Élisabeth Louise Vigée Le Brun.

Élisabeth Louise Vigée Le Brun.

Publicado por el 12/10/2015

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Autor colaborador: Maira Herrero, 
Master en Filosofía.

Maira

 

 

 

 

  Obra de Élisabeth Louise Vigée Le Brun  

 

París rinde homenaje con una gran exposición a una de las artistas más importantes del siglo XVIII. El Grand Palais albergará hasta el 11 de enero de 2016 una retrospectiva de Élisabeth Louise Vigée Lebrun (1755-1842). Más de 160 obras entre óleos, pasteles y dibujos recorren la vida de esta gran pintora, que cautivó con su maestría a la Europa más refinada de su tiempo.

Élisabeth Louise Vigée Lebrun posiblemente sea una de las pocas artistas plásticas a las que se le ha dedicado atención y reconocimiento, algo poco común ya que el genio femenino no parece haber atraído mucho la atención. Creo que podría decirse que Vigèe Le Brun es casi un mito dentro de la Historia del Arte. Su reconocimiento en vida y su fortuna crítica parece que no hayan decaído a lo largo de los años. Su agitada existencia hacen de ella un personaje tremendamente atractivo, conoció la vida mundana del Antiguo Régimen, las horas de la Revolución, las cortes europeas más importantes  de su tiempo y cuando regresó a París, después de un largo exilio, el Imperio napoleónico. Muy consciente de su talento supo imponerse en un entorno masculino y se sirvió de todas las armas de las que disponía para hacerse un hueco en un mundo artístico dominado por hombres. Con una gran sutileza utilizó su propia imagen como propaganda de su buen hacer como retratista. Son numerosos los autorretratos en los que se dejar ver el genio, la belleza y vitalidad de esta mujer dispuesta a llegar a la cima. 

 

 Obra de Élisabeth Louise Vigée Le Brun 2 

 

Élisabeth Louise Vigée, nació en París en 1755 en un entorno artístico, su padre Louis Vigee fue retratista y un magnifico pastelista que introdujo muy pronto a su hija en el oficio. A los quince años comenzó a trabajar como retratista y en 1774 ingresó en la Academie de Saint Luc donde se expusieron sus primeros trabajos. Su matrimonio con el marchante de arte Jean Baptiste Pierre Le Brun le abrieron nuevas puertas y vías de conocimiento, estudió a los maestros antiguos y se rodeó de obras de arte de todo tipo que fueron una fuente muy importante de inspiración. En 1778 pintó el primero de una larga serie de retratos de la Reina María Antonieta, una de las razones a las que debe su fama. La  estrecha relación con la Reina fue de gran ayuda para su ingreso como miembro de pleno derecho, en 1783, en la Academie Royale de Peinture et de Sculpture. La primera exposición en la Academie  de sus retratos fue recibida con recelo pero pronto se ganó el apoyo de critica y público. En 1785 pintó el gran cuadro de la Reina María Antonieta con sus hijos. Su éxito provocó numerosas envidias y pronto fue objeto de críticas y calumnias por parte de sus adversarios y, a pesar de que ella se defendió  hábilmente, pesaron de forma incuestionable con la llegada de la Revolución obligándola a abandonar París e iniciar un largo peregrinaje por toda Europa.

 

 Élisabeth Louise Vigée Le Brun: portrait-of-charles-alexandre-de-calonne-1784 

 

