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Blogs Enciende y Vámonos por Rosa Belmonte

Ponte el micrófono

Rosa Belmonte el


Este fin de semana he ido a ver Las brujas de Salem. No huyáis malandrines, que no voy a hablar de teatro, voy a hablar de actores. Sobre todo de Marta Calvó, una magnífica, extraordinaria, sobrecogedora Elisabeth Proctor. Marta Calvó era la malísima Virginia en la loquera de Motivos Personales, hace un papel casi residual en Círculo rojo y leo que se incorpora a la factoría de Amar en tiempos revueltos (con Emilio Gutíerrez Caba, que también está en la serie de Antena 3, que, vuelvo a decirlo, no es peor que Motivos Personales, sólo menos chiflada). Marta es mucho mejor actriz de lo que parece en esos papeles.


 En Las brujas se Salem también participa una muy convincente María Adánez como la pérfida Abigail, así como Inma Cuevas (la hija pequeña pero ancha de Mujeres) como una de sus secuaces en el delirio. La función de Miller no es obviamente una de esas piezas de teatro basura montadas para que caras conocidas de la tele arrastren al público a las salas pero sí está llena de caras conocidas de la tele. Desde Sergi Mateu (Hospital Central) a María Adánez pasando por Marta Calvó, Inma Cuevas o Lia Chapman (Canguros, donde Paula Vázquez tenía otra cara). A esas caras hay que añadir en la noche del sábado, y fuera del escenario, a Lydia Bosch yendo a recoger a Marta Calvó (es evidente que en Motivos Personales se fraguó una gran amistad) o a Antonio Zabalbálburu (Javier en Hospital Central) yendo a recoger a su chica, María Adánez.  


Otra cosa. Momento micrófofono en el TD2. Empieza María Escario a hablar pero no se la oye. No es que no funcione el micrófono, es que no se lo ha puesto, la tía (la tía y los encargados de sonido, claro). ‘Toma, el micrófono’ (Milá). ‘Ay, ha sido un despiste’ (María). Y se lo pone en la solapa con todo el cable atravesado. Desaparece de la imagen (van a vídeo) pero ella sigue hablando y cuando volvemos a ver su cara, sin que haya dejado de parlotear, lleva perfectamente colocado el micro en la solapa derecha con el hilo por dentro. Después del siguiente vídeo, en el que María ya no participa, el micro se ve en la solapa izquierda. Éste debió de ser el único momento tranquilo de la noche. Habría que haber visto la primera puesta con la periodista en el uso de la palabra y los otros metiéndole mano y cable.  Ponte el micrófono. Que podamos oirte, es muy importante (música de Ponte el cinturón, claro).


(Dejo aquí la idiotez de la explosión nuclear en la tele checa.)

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