ABC
Suscríbete
ABCABC de SevillaLa Voz de CádizMi ABCABC
Blogs La viga en el ojo por Fredy Massad

Entrevista a BOJAUS

Fredy Massadel

Elisa Sequeros e Ignacio Senra fundaron BOJAUS en 2012. Se definen como un estudio multidisplicinar. La siguiente entrevista tuvo lugar en su última obra construida, la Casa X. 

La Casa X se sitúa como una roca en el paisaje. Es una masa solida de hormigón con la que demuestran que la durabilidad también es un factor clave para la sostenibilidad. 

Un rasgo distintivo de esta dupla madrileña es funcionar como promotores de sus propios proyectos, un aspecto que pone de manifiesto cómo los arquitectos están actualmente explorando formas propias para mantener en movimiento su actividad.

Vuestro propósito es lograr una arquitectura de excelencia y que sea a la vez cotidiana.

Al hablar de “excelencia” nos referimos a la auto-exigencia de nuestro trabajo como arquitectos. No hablamos de grandes materiales o sistemas, ni de retos imposibles para construir edificios que destaquen sólo por contraste con lo cotidiano, con lo ordinario. Nuestra filosofía de trabajo se basa en trabajar con lo conocido para ofrecer una respuesta a un problema determinado de una manera exigente, novedosa y sorprendente, sin que ello equivalga a “revolucionario”, “excesivamente complejo” o “excesivamente costoso”. No buscamos destacar por algo “demasiado protagonista”, en el sentido peyorativo de este término. Consideramos que “lo cotidiano” y “lo conocido” no están reñidos con la excelencia y la innovación.

¿Cómo se concreta esta filosofía en la Casa X?

Se trata de una vivienda familiar hecha de hormigón y madera con un programa conocido basado en una serie de dormitorios y un espacio común. Principalmente ofrece una respuesta al lugar que consideramos honesta, porque no quiere imponerse, sino que busca convivir con él. El resultado final es una casa que puede resultar en cierta medida singular, aunque no ha sido ese el objetivo que nos ha movido en ningún momento.

 

¿Esta voluntad de hacer una arquitectura que conviva con lo existente sin gritar guarda relación con esta época en que ahora mismo nos encontramos, en la que la arquitectura del gesto formal estruendoso parece ya no tener excesivo sentido?

Podríamos decir que la propia casa, que es un gesto, respondería a esta pregunta, pero habría que matizarlo aclarando que el gesto de esta casa surgió precisamente al intentar convivir con lo ya presente en el lugar: las piedras y los árboles. Así pues, por no alterar el paisaje, quisimos que la arquitectura conviviera con lo que había. El gesto surgió del diálogo con aquellos elementos que había en el paisaje.

Recordamos el día en que llegamos a esta parcela y decidimos el punto donde estaría el centro de la casa y las direcciones en que esta se expandiría. Ignorábamos aún de qué forma. Al final, fueron las cuestiones esencialmente programáticas (cómo encajar los dormitorios, los espacios, los porches…) las que nos condujeron hasta esta forma tan rotunda.

No obstante, lo interesante de la casa no es la planta en sí, que constituye una traza potente desde un punto de vista geométrico y reconocible como eslogan, sino la decisión acerca de cómo forma parte del paisaje. Nuestra duda al comienzo era qué hacer aquí: si algo pegado al terreno, que con sus cimientos enraizara en un terreno tan singular o por el contrario plantear una especie de hórreo efímero, una construcción palafítica apoyada en pocos puntos para no perturbar el terreno. Sin embargo, no imaginamos una casa efímera: creemos que una casa echa raíces; uno se construye una casa porque también quiere enraizarse en un lugar.

Sobre todo en nuestra cultura, donde la casa se concibe como un elemento que debe pervivir.

La dificultad a la hora de innovar en la arquitectura residencial es que la innovación conlleva un riesgo, una incertidumbre y nadie quiere correr riesgos con su casa, cuyo programa es seguramente el más tradicional de la arquitectura. Hay más despreocupación a la hora de innovar en los espacios públicos, los espacios de trabajo. La casa lleva implícita esa condición de lo doméstico y de la tradición que es más refractaria a la experimentación.

