Eduardo Redondo.
El viaje de esta semana nos lleva hasta el barrio de Canillejas. Allí se encuentran las instalaciones del Colegio Amor de Dios que coordina desde el año 2009 Joaquín Nguema del Monte, uno de los coordinadores más veteranos de los Juegos Deportivos de Escuelas Católicas de Madrid (ECM). La trayectoria de Joaquín en su colegio es dilatada, pero su relación con la competición empezó muchos años antes: “Con vosotros empezó todo”. Con mucho trabajo, el centro ha conseguido tener un proyecto deportivo sólido, llegando a tener a más de 200 alumnos en sus equipos.
La piedra angular de todo ese proyecto es su coordinador, porque el Colegio Amor de Dios no sería lo mismo sin Nguema y Joaquín no sería lo mismo sin sus equipos. Hoy hablamos de deporte, de valores y de un sueño cumplido, porque junto a Joaquín se encuentra Pablo Palacios, un exalumno que ha conseguido debutar en la Primera División del fútbol sala vistiendo la camiseta del mejor equipo del mundo: Inter Movistar.
“Cuando llegué al Colegio Amor de Dios en 2009 me contrataron como profesor de Primaria, pero también con una misión clara: impulsar el deporte. El colegio contaba con un pabellón espectacular que estaba prácticamente sin uso y no había actividades extraescolares deportivas. Me dijeron que, además de dar clase, querían que pusiera en marcha este proyecto. Yo les dije que muy mal lo tenía que hacer para que no funcionara. Empezamos con fútbol y baloncesto. El colegio siempre ha sido muy conocido por el baloncesto, pero pronto me di cuenta de que a los chicos les costaba un poco más este deporte, así que decidimos apostar por el futsal. En el caso de las chicas, observé que los deportes de contacto no les atraían tanto, por lo que introduje el voleibol. Esta ha sido, sin duda, una de las mejores decisiones que he tomado: el voleibol funciona muchísimo, es una barbaridad”, recuerda Joaquín sobre los inicios del proyecto.
Con los años, el volumen de jugadores creció exponencialmente hasta tocar techo en la temporada 14/15 superando los 200 alumnos. “Actualmente, en los Juegos Deportivos de Escuelas Católicas de Madrid (ECM), contamos con diez equipos. Nos cuesta bastante conseguir jugadores de las categorías Infantil y Cadete porque muchos alumnos juegan fuera y eso dificulta un poco las cosas. Aun así, confío en que en un par de años volvamos a tener equipos en todas las categorías, como ocurrió antes del confinamiento. En baloncesto perdimos muchos alumnos porque clubes de fuera se los llevaron, pero ahora contamos con dos equipos femeninos, uno benjamín y uno alevín, algo que me hace estar bastante contento. En cuanto al número total de alumnos practicando deporte, actualmente rondamos los 150. El máximo que llegué a tener fue en el curso 2014-2015, con unos 200 o 210 niños, una época muy buena en la que prácticamente teníamos equipos en todas las categorías”, explica el veterano coordinador.
El que conoce a Joaquín sabe de su entusiasmo por el deporte y puede que ese sea el secreto de todo el proyecto. “Reconozco que al principio era muy entusiasta y formaba los equipos por niveles. Sin embargo, me di cuenta de que los alumnos que acababan en los equipos B, al año siguiente, dejaban el deporte. Durante un tiempo esta filosofía funcionó bien con generaciones muy buenas, pero decidí cambiar y hacer los equipos por cursos, priorizando que todos los alumnos practiquen deporte con sus compañeros. Con los años te das cuenta de que esto no es un club y que hay que elegir una filosofía que prime la participación” asegura Nguema.
Hablando de la organización de los Juegos Deportivos de ECM, Joaquín asegura tenerlo claro: “No me cuesta decirlo. Hoy en día no veo otra competición mejor que la de Escuelas Católicas. Siempre lo comento en las reuniones con los padres: decidme una liga en la que un entrenador o una persona del público proteste al árbitro y el partido se pare. Eso se ha normalizado en muchos sitios y no debería ser así. Lo que más me sorprendió al llegar a Escuelas Católicas fue precisamente el respeto. Aquí, si hay un problema, se para el partido y se soluciona. Y, aunque no lo parezca, hay mucha competitividad. No es que no se quiera competir, al contrario, pero se hace desde el respeto. Hay valores muy marcados y límites claros que no se pueden sobrepasar”, asevera.
Siguiendo con esta línea, el propio Joaquín tiene claro que el deporte es una escuela de valores para la vida. “En el deporte me gusta destacar un valor fundamental: el compañerismo. La unión del equipo, la piña del grupo. Intento que todos los jugadores se sientan identificados con su equipo. También inculco el respeto, especialmente hacia los propios compañeros. El esfuerzo y la disciplina son otros dos valores clave, y soy el primero que se los toma muy en serio. Quiero que vean en mí un ejemplo de compañerismo, respeto, compromiso y disciplina. Además, el deporte enseña a saber perder, a gestionar la frustración y a superarse. Todos estos valores forman personas, y ese es el objetivo final”, explica el coordinador apelando a su espíritu más educativo.
