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Va de escaños, no de papeletas

Va de escaños, no de papeletas
Se trata del Congreso y del Gobierno resultante, más que de ganar el concurso de las urnas.
Federico Ysart el

¡Es la ley D’Hont, estúpido! cabría clamar emulando aquél, the economy, stupid! que revertió los pronósticos de las presidenciales norteamericanas, dando a Clinton la victoria sobre Bush padre, el presidente que tenía ganados los sondeos tras el final de la guerra fría y su éxito en la primera guerra del Golfo.

En las urnas entran papeletas y del conteo de las papeletas salen escaños. Ese es el ABC de las elecciones generales que van a definir el próximo gobierno de la Nación. Siendo así de claras las cosas no parece que todos las tengan tan claras.

El método diseñado hace más de un siglo para corregir la proporcionalidad de los sistemas electorales se utiliza en cuarenta y un países. Favorece al primer clasificado en cada circunscripción, es más o menos neutral con el segundo, y penaliza al resto. Con ello trata de favorecer la formación de gobiernos estables. Pero ¿qué sucede en el campo de la oposición?

Los datos de los últimos sondeos publicados, el más fiable es la distribución de votos/escaños por provincias que firma GAD 3, indican que el bloque opositor, presunto, del centro derecha está liderado por el PP en todas las provincias excepto en Barcelona, donde lo hace C’s. Vox en ninguna cuenta por encima de la cuarta posición.

Que el partido de Sánchez resulte ganador lo cantan todas las encuestas, entre otras razones por la fragmentación del voto del centro derecha, cuarteado además por la irrupción populista que cabalga Abascal; méritos ninguno tiene acumulados el mentiroso compulsivo que ayer se atrevió hasta a dar vuelta a los malos resultados de la EPA. Pero, en fin, en el país que en la alta Edad Media florecieron más de veinte reinos de Taifas, hace cosa de un siglo el cantón de Cartagena, y hoy tenemos enquistado el divieso del soberanismo catalán, difícilmente se podía esperar que la cordura se impusiera a la pantomima.

Y así es muy probable que una mayoría de votos no se traduzca en mayoría de escaños, que es de lo que se trata.  

La llamada de Casado a la coordinación de candidaturas en función de las capacidades de cada cual fue ignorada por Rivera, que consciente de su error lo sacó cuando todo ya estaba cerrado. Un regalo a Sánchez que vale tanto o más que el apoyo a su investidura.

A estas alturas ya sólo cabe optimizar el voto, en uno y otro frente. La estabilidad de un gobierno de izquierdas requiere que Podemos recupere por su izquierda la parte de sus votos que migraron al PSOE. Tan inútiles son las papeletas de las diversas marcas comunistas como en el bloque diestro lo serán los de Vox y otras nostalgias. Las cartas son las que son, y ya se sabe: jugador de chica, perdedor de Mus.

Si las expectativas existentes no sufrieran un vuelco dramático, la consolidación de un bloque opositor en el centro derecha pasa por evitar la pérdida de escaños con que la ley D’Hont va retribuyendo los cocientes de cada partido. En las demarcaciones grandes cabe el reparto más o menos proporcional, caso de las andaluzas, pero en las chicas, las de cinco o menos diputados, los resultados son prácticamente mayoritarios.

Esa es la razón del voto útil: consolidar las posibilidades del partido con mayor peso dentro del espectro en que cada cual se sienta más cómodo, o cercano a sus intereses de todo tipo, valóricos, sociales, económicos, etc.

Por ello, entre otras cuestiones no menos relevantes, mi voto es para el PP.

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