En este proyecto la casa no quiere ser un elemento ajeno al paisaje, sino un componente de él. No queríamos trastocar el carácter del sitio, el genius loci. Queríamos aportar un elemento más, sin un protagonismo excesivo. Dudamos mucho antes de decidir que la casa debía enraizarse en el paisaje, entendiéndose como una roca más en este berrocal, entre los robles y las encinas. El hormigón puede percibirse como un material poco adecuado, invasivo y poco sostenible. Podríamos haber hecho una propuesta de carácter más efímero y temporal. Sin embargo, esta casa podría durar siglos sin apenas mantenimiento, y en esa durabilidad es donde radica su sostenibilidad.

 

Sí, creo que el discurso de la sostenibilidad está demonizando injustamente al hormigón cuando se trata de un material que, como señaláis, garantiza una prolongada durabilidad.

Es cierto que la fabricación de hormigón supone un alto consumo de energía frente a sistemas de madera como el CLT o el balloon frame… Sin embargo, es muy posible que esta casa tenga una vida tres o cuatro veces más prolongada que una vivienda construida con esos sistemas. Es innegable que luego la demolición genera residuos, pero esa durabilidad que el hormigón ofrece es una cuestión que actualmente pasan por alto los discursos que lo demonizan, quizá interesadamente por cuestiones económicas y conveniencias dentro de la propia industria de la construcción. Iñaki Ábalos decía en una entrevista reciente que si queremos construir a gran escala no se puede descartar sin más el hormigón.

Estoy de acuerdo. El hormigón es un material de gran resistencia y buen mantenimiento, que posiblemente mejore aún más si se sigue desarrollando tecnológicamente. Me parece que es uno de esos temas que ponen de manifiesto que el discurso de la sostenibilidad y la ecología deberían apoyarse más en el pensamiento científico que en factores politizados.

Estamos en un momento en que lo que se consume es la imagen de la arquitectura y no tanto la arquitectura propiamente dicha. No es lo mismo ser sostenible que dar imagen de ser sostenible. Para esto último el edificio debe ser ligero, algo razonable porque, a menor masa, menor esfuerzo y, por tanto, menos energía. También debe estar construido en madera, aunque aquí la sostenibilidad dependerá del lugar de procedencia de esa madera. Los procesos de medición de huella de carbono de un edificio son francamente complejos y en muchas ocasiones toda esta complejidad se obvia en pos de una buena imagen de sostenibilidad.

Y la realidad es que no hay nada más insostenible que esas construcciones efímeras y aparentemente reciclables que enseguida deben ser desmanteladas. Los procesos de reciclaje son muy limitados y hay un abismo entre el porcentaje de lo que se dice que va a reciclarse y lo que realmente se recicla. El factor durabilidad es fundamental, pero suele medirse muy poco. Si una casa ha sido desmantelada en quince años para construir otra, no hay base para decir que es sostenible. Lo más sostenible es no construir desde luego, pero si construimos debemos introducir dos factores fundamentales en la ecuación: durabilidad (vida útil) y mantenimiento, que consume tanta energía y recursos en ocasiones como la propia construcción. La vida media de un local comercial en Madrid (tiendas y restaurantes) es de entre tres y cinco años. Antiguamente una tienda o un restaurante se pensaba para entre tres y cinco décadas, pero nadie habla de esta sostenibilidad, seguramente porque a nadie le interese.

 

Como señaláis, ese es otro riesgo de la construcción en madera.

Así es, nosotros hemos construido unas casas de madera con material de la empresa vasca Egoin Wood Group, una experiencia magnífica con una empresa que cuenta con sus propios bosques y material de proximidad. Sin embargo, hay que tener en cuenta que mucha de la madera con la que se construye hoy en España procede de países nórdicos, por no hablar de falsos techos de bambú procedentes de Asia… el transporte también hay que introducirlo en la ecuación. En la Casa X el material es el material del propio paisaje, arena y áridos mezclados con cemento. Un hormigón artesano hecho con los propios áridos del lugar.

Alguien bien versado en el tema me ha explicado que la madera no es un elemento extraño a la cultura arquitectónica española, pero que tradicionalmente se construía con madera procedente de lugares cercanos. En la actualidad, y como acabáis de señalar, esa “imagen de sostenibilidad” atribuida a la construcción en madera hace pasar por alto el detalle de que esa madera puede ser importada desde distancias considerables, con la huella de carbono que ello comporta. Es importante, por eso, para introducir matices que hagan profundizar en el rigor del debate cuestiones como esta imagen de solidez y resistencia que ofrece la arquitectura construida en hormigón.

