Por Joana Chapa -Directora de la Facultad de Economía, UANL, Edgardo Ayala -Profesor Investigador de la Facultad de Economía, UANL y Edgar Luna – Director del Centro de Investigaciones Económicas, UANL
Por su cercanía geográfica y la abundancia de diversos factores productivos, México, Estados Unidos y Canadá mantienen relaciones comerciales y productivas estrechas y sólidas, reguladas por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), vigente desde 2020. Este acuerdo, impulsado por Donald Trump durante su primer mandato como presidente de Estados Unidos, tuvo como uno de sus principales objetivos incrementar el contenido regional de los productos mexicanos exportados a ese país libres de aranceles, especialmente en la industria automotriz. El T-MEC sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que estuvo en vigor entre 1994 y 2020.
Durante el 2025, Estados Unidos ha recurrido a los aranceles como una herramienta para alcanzar objetivos económicos y sociales. Estas medidas han afectado principalmente a las importaciones provenientes de México y Canadá, incluyendo productos estratégicos como acero, aluminio, cerveza, electrodomésticos y automóviles. El propósito detrás de estas políticas es reducir el déficit comercial y ejercer presión en temas relacionados con migración y seguridad.
Este tipo de decisiones no afecta de manera uniforme a países como México, debido a la gran diversidad de sus regiones. Las repercusiones varían según la estructura productiva de cada zona y el nivel de integración con el mercado estadounidense. Nuevo León, por ejemplo, es uno de los estados más industrializados de México, con una economía fuertemente orientada a la manufactura y con estrechos vínculos comerciales con Estados Unidos, especialmente con el estado de Texas. Por ello, cualquier cambio en las condiciones de acceso al mercado norteamericano repercute de manera significativa en su actividad económica.
Calcular el efecto real de los aranceles no es sencillo. Las reglas de operación son complejas y varían según el tipo de producto, el contenido de materiales y el cumplimiento de acuerdos como el T-MEC. Algunas mercancías están sujetas a impuestos adicionales, mientras que otras pueden quedar exentas si cumplen con ciertos requisitos. Esto obliga a realizar estimaciones basadas en supuestos sobre la composición de las exportaciones y el grado de aprovechamiento del tratado comercial.
Para entender mejor el impacto, se plantearon tres escenarios que reflejan distintos niveles de integración bajo el T-MEC. El escenario A considera que el 47% de las exportaciones se realiza vía T-MEC (proporción similar a la registrada en 2024), el escenario B asume el mayor cumplimiento registrado de las reglas del tratado (66%) y el escenario C representa una situación muy favorable, con una participación aún más alta de exportaciones amparadas por el acuerdo (85%). A medida que aumenta la integración o cumplimiento del T-MEC, la carga arancelaria promedio disminuye, lo que reduce las afectaciones sobre la economía. En el gráfico 1 se presentan los aranceles efectivos aplicados al 20 de junio del 2025.
Los resultados muestran que los efectos son relevantes tanto a nivel nacional como regional, aunque más pronunciados, entre uno y medio punto porcentual, en estados con fuerte presencia manufacturera como Nuevo León. Las industrias relacionadas con el acero, el aluminio y el sector automotriz son las más vulnerables, ya que dependen en gran medida del comercio con Estados Unidos. En escenarios menos favorables, la reducción en la actividad económica es considerable, mientras que en condiciones más optimistas el impacto se atenúa, aunque no desaparece por completo (ver cuadros 1 y 2).
En conclusión, los aranceles impuestos por Estados Unidos constituyen un desafío significativo para la economía mexicana, especialmente para las regiones industriales del norte del país. Ante este panorama, será fundamental alcanzar una renegociación exitosa del T-MEC en 2026 y avanzar en la diversificación de los mercados de exportación. Estas acciones permitirán reducir la dependencia de un solo socio comercial y preservar el dinamismo económico frente a posibles cambios en las políticas comerciales.


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