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Blogs Enciende y Vámonos por Rosa Belmonte

Menudo backstage

Rosa Belmonte el


“Bueno, vamos a hacer un alto a doce minutos para la una en Dolce Vita”. Una frase banal pronunciada por Santi Acosta justo después de lo más gordo que se ha visto últimamente en televisión. Consuelo Alcalá (la mujer mejor peinada de los platós, como bien escribió Beatriz Cortázar) y su hijo, Jaime Ostos, en esa cosa de a ver si nos perdonamos (uno está en el set y la otra con una pantalla, oyendo y con sonido de micro ella misma).  Lo del numerito de Kiko Matamoros y Lara Rodríguez.  Otra frase de Santi: “Seis minutos para la una. Ahora mismo Consuelo Alcalá se encuentra recuperada. No ha sido posible ese reencuentro entre madre e hijo”. Pero no sólo porque el raro del hijo se negara, es que Consuelo Alcalá se puso a llorar y, cuando Jaime se escapaba del plató, la madre salió corriendo detrás de él (antes gritaba: “Santi, dile que no se vaya… Quiero darle un abrazo”), no lo alcanzó y se desmayó teatralmente entre bastidores (“Menudo backstage hay aquí”, exclamó luego Miguel Temprano). Lo nunca visto en el subgénero de amor materno filial, cuyos antecedentes televisivos fueron David Menaza (concursante de La casa de tu vida y entonces novio de Mónica, la virgen) y su madre. Posteriormente, llegarían Bienvenida Pérez, su madre y la peluca de ésta. “No sé, no tengo palabras”, decía Santi Acosta. No me extraña. Estamos ante el gran tabú: despreciar a una madre y asegurar que es una mujer sin escrúpulos y una grandísima actriz (la verdad es que estaba sobreactuada, pero eso no quiere decir que todo se finja). Y ese tío da más miedo… (Ella sostiene que necesita terapia). Y el amantísimo hijo, que se había ido, vuelve a estar sentado al lado de la pantalla (donde la madre ha tenido la actuación). “¿Estás dispuesto a pedir disculpas a tu madre?”.  “No porque no soy yo el que tiene que pedir disculpas”. Y se vuelve a ir. Más tarde, durante las entrevistas a la madre de Naiala y a Mónica Estarreado pusieron un rótulo: “Consuelo Alcalá a punto de entrar en el plató”. Mentira. Ni a punto ni entró (lo hizo la hija, la llamada Grabiela por su padre).  Pero rebobinemos al momento posterior al desmayo. Paloma García Pelayo: “Es un espectáculo triste y verdaderamente lamentable”. Por una vez voy a darle la razón. Pero no sólo lo de la madre y el hijo sino el circo que el propio programa ha fomentado y facilitado, aunque se le haya ido de las manos (aunque probablemente estarían encantados).  Santi Acosta: “Necesitamos algo para cambiar las sensaciones de esta noche. Yo creo que lo mejor son unos tonos para el móvil…”.  Ole, ole y ole. Perdona pero voy a vomitar.



(Ahora mismo la página de Dolce Vita no está actualizada. De todas maneras dejo el enlace por si acaso, por si cuando alguien lea esto ya han puesto el numerito. En cualquier caso, mañana en el Tomate seguro que es pieza principal.)


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