Otro factor importante del proyecto son los entrenadores que Joaquín capta y ficha para los equipos del colegio. “Mi grupo de trabajo está formado, en gran parte, por antiguos alumnos y jugadores que se han formado aquí y conocen el colegio. Entrenadores como Gadea o Rubén han pasado por todas las categorías, han ido a Torremolinos y ahora siguen vinculados como entrenadores. Creo que esto es fundamental para que las futuras generaciones se sientan identificadas. Doy mucha importancia a esta continuidad, especialmente en futsal y voleibol, donde tenemos cantera”, resume.
Para terminar, Joaquín nos habla de una de las oportunidades que ofrece la participación en los Juegos Deportivos de ECM, los Juegos Nacionales Escolares EMDE. “Los Juegos EMDE son una experiencia espectacular, tanto para los alumnos, como para los monitores. Muchas veces me preguntan cómo puedo irme una semana a Torremolinos con la responsabilidad que eso supone, pero para mí es uno de los mejores momentos del año. Lo aprendí de Paco, del colegio Las Nieves, que fue quien me lo inculcó. Desde entonces intentamos no fallar, por todo lo que aporta esta experiencia. Además, este torneo es una herramienta que yo utilizo como motivación durante todo el curso para los jugadores”, concluye.
Sin embargo, como decíamos al principio, junto a Joaquín se encuentra Pablo Palacios, jugador de Inter Movistar en la actualidad y de Amor de Dios durante sus años de formación. La historia de Pablo es la de cualquiera de los 12.000 jugadores que este próximo fin de semana disputarán la novena jornada de competición de la XXXVII edición de los Juegos Deportivos de ECM: todos sueñan con ser futbolistas profesionales. Palacios lo ha conseguido al debutar en la Primera División de la Liga Nacional de Fútbol Sala.
“Yo empecé a jugar al fútbol sala en la categoría de prebenjamín como portero. Durante toda mi etapa escolar (desde los cinco a los 18 años) formé parte de los equipos del colegio. En secundaria lo compagine con fútbol 11 fuera del colegio en el C.D. Canillas y hace dos años formé parte del equipo de División de Honor del Colegio Obispo Perelló. Allí estuve una temporada en la que aprendí muchísimo antes de dar el salto a Inter”, recuerda Pablo.
Para Joaquín es un honor haber formado parte de la trayectoria de Pablo y guarda con mucho cariño numerosas anécdotas. “Cuando Pablo llega a Obispo se encuentra muy fuera. Ve el nivel y no se encuentra cómodo. En ese momento viene al colegio y me dice: ¿Me dejas el pabellón para entrenar? Obviamente la respuesta fue sí. Él venía aquí solo y se bajaba a entrenar. En esta situación otro se hubiera rendido, pero él afrontó el problema y trabajó muy duro para superar sus miedos y sus límites y llegar hasta donde ha llegado. Esto demuestra que para llegar no solo hace falta talento. También es necesario esfuerzo, trabajo y sacrificio. Tres pilares que yo creo que le pude inculcar”, explica Nguema.
“Al final yo pasé de jugar en Escuelas Católicas a División de Honor y al futsal profesional. Fue un salto enorme y tuve que trabajar mucho. Sin embargo, todo el esfuerzo ha merecido la pena. La temporada pasada estuve en el Juvenil y me subieron con el filial y esta temporada ya tengo ficha en el B. Además, el entrenador del primer equipo ha confiado en mí y he conseguido llegar a debutar en Primera”, recuerda Palacios.
Durante sus años en los equipos del Colegio Amor de Dios Pablo participó en dos ocasiones en los Juegos EMDE siendo elegido en el quinteto ideal del torneo, lo que viene a señalar que desde pequeño ya apuntaba alto. “Recuerdo esa etapa con mucho cariño. Fueron años increíbles en los que vivimos experiencias únicas. Aprendí muchas cosas, pero sobre todo el respeto. Nunca hay que infravalorar a ningún jugador. También aprendí que el sacrificio es fundamental. El esfuerzo y la constancia son valores fundamentales. Nunca hay que rendirse por muy grande que sea el reto”, asegura.
El ejemplo de Pablo sirve ahora para las nuevas generaciones del colegio que sueñan con vivir lo que está viviendo Pablo. “Lo primero que les diría es que nunca piensen que son menos de lo que son. A mi me han dicho muchas veces: No vas a llegar, déjalo, céntrate en los estudios… Y yo he conseguido compaginar todo. Ahora estoy en la universidad y sigo trabajando y luchando por mi sueño. Otra cosa que les diría es que disfruten del proceso, que no se centren solo en el deporte y vivan cada etapa con ilusión”, recomienda Pablo.
¿Un sueño? “Mi sueño ahora mismo, aunque sé que está muy lejos, es llegar a un Mundial o una Eurocopa, pero claro, tú me dices en cuarto de primaria que voy a debutar en Primera División y tampoco me lo creo. Mi idea es seguir trabajando para conseguir que me fiche un equipo de Primera o de Segunda y seguir subiendo de nivel”, concluye.
“Para mí es un orgullo enorme. Pablo lo sabe, yo siempre he confiado en él. Siempre ha tenido algo especial y siempre va a tener mi apoyo. No quiero terminar sin agradecer al colegio Obispo Perelló la ayuda que me prestan siempre y que den la oportunidad a mis jugadores de seguir creciendo y compitiendo al más alto nivel”, finaliza la entrevista Joaquín.
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