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Políticas para progresar en África

Políticas para progresar en África
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Por José María Mella, economista y catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid

 

Conocer lo que piensan los líderes africanos es básico para dibujar un esquema de desarrollo del continente. Para ello me entretuve en sintetizar las opiniones recientes de personalidades de relieve vertidas en entrevistas, debates y artículos. Entre estas personalidades influyentes y de éxito encontramos a empresarios -como Mo Ibrahim de Sudán presidente de la Fundación del mismo nombre o Aliko Dangote de Nigeria que aspira a garantizar que África refine su propio crudo- y políticas como Nygozi Okonjo-Iweala directora general de la Organización Mundial de Comercio y exministra de Hacienda de Nigeria.

Un titular general de las opiniones sería “el ascenso de África es real, pero el progreso sigue siendo frágil”. Titular que incluye ideas de los ámbitos de la gobernanza, la economía, la tecnología, la juventud y la mujer.

Una buena gobernanza implica asegurar como bienes públicos fundamentales a la seguridad (personal y jurídica), la paz, la estabilidad institucional y la coherencia de las políticas. Hay que superar guerras y conflictos, que provocan grandes contingentes de desplazados y refugiados, víctimas mortales y jóvenes (incluso niños) que pierden años de educación y oportunidades para contribuir con sus aportaciones a la actividad productiva.

A su vez, priorizar con urgencia estructuras multilaterales de gobierno y cooperación con reglas frente a las relaciones bilaterales dominadas por poderes imperiales, es esencial. Aunque no debe olvidarse que la gobernanza africana debe basarse en la autoestima de los propios africanos. Las soluciones políticas vendrán desde dentro, no desde fuera; vendrán de la confianza de los ciudadanos en sí mismos.

La economía requiere lograr un crecimiento a largo plazo, la lucha firme contra la corrupción y la gestión responsable y prudente de la deuda. Los estados africanos padecen graves crisis de deuda. Téngase en cuenta que en África los tipos de interés de los préstamos son muy elevados del orden del 10% o superiores. Añádase también que la mayor parte de los fondos de inversión y los fondos soberanos se invierten en el exterior.

África padece salidas masivas de capital, que socavan su desarrollo. En comparación con los 190.700 millones de dólares de entradas financieras recibidas en 2022, África perdió aproximadamente 587.000 millones de dólares por fugas financieras. De estas fugas, alrededor de $ 90 mil millones se perdieron por flujos financieros ilícitos, otros $ 275 mil millones se desviaron por corporaciones multinacionales que transfirieron ganancias y $ 148 mil millones se malversaron por corrupción.

La tecnología móvil, la innovación como el uso de drones para la administración médica, el seguro colectivo para luchar contra los efectos de la sequía y el desarrollo de la ingeniería civil para la dotación de infraestructuras (transportes, agua, electricidad), son vías efectivas para resolver problemas básicos de las economías africanas.

El aprovechamiento económico de la juventud africana, el llamado “dividendo demográfico” (edad media de la población de 19 años, 70% de africanos menores de 30 años y 500 millones de 15 a 24 años antes de fines de siglo), puede elevar las condiciones de vida de la población, siempre y cuando se mejoren la educación y la sanidad, las oportunidades de empleo juvenil y el liderazgo sociopolítico de los jóvenes.

No hay que olvidar tampoco la necesidad de una política de igualdad de género. El enfoque de inversión en la educación de las mujeres permite controlar la fecundidad, retrasar la edad del matrimonio, elevar el acceso a mayores coberturas sanitarias, reducir la mortalidad infantil, mejorar la educación de las hijas y frenar el crecimiento demográfico.  Se sabe también que las rentas obtenidas por las mujeres tienen un efecto muy superior a la de los padres en términos de mejora de los niveles nutricionales de sus hijos y elevación de la calidad de vida familiar. También es sabido que el mayor nivel educativo femenino aumenta la capacidad de emprendimiento, la productividad, el empleo y el desarrollo.

Resumiendo, más que nunca, África para los africanos. Si los recursos africanos se emplean fuera, difícilmente cabe esperar que los recursos extranjeros se apliquen dentro. Habrá que crear un entorno empresarial e institucional favorable para atraer capital público y privado.

Sin buena gobernanza, sin liderazgos honestos y competentes, sin control en la adjudicación de los caudales públicos, sin inversión en la juventud protagonista de sus propios asuntos (Mónica Geingos, fundadora de Leadership Lab Yetu. The Guardian, 30/01/2026), sin una política de género y sin un Estado de derecho no burocrático y ágil, difícilmente se puede desarrollar el continente.

 

“La riqueza de las regiones” constituye un instrumento de comunicación e intercambio de ideas promovido por Asociación Española de Ciencia Regional (AECR). Para más información sobre la actividad de AECR visite su Página Web o síganos en FacebookLinkedin, Youtube y/o Twitter.

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