En Italia pasó sus primeros años de exilio, Turín, Parma, Florencia, Venecia, Roma y Nápoles, son algunas de las ciudades donde Élisabeth Vigée vivirá alejada de un mundo que ya no volvería a repetirse. Su fama le precedía y muy pronto  los círculos aristocráticos y artísticos le abrieron las puertas, rindiéndose a la gran retratista francesa. La vuelta a París se hace esperar y el exilio continuará durante varios años más. En 1792 se trasladó a Viena para trabajara activamente para los aristócratas exilados franceses y  la nobleza austriaca y polaca. En 1795 viaja a Rusia y  pronto se instala en San Petersburgo. La corte de Catalina II la recibe con entusiasmo y durante seis años pintará incansablemente poniendo de moda una nueva manera de entender el arte del retrato. Su trabajo recibió el reconocimiento oficial de la  Academia de Bellas Artes de San Petersburgo y de nuevo fue recompensada con el apoyo de colegas y público. Durante estos años, más de doce, la fama y fortuna de esta francesa internacional se vió notablemente incrementada, procurándole una libertad inusual en una mujer de su época. El 18 de Enero de 1802 regresó definitivamente a París donde fijó su residencia habitual con excepción de algunos viaje a Inglaterra y Suiza. Durante estos años continuará trabajando y luchando incansablemente para mantener su fama y prestigio en los círculos artísticos más importantes de Europa. Sus salones fueron lugar de encuentro de ilustrados, pintores, escritores e intelectuales. Los años no mermaron su vitalidad artística y curiosidad, dedicando la mayor parte del tiempo a cultivar el arte del paisaje tomado del natural muy de moda con la llegada del Romanticismo. Pocos años antes de morir y con la ayuda de sus sobrinas escribió, sus Souvenirs, tres volúmenes dedicados a rememorar las experiencias de una vida plena, de la que disfrutó hasta sus últimas consecuencias, sin compromiso ni quejas. Élisabeth Louise Vigée murió en París en 1842.

 

 Obra de Élisabeth Louise Vigée Le Brun 3 

 

Mme. Vigée Lebrun practicó un arte refinado lleno de belleza y rebosante de vida, imprimiendo innovaciones cromáticas a unas composiciones llenas  de expresividad que dejan patente su depurada técnica. Sus retratos son el reflejo de toda una época y una fuente inagotable para estudiar ese ideal de mujer que ella misma representaba. No rompe con los estereotipos de la época pero sus modelos van más allá de la pura representación pictórica. Las poses y las actitudes de cada una de sus modelos traslucen la importancia que adquieren  sus retratos para el estudio de toda una época. Nada queda al azar, detrás de cada imagen el espectador encuentra multitud de detalles que adquieren vida propia fuera de la composición general. Su trabajo sirvió de referencia para otros pintores y fue incorporando las temáticas que imponían los nuevos tiempos. Ejemplos de ellos son sus cuadros alegóricos y mitológicos muy del gusto neoclásico, las composiciones que reflejan el amor materno filial de influencia roussoniana  y una larga galería de retratos de mujeres bellas y sensuales que fueron adaptándose a cada momento y lugar. 

 

 Obra de Élisabeth Louise Vigée Le Brun 4 

 

Al nombre de está gran pintora hay que unir el de otra  artista parisina con la que compartió el interés por la pintura de caballete y la lucha por el reconocimiento de su trabajo en un mundo de hombres, la pintora Adélaïde Labille-Guiard (1749-1813). Ambas ingresaron en la Real Academia de Pintura y Escultura de Francia el mismo día y por la similitud de su trabajo, fueron constantemente comparadas y aunque Labille-Guiard no alcanzo la fama internacional de Vigée Le Brun, supo también hacerse un hueco y obtener un merecido reconocimiento como pintora de historia y retratista, además de ser una exitosa profesora.  Después de trabajar para la corte de Luis XVI reconvirtió  sus pinceles a los nuevos tiempos revolucionarios y continuó pintando hasta el final de sus días. 

 

 vigee le brun 

 

Vigée Le Brun y Labille-Guiard contribuyeron con su trabajo a promover el estudio de las Bellas Artes entre las nuevas generaciones de mujeres artistas y pusieron de manifiesto con su arte que el ser  mujeres no es un impedimento para  demostrar  talento y  fuerza creadora en un mudo dominado por hombres. Mujeres con visibilidad tanto en la esfera pública como privada, mujeres geniales que en un universo escrito por hombres dejaron patente una personalidad arrolladora e iluminaron  una realidad hasta entonces muy escondida.

 

 Obra de Élisabeth Louise Vigée Le Brun 5 

 

La Exposición de Vigée Lebrun es una buena ocasión para reflexionar sobre la mujer y el arte, y abordar la directísima relación que existe entre la realidad y la pintura como reflejo directo del mundo en que se desarrolla. Su figura representa los ideales que muchos años después Virginia Woolf recogió en Una habitación propia, libertad personal e intelectual unida a una independencia económica que rompía amarras con las convenciones establecidas.

 

 Obra de Élisabeth Louise Vigée Le Brun 6 

 

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