Sí. Hablando de imagen, imagen de solidez en este caso, la Casa X podría entenderse como contestataria en este sentido. La radicalidad en el uso del hormigón se traduce en una imagen que es intencionadamente refractaria a la actual imagen de “sostenible”. Pero al mismo tiempo el mantenimiento de los cerramientos de esta casa es nulo. Se trata de un cerramiento estructural de hormigón de dos hojas, con un alma de 10 centímetros de aislamiento que hace que la casa sea sustentable térmicamente, como un castillo o una cueva con una gran inercia térmica.  Se conserva térmicamente sin grandes esfuerzos: un soleamiento bien resuelto en verano e invierno y un suelo radiante alimentado con aerotermia.

 

Se han visto en esta casa reminiscencias de la Casa Ugalde de Coderch y la vivienda en Mallorca de Jørn Utzon.

Hicimos un levantamiento con cada encina, roble, enebro, y cada bolo granítico…Todo eso condicionó un poco los avatares de la forma hasta que encajó. La idea era no alterar nada. Había un pequeño arbusto que sí retiramos, pero todo el resto de piezas vegetales y minerales (las piedras también son importantes) están replanteadas y respetadas, como en la Casa Ugalde. Recordamos ese famoso croquis con los árboles y las curvas de nivel que condicionan la traza de la casa de Coderch. La sección está condicionada por la topografía y se organiza en diferentes plataformas, desde el porche hasta el dormitorio superior. Había muchas pistas: la pendiente, el claro libre de árboles y rocas donde ubicar la casa en forma de reloj de arena, como dos triángulos dispuestos en esa posición… Paradójicamente, es una planta muy condicionada por las condiciones existentes en el lugar, pero al mismo tiempo parece impuesta con autoridad sobre el paisaje como un elemento autónomo. Esa contradicción entre la imposición de una forma abstracta y autónoma, (como quien impone la forma a priori: una casa circular, un cuadrado perfecto…) y el hecho de que, lejos de ser una imposición, fuese el resultado de adaptarse a las condiciones concretas existentes en el paisaje, nos atrajo desde el inicio y la explotamos como germen del proyecto.

Inicialmente, la casa se desarrollaba en una sola planta, pero los clientes necesitaban más dormitorios y finalmente aparecieron dos dormitorios en una planta superior. En ocasiones el cliente es sabio y, en este caso, al tener que satisfacer sus necesidades pudimos ganar la cubierta. La visión de la cubierta ajardinada, con dominio sobre el paisaje, se consigue gracias a los dos dormitorios situados en la planta superior. Sin embargo, nuestro interés inicial era hacer una casa escondida desde la calle. La parcela tiene un desnivel de casi 6 metros entre la cota más alta y la más baja, y queríamos que se entrara desde arriba, pero sin ver la casa, que esta quedase escondida por la pendiente. La cubierta vegetal ayuda a su integración en el paisaje. Y finalmente emergen los dos dormitorios de la planta superior de forma independiente, como dos torreones.

Ha habido entonces un gran esfuerzo por conservarlo todo al máximo posible en su estado original.

Sí. Durante la obra intentábamos cuidar todos los elementos vegetales y minerales para que no se vieran dañados o alterados y conservaran su pátina de líquenes y musgos, característica de este paisaje. Queríamos que el jardín de la parcela conservase el espíritu del paisaje original, en lugar de convertirse en un reducto prototípico de jardín doméstico con césped.

Nos gustaría ver la casa dentro de diez años: cubierta de musgo, con la vegetación de la cubierta ya crecida…Los hormigones en su parte superior están sin rematar, sin albardillas ni elementos de protección. Es una actitud tanto de esencialismo hacia el material como de deseo de que éste asuma su vejez. Imaginamos la cara norte de la casa como aquel testero del edificio Ricola de Herzog & de Meuron, al que se vertían las aguas que recogía la cubierta y quedaba gradualmente recubierto de verdín. Aquí ya vemos una planta trepadora que está empezando a crecer. Quizá estemos respondiendo a una visión nostálgica o de cierto romanticismo, pero nos atraía la visión de los bolos graníticos invadidos por la vegetación, veíamos que el hormigón colonizado por musgos y líquenes podría ser algo análogo, entendiendo la casa como un nuevo elemento paisajístico que se suma a los existentes.

