que Mariano Rajoy está dolido por la forma en que terminó su Presidencia. Nada nuevo, por otra parte, en la contemporánea sociedad líquida, populista y del fraccionamiento electoral. Ha pasado, sin embargo, a ser el ciudadano Rajoy. Abandonó de manera ejemplar la primera línea y ahora vuelve a su puesto de trabajo, ganado a pulso hace muchos años. No habrá pensión, ni puertas giratorias, ni consejos… solo su empleo, como cualquier otro contribuyente. Otra vez ha puesto el listón muy alto. Por su normalidad y sentido común. Gracias.

RESPETO

Emmanuel Macron acaba de dar una lección a un joven compatriota que osó tutearlo en la distancia, en el curso de un acto oficial. Le explicó que debe tratarlo de usted, que él es el presidente de la República Francesa, que hay que cantar el himno del país y que, si quiere hacer la revolución, trabaje para merecer el respeto de los demás. Parece increíble que algo tan obvio se haya convertido en la noticia más comentada en Francia el día de ayer. La dictadura de lo políticamente correcto nos está haciendo menos cultos y, sobre todo, más maleducados. Recordemos a ese otro muchacho que golpeó a Mariano Rajoy de manera inopinada en la misma ciudad de Pontevedra. Desconocemos aún el trauma que desencadenó en el chaval semejante violencia. Macron tiene toda la razón: si educas a tu hijo en el rigor, el respeto, la disciplina y en los buenos modales, estás creando un demócrata; si le permites chillar en los actos públicos, insultar o agredir, estás modelando un dictador. La pedagogía que ayer ejerció el mandatario galo es una buena vacuna contra las dictaduras.

ESPECTÁCULO

Cuando solo tienes 84 escaños y llegas a la Presidencia por una rocambolesca moción de censura, sin que el pueblo soberano te haya dado su apoyo, sino al contrario, toca hacer malabarismos para justificarte. Poco más está en tu mano. Por eso andamos en la política espectáculo. Nada que le vaya a mejorar la vida a usted ni al vecino. Lo de menos es el fondo; solo importa lo superficial. Apenas lleva unos días Pedro Sánchez en La Moncloa, y ya hay reportaje gráfico de sus carreras, reuniones, hábitos… sin olvidar, por supuesto, a su querida perrita. Una mala copia de un presidente acomodado, centrado y de dilatada trayectoria. Si algo caracteriza a Sánchez es la prisa. Hasta para vender su mudanza a la residencia oficial. Todo es pura propaganda. En realidad, en lo sustancial, el actual Ejecutivo mantiene los fundamentos del anterior. El inconveniente de la simulación es que no resiste al largo plazo. Ya veremos cuánto tiempo dura este Gobierno y cuánto daño hace a la economía. Porque cuando las cuentas van bien, no nos acordamos del buen administrador, pero cuando van mal…

LA JAURÍA

Prolifera en España una jauría que destroza reputaciones y trayectorias profesionales. Tiene razón Màxim Huerta cuando la denuncia, pero se equivoca al situarla a un solo lado del espectro político. Desgraciadamente, esa retórica que Sánchez y los que le apoyaron utilizaron para auparse al poder con solo 84 escaños es la misma que se volverá contra ellos. Acaso creen los socialistas que los demás ni sangran ni les duelen sus heridas. Tal vez confían en mantenerse ajenos a la pulsión inquisitorial que también ellos han fomentado: agitaron con gusto a una justiciera sociedad española que clama cada mañana, en radios y televisiones, por ejecuciones simbólicas e inmediatas en la plaza pública de los medios. Dice Joaquín Leguina que para ser político hoy se requiere ser tan virtuoso como la Virgen María. Bastaría con que se serenase a la ciudadanía y valorásemos más a quienes están dispuestos a comprometerse con el servicio público. De todos modos, hace años que hemos expulsado a los mejores de la política. Por eso pasa lo que pasa. La jauría está con sus dientes afilados en las dos orillas del río.

DESDRAMATIZAR

La actualidad es caótica, y en los periódicos tendemos a ordenarla. Ayer fue una jornada de esas en las que las redacciones van de sobresalto en sobresalto. En realidad, llevamos una temporada en que no hay día sin su afán ni sin noticia de relumbrón. Los países con democracias normales tienden a ser aburridos. El nuestro resulta divertido en exceso. El miércoles comenzó con Màxim Huerta como ministro con antecedentes por fraude fiscal y concluyó con José Guirao en su cartera de Cultura. Por el medio, Lopetegui fue destituido como seleccionador y Urdangarin ya sabe que irá a la cárcel antes de cinco días. ¿Alguien da más? Es así la trepidante actualidad de una sociedad marcada por la velocidad. Aprendamos, de todos modos, a desdramatizar. Ese sentido trágico de la vida, tan español, deberíamos erradicarlo de nuestra cotidianidad. Nada trascendente ocurrió ayer. En la duda, libertad. Y ayer buena parte de España quedó instalada en la perplejidad. Las penas y vacilaciones de hoy, desde lejos y con el paso del tiempo, ni tristezas son. Veamos qué nos trae el nuevo día.

