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Ciudades africanas: dinamismo y atonía

Ciudades africanas: dinamismo y atonía
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Por José María Mella Marques, Catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid y coordinador de la Red de Universidades AMENET (África, Mediterráneo y Europa, financiada por la Unión Europea-Programa Erasmus +).

Las ciudades africanas llaman poderosamente la atención por estar experimentando una rápida expansión demográfica, pero sin un ritmo fuerte de crecimiento económico. Un factor que en apariencia explicaría este fenómeno sería la reducida inversión en capital, provocada por bajos niveles de renta per cápita y elevados niveles de pobreza. Sin embargo, parece que el factor con mayor poder explicativo de esa sorprendente atonía económica es que las ciudades africanas producen en términos relativos una menor cantidad de bienes y servicios para el comercio en los mercados internacionales (según un reciente estudio de Lall, Henderson y Venables).

Por tanto, para crecer no sólo demográficamente, sino también económicamente, las ciudades africanas tienen que abrirse al resto del mundo. Deben especializarse en manufacturas, juntamente con otros bienes y servicios comercializables en el exterior. Y atraer inversiones globales en producciones comercializables, para desarrollar las economías de escala y aglomeración asociadas a estos sectores productivos.

En otras palabras, la trampa del subdesarrollo urbano africano radicaría en la incapacidad de sus economías para superar las limitaciones de su especialización en bienes y servicios no comercializables; es decir, aquellos que única y exclusivamente se consumen localmente. La producción para los mercados locales limita el crecimiento de los rendimientos de escala. Porque, es evidente, la base del consumo local de una ciudad es mucho menor que la correspondiente a un mercado regional y global. La especialización en bienes de consumo no comercializables conduce a una reducción de los rendimientos (por utilizar tecnologías más rudimentarias y por la disminución de precios cuando la oferta aumenta). Por el contrario, los mercados de exportación son claves para la dinamización de los sectores industriales.

Desde los años 80 del pasado siglo, la mayor parte del crecimiento de los países en desarrollo ha dependido de la expansión de las exportaciones, basada en la producción industrial y en una mayor dotación de tecnología. A diferencia de los bienes no comercializables, los bienes y servicios comercializables presentan una demanda global elástica al crecimiento de la renta; esto es, cuando ésta última crece, la adquisición de dichos bienes lo hace en mayor medida.

La comparación de las estructuras urbanas de las economías africanas y no africanas permite apreciar que, cuando el nivel de urbanización alcanza el 60% de la población total, la proporción de las manufacturas en el PIB (producción) permanece baja, entorno al 10% del PIB, mientras que en las economías no africanas se eleva por encima del 20%. La causa de este hecho parece encontrarse en que un desarrollo basado en los recursos naturales –que caracteriza a algunas economías africanas- eleva fuertemente los precios (piénsese en la explotación del petróleo y otras materias primas) y expulsa las actividades manufactureras al hacerlas menos competitivas.

Por otro lado, las ciudades africanas, con la entrada de divisas por exportaciones de productos naturales primarios, tienden a aumentar el consumo de bienes/servicios importados, lo que merma la capacidad de inversión y producción en otros sectores productivos de carácter industrial.

Esta falta de industrialización es patente. Lo habitual es que cuando los países se urbanizan, los trabajadores emigran del campo a la ciudad en busca de más oportunidades de empleo y mejores niveles salariales. Los empresarios localizan sus empresas en las ciudades donde las economías de aglomeración aumentan su productividad. La proximidad urbana trae consigo muchos beneficios: cuando las infraestructuras y los servicios básicos se aglomeran su acceso se abarata para la población, abaratamiento tanto mayor cuanto más densamente esté habitada la ciudad. La mayor proximidad entre las empresas permite, por ejemplo, compartir        proveedores y disminuir así sus costes.

Pero sucede que las ciudades africanas, de modo diferente a lo sucedido en el Este de Asia (China, República de Corea, Vietnam), no presentan economías de aglomeración, que son el resultado de la proximidad territorial entre personas, empresas, infraestructuras de transportes y comunicaciones, viviendas y equipamientos educativos, sanitarios y sociales. La proximidad permite aumentar la productividad, disminuir costes (alimentarios, vivienda y transporte) y mejorar el nivel y la calidad de vida.

África se encuentra en una encrucijada. Debe reforzar los motores del crecimiento urbano. Porque el futuro del continente está en las ciudades.

“La riqueza de las regiones” constituye un instrumento de comunicación e intercambio de ideas promovido por Asociación Española de Ciencia Regional (AECR). Para más información sobre la actividad de AECR visite su Página Web o síganos en FacebookLinkedin y/o Twitter.

 

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