 

Esto me recuerda mucho a las reflexiones de Enric Miralles sobre el Cementerio de Igualada, acerca de cómo el paso del tiempo, el envejecimiento de los materiales y el crecimiento de la vegetación irían transformando la arquitectura, completamente más allá del control o acción del arquitecto.

Es muy interesante ver cómo está hoy el Cementerio. Es la buena vejez, algo que quizá no tengan esas obras con la imagen de “sostenible”, que tienen una foto maravillosa el primer día, pero están totalmente deterioradas al cabo de dos años. ¿Quién se pregunta si Igualada es sostenible? Lo es, enormemente, y lo que le queda…

Es una manera excelente de decirlo: “la buena vejez”. Esa idea de que un edificio fuese ganando a través de la pátina que el tiempo imprimía en él estuvo muy presente en la arquitectura; sin embargo, parece haber desaparecido en aras de la eficiencia y otras muchas cuestiones que posiblemente terminarán siendo superfluas en el futuro.

Es cierto. Antes, los arquitectos reconocían el paso del tiempo como uno de los ingredientes esenciales de la arquitectura. Aquí, la opción por estos materiales ha sido en parte respuesta a un requisito del cliente, que solicitó un edificio con un nivel cero de mantenimiento, tanto en el exterior como en el interior. Nosotros le propusimos que las carpinterías fuesen de madera porque nuestra intención era que la casa estuviese íntegramente construida en hormigón y madera. Finalmente, por reducir el mantenimiento, se optó por el aluminio en el exterior. El deseo del cliente era no tener que estar ocupándose permanentemente de la casa. Esta exigencia, unida a las características paisajísticas del lugar nos hizo imaginar una casa cada vez más musgosa y colonizada por la vegetación, y sin acarrear ningún tipo de coste en concepto de mantenimiento y consumo de energía. No sólo hay gasto de energía a la hora de construir, también lo hay a la hora de mantener el buen estado de la vivienda y esta última es una vertiente que el discurso de la sostenibilidad raramente contempla.

Un aspecto muy interesante de vuestra práctica es que sois promotores de vuestras propias obras.

Ser promotores de algunas de nuestras obras fue lo que nos permitió comenzar más seriamente nuestro estudio. Construir una casa supone siempre un beneficio para el promotor, para el arquitecto muchas veces estos pequeños proyectos resultan deficitarios. Promover nos ha brindado también una libertad de la que no siempre es fácil disfrutar en disciplinas como el cine o la arquitectura, en las que el inversor vela por su dinero y mide siempre los riesgos, algo que constriñe a menudo la experimentación. Por eso, ser promotores nos ha proporcionado esa libertad que, por otro lado, es necesario aprender a dosificar adecuadamente.

 

En Argentina era una opción muy frecuente entre los colegas de mi generación. Al haber menos concursos públicos, la autopromoción era la única salida para desarrollarse profesionalmente. Esta decisión vuestra resulta algo singular dentro del contexto español.

Así es. Nosotros hemos intentado también el sistema de las cooperativas. Es una bendición poder ‘inventarte’ tu propio cliente, pero es un sistema que conlleva una gestión enorme y burocracias excesivas.

En nuestros últimos proyectos hemos sido promotores, constructores y arquitectos. Por un lado, esto ofrece una libertad total, a la vez que responsabilidad y riesgo total. Ahora mismo tenemos una situación de equilibrio, donde el 50% de nuestros proyectos son promociones propias y el otro 50% son proyectos de vivienda pública: un proyecto de siete, otro de tres, otro de setenta viviendas en Gandía y otro de más de doscientas en Setúbal (Portugal).  

Estos dos últimos proyectos suponen un salto de la pequeña a la gran escala.

La obra de Gandía está recién iniciada y el proyecto de Setúbal se encuentra a la espera de poder comenzar su construcción.

Este último es un proyecto complejo de más de doscientas viviendas distribuidas en ocho edificios distribuidos en tres manzanas diferentes. El proyecto desdibuja las manzanas suprimiendo la circulación rodada de vehículos en superficie para crear una macro-manzana de prioridad peatonal. Ahora mismo estamos en una negociación entre el promotor, público estatal y el Ayuntamiento de Setúbal, que es más reacio a relegar los coches y renunciar al aparcamiento en superficie. Nosotros proponemos eliminar el tráfico rodado y crear un garaje compartido bajo rasante que recorre las tres manzanas, de manera que los coches quedan bajo tierra; en superficie todo es un parque vegetal y completamente peatonal. Es un lugar maravilloso, encarado al estuario de la ría de Setúbal, y queríamos evitar los vehículos que acaban invadiendo todos los ámbitos. Ahora mismo estamos en esa negociación entre instituciones para poder sacarlo adelante y creemos que será un proyecto de gran interés para la ciudad.

