Por Eduardo Moreno-Reyes de la Universidad Loyola, Andalucía; Claudio Socci, Rosita Petraroli, Francesca Severini, Stefano Deriu, Ludovica Almonti del Grupo de investigación en modelos multisectoriales de la Università degli Studi di Macerata, Italia
Cuando se habla de aranceles, suele pensarse en un tema lejano, reservado para ministros de economía, aduanas o grandes empresas exportadoras. Sin embargo, el estudio Los efectos potenciales de los aranceles entre Estados Unidos y México (Moreno-Reyes et al.2025) muestra que una escalada comercial entre ambos países no solo afectaría al comercio exterior: también tendría consecuencias en el empleo, los salarios, los ingresos públicos y, en particular, en los hogares de menores ingresos. Para el tercer sector, esta conclusión es clave, porque conecta la política comercial con problemas concretos de bienestar, desigualdad y cohesión social.
El trabajo analiza un escenario hipotético en el que Estados Unidos impone nuevos aranceles a importaciones mexicanas (especialmente en metales primarios y en la industria automotriz) y México responde con medidas similares, como ocurrió en 2018. Para estimar los efectos, las y los autores utilizan una Matriz de Contabilidad Social birregional y un modelo multisectorial extendido que reconstruye las relaciones productivas y de ingresos entre ambos países. Esto permite observar no solo el impacto directo sobre las exportaciones, sino también los efectos indirectos e inducidos que se propagan por toda la economía: cadenas de proveedores, consumo de los hogares, recaudación pública y distribución del ingreso.
Los resultados muestran que México sería el país más golpeado en términos relativos. Bajo la simulación, el PIB real mexicano caería -1.74%, mientras que en Estados Unidos la baja sería de 0.21%. A primera vista, la pérdida parece menor para la economía estadounidense, pero el propio estudio advierte un matiz importante: como el tamaño de la economía de Estados Unidos es muy superior, la caída absoluta en producción puede ser incluso más grande allí. De hecho, el artículo estima que Estados Unidos absorbería cerca del 60% del impacto total del PIB birregional, si se toma en cuenta la dimensión de las economías. La idea central es que una guerra comercial no tiene “ganadores claros”: ambos lados pierden, aunque lo hagan de manera diferente.
En el caso mexicano, el daño se concentra sobre todo en sectores estratégicos para el empleo manufacturero. Los rubros más afectados serían vehículos de motor, carrocerías, remolques y autopartes con una caída de -8.8% en generación de valor agregado, seguidos por metales primarios con -7.2% y productos metálicos elaborados con -4.9%. En Estados Unidos, los efectos serían más moderados, pero alcanzarían actividades como agricultura y ganadería (-2.4%), prendas de vestir y cuero (-1.4%) y silvicultura y pesca (-1.3%). Para las organizaciones sociales, esto importa porque detrás de cada sector hay territorios, cadenas locales de empleo, pequeñas unidades productivas y comunidades enteras cuya estabilidad depende de esas actividades.
Uno de los hallazgos más relevantes es que el impacto no se distribuye de manera homogénea. El estudio señala que, en México, caerían con fuerza los sueldos y salarios (-1.84%) y los impuestos a la producción (-2.19%). Además, los gobiernos estatales y locales serían de los actores más perjudicados, con una reducción de 3.5% en su ingreso disponible. En Estados Unidos se observa una dinámica similar, aunque de menor magnitud en términos relativos y mayor en términos absolutos, debido al tamaño de su economía (véase gráfico 1). En consecuencia, los gobiernos estatales y locales también registrarían pérdidas. Esto significa que una crisis comercial puede traducirse en un menor margen para financiar servicios públicos, infraestructura, programas comunitarios y políticas sociales en los territorios más expuestos.
El estudio también subraya una dimensión social especialmente sensible: los hogares de menores ingresos son los más afectados en ambos países. En México, los primeros deciles de ingreso resienten con mayor intensidad la caída de salarios; en Estados Unidos sucede algo semejante con los grupos de menores ingresos. Este punto es crucial para organizaciones que trabajan en pobreza, seguridad alimentaria, desarrollo local, defensa de derechos laborales o atención a población vulnerable. La política comercial, que a veces se presenta como un asunto técnico, termina teniendo efectos muy concretos sobre quién pierde ingresos primero y quién tiene menos capacidad para resistir el golpe.
El mensaje central del artículo es claro: los aranceles no son solo instrumentos de negociación entre gobiernos, sino también riesgos sociales. La evidencia ayuda a intervenir en el debate público sobre lo peligroso que resulta usar la política comercial como presión política. Aunque se trata de una simulación preliminar, muestra que estas decisiones pueden profundizar desigualdades y agravar la situación de comunidades que ya enfrentan vulnerabilidad económica y social en contextos territoriales especialmente frágiles hoy.
Figura 1. Impacto de los aranceles entre Estados Unidos y México sobre los componentes del Valor Agregado real asociados al efecto puro de las caídas de las exportaciones
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