Y así seguiremos perdiendo el tiempo mientras el primer ministro quiera seguir colgado de la lámpara. Es la historia de un truhan encaramado en lo más alto a golpes de la chequera que birló al país tras perder unas elecciones. No puede hacer otra cosa que pagar a quienes le mantienen en precario después de haberle retirado la escalera.
Resulta asombroso. Un jefe del poder ejecutivo de un Estado sin el poder para disponer de unos presupuestos acordes a la realidad actual, ni sacar del parlamento algún remedio real para las crisis de la vivienda, la financiación regional, el empleo juvenil, el encaje de los centenares de millares de inmigrantes, el crecimiento de los índices de pobreza, etc. Inaudito.
Sin embargo, saca de su propia irresponsabilidad la capacidad para tirar p’alante frente a los poderes legislativo y judicial, y demás contrapesos que definen las democracias representativas. Y así comienza a disolverse nuestro sistema constitucional para terminar cuajando la autocracia con que sueñan las minorías excéntricas que mantienen el expolio.
Que esto esté sucediendo aquí, ahora, en la cuarta potencia de una Unión Europea en trance de reconfiguración ante la quiebra de los paradigmas vigentes desde los años cincuenta del pasado siglo, agrava la cuestión hasta extremos difíciles de bien llevar.
Los males no terminan ahí; además de la maldad inherente a las causas de lo apuntado está la incapacidad de los agentes gubernamentales para dar pie con bola. El espectáculo de una vicepresidenta haciendo de Cantinflas para no explicar lo de la ordinalidad catalana sólo tiene parangón con el número del primer ministro y séquito disfrazados de obreros de la construcción para volver a anunciar la recreación de las viviendas prometidas hace ocho y dos años en un antiguo campamento militar en las afueras de Madrid.
No hay propuesta, y son tan escasas que cabría pensar que al fin serían útiles y bien recibidas. Pero no, lo que producen son sarpullidos entre los ciudadanos concernidos, desde la medicina hasta el campo, pasando por los automovilistas víctimas del sablazo del farolito que avisa al mundo entero dónde está el auto siniestrado por si alguien busca echar alguna mano más de las que corresponden a los agentes de la seguridad en las carreteras.
Y a todo esto, ¿hay alguien que tenga algo nuevo que aportar para poder recuperar el tiempo que esta tropa nos está haciendo perder? Tal vez fuera bueno no dejar todo en manos de la justicia, humana o divina.
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