 

¿Habéis entrado en el ámbito de la vivienda de manera deliberada?

No. Hemos tomado parte en todo tipo de concursos, aunque los que hemos ido ganando y pudiendo desarrollar han sido proyectos residenciales, así que hemos ido especializándonos en ello sin buscarlo intencionadamente. La realidad es que no somos muy partidarios de la especialización porque nos interesa todo. Acabamos de participar en concursos para equipamientos deportivos, museos y centros de congresos que nos permiten estar cerca de otros límites y estímulos que animan a seguir progresando.

Sin embargo, es cierto que la mayor parte de proyectos de arquitectura son residenciales. Ahora mismo estamos atravesando una crisis de escasez de vivienda. En Barcelona hay diversos promotores públicos que están apostando por una manera muy novedosa de abordar la vivienda protegida. Igualmente nos interesa mucho la labor que está llevando a cabo el IBAVI en las Islas Baleares. En Madrid sin embargo, el IVIMA, promotor público de la Comunidad, ha sustituido el concurso de proyectos de arquitectura como método de contratación por el de “proyecto y obra” y más recientemente por el de “proyecto, obra y gestión del edificio”, donde la labor del arquitecto queda completamente diluida en detrimento de la constructora, y más aún cuando la gestión del edificio durante veinte años queda en manos de la empresa adjudicataria. El arquitecto no pinta nada ya en este modelo donde las conveniencias de la gestora y la constructora se imponen implacablemente sobre los intereses del arquitecto. Se está promoviendo vivienda pública, pero por vías que relegan el proyecto de arquitectura a mero trámite técnico-administrativo, lo mismo está ocurriendo con otros equipamientos públicos. Por desgracia, parece que el proceso de adjudicación a través de concurso de proyecto ha caído en el olvido en beneficio de sistemas más “eficientes” pero a menudo con resultados también más deficientes.

Regresando a vuestra historia particular, como arquitectos sois de algún modo ‘hijos’ de la crisis económica de 2008.

La crisis nos pilló en Nueva York, haciendo estudios de posgrado. Al regresar en 2009, estuvimos trabajando un tiempo desde Madrid para un estudio de Chicago. En aquel momento España estaba en plena crisis y no había absolutamente nada de trabajo. El estudio de Chicago nos hacía encargos puntuales y realizamos para ellos algunos concursos, uno de los cuales nos llevó a desarrollar un par de proyectos para colegios en la India. Paralelamente, empezamos a considerar la idea de promover cuando unos amigos que tenían una parcela nos propusieron construir dos casas: una para vivir, la otra para vender. Construimos esas casas entre 2012 y 2013, y posteriormente las dos casas en madera. Entretanto íbamos haciendo también pequeñas reformas.

 

Desde vuestra propia experiencia, ¿sirvió para algo a la arquitectura atravesar todo ese trance de la crisis?

Sirvió para replantear el rol del arquitecto y el verdadero valor de la disciplina más allá de la arquitectura del espectáculo, auténtica protagonista durante el final del siglo pasado. Parecía que serviría también para terminar con una nueva burbuja inmobiliaria después de la producida en la década de los noventa y con un modelo de crecimiento insostenible basado en la mera especulación, sin embargo, parece que volvemos a repetir los mismos errores una y otra vez.

¿Quiénes han sido y son vuestros referentes?

Para Ignacio, su paso por el estudio de Rafael Moneo, lo convierte en referencia obligada, principalmente en cuanto a la actitud y a cómo afrontar cada proyecto de manera independiente y desprejuiciada. Luego están los maestros de Madrid: De la Sota, Oíza, Fisac… que siempre han estado muy presentes a través de José Manuel López Peláez, nuestro admirado y querido profesor que nos ha trasladado su respeto y entusiasmo por esos maestros cercanos. Por supuesto Le Corbusier, Mies, Aalto… y los arquitectos modernos, pero también Rossi y Venturi, olvidados y en gran parte denostados cuando a finales de los años noventa entrábamos en la Escuela de Madrid, pero que han supuesto también un importante referente para nosotros.