LA DEMOCRACIA ES MÁS

¿Hay que darle cien días a este Gobierno? Es una regla no escrita. Lo que no puede negar Sánchez es que su gobierno no ha sido maltratado por la prensa. Sus terminales mediáticas muestran un entusiasmo de tiempos pretéritos. Alabanzas más propias de otros sistemas blindados a la crítica. El resto han sido muy considerados. Es lo que hemos llamado «efecto Borrell». Ahora toca empezar a gestionar de verdad, más allá de detalles calculados, envueltos en la parafina de la demagogia. Por ejemplo, es increíble que de diecisiete ministros ni uno solo estuviese ayer en el Congreso, cuando se debatía sobre violencia machista. Pero no se preocupen. A la izquierda se le perdona todo, incluidos los ERE andaluces y mangancia diversa. Es el problema histórico de España. Una parte cree que la otra parte no está legitimada ni para gobernar ni para hacer periodismo, ni para nada… La democracia no empieza cuando se gana una perversa moción de censura ni termina con un Gabinete de probeta. La democracia es mucho más. Entre otras cosas, respetar la libertad del contrario a pensar y decir diferente.

CORTINAS DE HUMO

Este Gobierno, que no hemos votado ningún español, va a poder abordar pocas cuestiones trascendentales. Se quedará con el «antisocial» presupuesto de la derecha, incluido el muy diestro PNV. No acometerá una reforma laboral, porque también quiere contentar a los empresarios. Tendrá muy complicado hacer nada con la Constitución, por no señalar las contradicciones en cuestión de horas de la ministra Batet. Así que solo le quedará el agit-prop durante el tiempo que el viento de cola de la economía vaya actuando de bálsamo social. Con toda probabilidad, será un gobierno instalado en la superficialidad. Si no, al tiempo; porque en democracia podrás llegar a ocupar el poder por una moción de censura, pero será muy difícil que administres pensando en el bien común cuando solo sumas 84 escaños y no eres la lista más votada por el pueblo soberano. Por eso prepárense, porque este Ejecutivo de cálculo y el PSOE, desde Ferraz, se dedicarán a levantar cada día una cortina de humo, sin descartar ciertos desprecios a derechos elementales de la ciudadanía.

VOLVER A EUROPA

A este Gobierno, a diferencia del de Rajoy, le sobra literatura y le falta precisión. El problema es que una democracia no se gobierna con mística. Eso es más propio de otros regímenes. La fabulación en los países libres tropieza con la realidad y al ciudadano le suele irritar que le tomen el pelo. Decir ahora que España vuelve a Europa es un insulto a la inteligencia. O ¿dónde estaba Nadia Calviño? ¿Tal vez jugando con los presupuestos de Vietnam? A lo mejor es que Elena Valenciano anda despistada por un parlamento boliviano. Hasta puede que Guindos en realidad sea el vicepresidente del Banco Central de Kenia. Mariano Rajoy si en algún sitio estuvo, fue en Europa. Nuestra política monetaria la marca el BCE. La obsesión por el déficit viene de Bruselas. La PAC hace años que afecta a los agricultores españoles. Pregúntenles a los ganaderos gallegos y su cuota láctea a ver si estamos o no en Europa. Volvamos al sentido común y abandonemos la fabulación.

LOS PERDEDORES

En esta moción de censura, por la cual un partido con apenas 84 escaños ha logrado formar un gobierno sin pasar por las urnas, hay claramente un ganador y tres perdedores. Ciudadanos, Podemos y PNV, cada uno a su manera y por distintas razones, se han metido un gol en propia puerta. Los triunfadores son los socialistas, que van a tener la oportunidad de hacer electoralismo durante casi dos años de gobierno. También sale bien parado el bipartidismo. De nuevo, en la liza de las próximas elecciones generales, la disputa será entre PP y PSOE. Los otros actores jugarán un papel secundario. El PP, que fue el teórico derrotado, tiene ahora la oportunidad de rearmarse moral y políticamente, con un nuevo liderazgo y afrontar así las próximas consultas. Hasta tal punto es así, que, muy probablemente, en las próximas generales, vuelvan de nuevo los populares a ser la fuerza más votada. Ciudadanos se precipitó. Podemos será el caladero en el que más pesque el PSOE que gobierna, y el PNV no calculó suficientemente bien hasta dónde pueden mantenerse sus privilegios y los añadidos. En ocasiones tienen que ocurrir cosas malas para que vengan otras mejores.

EL EFECTO BORRELL

Acertó Pedro Sánchez cuando comunicó su primer nombramiento: Josep Borrell como ministro de Asuntos Exteriores. Un hombre sobradamente formado, con experiencia en muchos y distintos ámbitos y que se ganó la simpatía de casi toda España por su posición ante los independentistas. A partir de ahí, se sucedieron designaciones sensatas. Tampoco nada del otro mundo. La sorpresa en realidad radicaba en que se esperaban personajes de bajo perfil, cercanos al podemismo, trufado todo ello con alguna ocurrencia tipo Zapatero, que, efectivamente, llegó al final. Es un Gabinete que representa el fin de la austeridad del dinero público. Se crea más estructura de gasto. Los ciudadanos lo que pedimos y deseamos es que acierten. Lo mejor para un país es que los que te gobiernan no cometan errores. Heredan una España más rica, más serena y con mejor porvenir que la de 2012. Por tener, tienen hasta los pantanos llenos de agua y harina en la despensa. Ahora solo falta que estuviesen respaldados por el voto de la ciudadanía. Que no lo están, por primera vez en la democracia.