POBRE ESPAÑA

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Pobre España, que no tiene quien la defienda. Cerrar los ojos no hace desaparecer el problema de esa falta de cariño. Exigir que se cumpla la norma en el mal uso de las esteladas no tiene nada que ver con supuestos ataques a la libertad de expresión. Defender el Estado de Derecho es el primer deber de una democracia, que al fin y al cabo se basa en el Imperio de la Ley. Es impensable que en el Allianz Arena de Múnich se dejen mostrar banderas nazis o en Wembley pancartas pidiendo el fin del Reino Unido, o escuchar en el Parque de los Príncipes de París cómo se silba la marsellesa. ¡Pobre España! Entre los que miran para otro lado o los que mantienen la equidistancia ‘buenista’, ya nadie te defiende como lo pudieron hacer en su día Azaña o Besteiro. Ser patriota ya no está de moda; ojalá no se vuelva contra nosotros. Los socialistas modernos no se sienten concernidos con la idea de España. Solo quieren mandar pero no gobernar. Tampoco Rajoy y el PP han estado esta vez afortunados. Al fin y al cabo, como cantó León Felipe, quererte tanto, España, me cuesta nada.