En estado crítico

En estado crítico

Publicado por el Apr 15, 2013

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Come writers and critics
Who prophesize with your pen
And keep your eyes wide
The chance won’t come again
And don’t speak too soon
For the wheel’s still in spin
[…]
For the times they are a-changin’

Bob Dylan, The times they are a-changin’, 1964

No constituye ninguna novedad afirmar que estamos viviendo un momento de intensos cambios, un flujo de transición, un cambio de paradigma. El mundo (aquella idea del mundo que habíamos conocido) con toda seguridad ya ha dejado de existir.  No obstante, a pesar de la aceleración, de la velocidad que caracteriza nuestro tiempo, los cambios no se han producido ni se producen súbitamente, sino que vamos asistiendo al paulatino fin de esta época.

El fin de un modelo. La era de la información está induciendo e inducirá aún más cambios en las formas de hacer; y, entre ellos, quizá sea  ya evidente que hay que considerar  los modelos de arquitectura de los últimos años y la figura del arquitecto-estrella todopoderoso como unas de las celebraciones finales del capitalismo.

Lo crucial es que estos cambios están dejando descolgados a unos cuantos. Comenzando por aquellos que predicaron la arquitectura ligada al proyecto del neoliberalismo. Esos que hoy se apresuran a maquillar sus anteriores posturas, cuando no a cambiar rápidamente de chaqueta para no descabalgarse de su papel de prima donna al frente de este espectáculo que concluye – por obsoleto primero y por falta de fondos después- y que, en la desesperación, de seguir en escena intentan enmendar con nuevas piruetas,  tan hipócritas e interesadas como las de antes.

Si no, ¿qué hace ahora mismo Rem Koolhaas (principal ideólogo de este modelo que ha propiciado la conquista del mundo a base de arquitectura de espectáculo y especulación) tratando de mutar (dirección de la próxima Bienal de Arquitectura de Venecia de por medio) en valedor de un nuevo modelo con una nueva fórmula «ética», enarbolando como nuevo lema, cual verdad revelada: “es hora de ocuparse de arquitectura, no de los arquitectos”?

A raíz de este desconcierto contemporáneo y ante la poca pericia para decodificar la complejidad del presente se ha instaurado, o se ha pretendido instaurar (de manera completamente interesada), el concepto falaz de que la crítica (de arquitectura) no existe o que, directamente, está muerta.  Tal afirmación, que ha resonado como un mantra (o quizá, mejor dicho, eslogan) durante el último tiempo, y que ha partido de voces de procedencias disímiles puede interpretarse como un rasgo más de esta cultura de lo banalmente efectista, de la construcción de un pensamiento basura (por descartable), consecuencia  directa del trance en que nos encontramos.

Lo interesante de esta coincidencia es observar que, por una razón u otra, parece existir un deseo de que la crítica desaparezca. Esa molesta necesidad de revisar las cosas, de argumentar las coincidencias o el descontento se está considerando un elemento peligroso al que combatir.

Resulta profundamente curioso que esa misma sentencia haya sido expresada, dentro de un mismo lapso de tiempo, de un lado por un  venerable y venerado crítico como Josep María Montaner (quizá viendo que su pedestal se tambaleaba y su figura de opinador privilegiado e intocable era asediada por la chusma que pretendía poner en tela de juicio su autoridad, eminentemente dirigida a seres con su misma aura divina, solamente conversable con los sabios de su talla; todos ellos hoy extraviados, confundidos, ante un mundo que se les torna demasiado inasible); y, que por otro lado, el finiquito a la acción crítica haya venido decretado (desde las páginas del número 67 de Fulcrum,  un panfleto editado por la Architectural Association)  por uno de los propietarios de Plataforma Arquitectura, la web de arquitectura más leída en habla castellana.

David Basulto, este emprendedor, imbuido de la categoría de las estrellas del presente –frutos del más neto cancamusismo- y cuya magnífica capacidad para los negocios posiblemente no sea equiparable a la que tenga para aportar al mundo de la reflexión sobre la arquitectura-, crecido por los éxitos económicos y la avasalladora popularidad de su plataforma aseguraba sin reparos en ese texto,  lanzarse a las arenas de opinión sosteniendo (de manera completamente irresponsable) la idea de que la nueva crítica es una fuente importante de feedback para los arquitectos sobre su trabajo. Planteaba que, dado que en el pasado el número de críticos era pequeño en relación al número de edificios y arquitectos existentes, únicamente un pequeño grupo de elegidos sería receptores del consabido feedback pero que, actualmente, debido a la la “proliferación de la crítica en la web más críticos están criticando”, y por tanto, dando ese necesario feedback y así  “haciendo avanzar más rápido a la arquitectura”. Sin aclarar cuál es el destino hacia el cuál avanzar con rápidez.

Todos estos razonamientos a priori podrían entenderse como sólo una confusión que parte de una ignorancia supina, de una confusión básica entre los conceptos “opinión” y “crítica”.  Pero la cuestión no es tan trivial ni inofensiva como aparenta ya que corrobora cómo, de esta manera, desde ciertos sectores (al que Plataforma Arquitectura pertenece) se está intentando desactivar la tarea de una reflexión comprometida con el cuestionar y debatir,  reemplazándola por el concepto facebook del me gusta/no me gusta.

Según la teoría esgrimida por Basulto la crítica quedaría confinada a ser un elemento anodino de contabilización de la repercusión mediática de un edificio, proyecto o arquitecto. Sería como decir que la ‘audiencia’ sancionaría el valor de la arquitectura y los arquitectos.

Está claro que la crítica debe adaptarse al sentido de los tiempos y deberá seguir haciéndolo para ser una herramienta de reflexión y construcción teórica, sin caer en terrenos melancólicos que nos lleven a aferrarnos a modelos caducos, que no ofrecerían respuestas ni preguntas a las circunstancias presentes. Pero tampoco  a la frivolización intencionada de otros que, más allá de su estupidez, intentan destruir la crítica para, de esta manera, y en pos de una falsa democratización digital, construir un modelo autoritario que fluctúe según los intereses del mercado.

Es cierto que muchos críticos u opinadores han estado actuando durante mucho tiempo más como representantes de estrellas o agencias de marketing, como descubridores de nuevos talentos o como patrocinadores o valedores de muchos despropósitos. Y que la red se ha transformado muchas veces en amplificador de los antiguos charlatanes y vendedores de baratijas que hoy intentan confundir pensamiento con (auto-)promoción pero se delatan fácilmente por la falta de contenido.

Recuperar un sentido de la crítica y su necesidad se vuelve fundamental ante tanto lampedusianismo,  ante tantas piruetas ideológicas. Es necesario estar alerta. Los nuevos cauces brindados por la tecnología nos ofrecen herramientas de gran valor pero siendo conscientes de la responsabilidad . Más allá de todo esto, tratar de pensar críticamente se ha vuelto fundamental. Una crítica que rompa con compromisos y prebendas, que desmenuce cada asunto, cada tema, y que sea capaz de desmitificar a los personajes y enfrentarlos a sus propias circunstancias.

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Éste es un espacio de opinión sobre el momento actual de la arquitectura. Para aportar temas, cuestionamientos e ideas y queriendo huir de los peligros de todos esos mitos y mitificaciones. @fredymassad Más sobre «La viga en el ojo»

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