Estoy de acuerdo, creo que Venturi sigue ofreciendo puntos muy valiosos para leer la arquitectura de hoy como algo mucho más complejo.

La cuestión de la imagen lo trivializa todo y a Venturi se le responsabiliza en buena medida de esta trivialización. Sin embargo, leído en profundidad podemos aprender algo mucho más valioso, tanto del primer Venturi (Complejidad y Contradicción) como del último (Aprendiendo de Las Vegas). Venturi nos enseña que la base de la arquitectura es la cultura, entendida de forma amplia (desde Bramante hasta Las Vegas, desde Piero della Francesca hasta Rauschenberg).

Parece que hoy nos vemos obligados a encontrar eslóganes y signos fáciles de identificar, como decíamos antes a propósito de la X en esta casa, lógicas excluyentes para poder llegar a un enorme grado de depuración estilística que resulte reconocible. Es como si fuera imprescindible tener un estilo claramente identificable, como Gehry o Sanaa, y nosotros no lo entendemos así. Estos estilos requieren un alto grado de exclusión, ya lo decía Mies y es cierto, una de las principales herramientas del diseño es la renuncia, pero se ha llegado a unos grados de sofisticación tal que ya sólo hay renuncia. Si observamos la arquitectura de Rafael Moneo por el contrario, vemos que en su caso hay una manera de pensar, una actitud hacia la ciudad, la arquitectura y la historia basada en el conocimiento, la aceptación y la naturalidad, que da como resultado proyectos complejos, sorprendentes y muy distintos, pero no necesariamente excluyentes entre sí: el Kursaal, el museo de Mérida, Bankinter, la Fundación Miró… Algo similar ocurre con Oíza. Son planteamientos complejos que no atienden a lógicas inequívocas y eso nos interesa mucho frente a la búsqueda de una apariencia concreta y de un estilo identificable a simple vista. Entendemos el estilo más como una forma de pensar global, una forma de enfrentar los problemas no necesariamente relacionada con la apariencia final.

 

Vivimos en una especie de eterno presente. Sin embargo, creo que toda esa arquitectura del eslogan que hoy pulula por las redes sociales se acaba. Procedemos de individuos que hicieron arquitectura mucho antes que nosotros, que nos inspiraron y de los que aprendimos. Quizá algunos de ellos dejen de ser referentes en algún momento porque nosotros mismos vamos avanzando en nuestras propias direcciones, pero el poso que dejan en nosotros es siempre valioso. Mi pregunta anterior partía de ese valor que tiene el hecho de tener referencias, no para copiarlas, sino para aprender de ellas.

La palabra “tradición” parece hoy denostada, pero la arquitectura se hace con arquitectura. Javier Frechilla y José Manuel López-Peláez nos hablaban de la Caída del Caballo de San Pablo: ese momento en el que comienzas a entender verdaderamente en qué consiste la labor del arquitecto. Uno sólo empieza a hacerlo cuando de verdad conoce y ha estudiado mucha arquitectura. ¿Cómo va a ser escritora una persona que no ha leído? Esto es exactamente igual: se hace arquitectura a través del conocimiento arquitectónico, analizando plantas y secciones, leyendo, viajando para visitar y ver “con ojos de arquitecto” un determinado edificio que has examinado antes muchas veces sobre el papel, una exposición, una ciudad…todo ese bagaje se traduce en un determinado tipo de conocimiento. Moneo reconocía como un gran privilegio “poder ver el mundo con ojos de arquitecto”

Insistimos a los alumnos en la universidad sobre la importancia del estudio, como los músicos. Es muy difícil entender realmente un edificio mediante imágenes, ni siquiera visitándolo meramente. Gracias a este conocimiento abstracto y complejo que suponen los planos quizá consigamos sobrevivir a las IAs. Muchos edificios, “los buenos”, se conocen más en profundidad a través del estudio que de la propia visita, porque nos permite no deslumbrarnos por detalles que quizá no son tan importantes como otros que sólo se encuentran en las plantas o en las secciones, es decir, en los documentos de arquitectura. Entonces, sin duda, la base para hacer arquitectura es conocerla y estudiarla. Y hay muchos maestros.

 

Fotografías por gentileza de Luis Asin

CríticaEntrevistas Fredy Massadel

Post más recientes