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Blogs Enciende y Vámonos por Rosa Belmonte

‘Me acuerdo de cuando desayunábamos’

Rosa Belmonte el


 


¿Quién en su sano y televisivo juicio podría echar de la isla de Supervivientes a Karmele Marchante? A su traje de neopreno, a su sombrilla, a sus gafas animal print. Aunque me está empezando a dar pena con esos lloros y esos labios trémulos. Vale que es la más cercana a la época de Los Picapiedra pero lo de la Blackberry Stone (o piedráfono) ha sido mundial. Yo ya la veo anunciando teléfonos móviles. Para quien no sepa de qué estoy hablando, Karmele mantiene conversaciones telefónicas (y hasta la función fática) con sus amigas con una piedra en la oreja, como los niños pequeños (‘Teresa, me acuerdo de cuando desayunábamos y leíamos los periódicos’).


Parece que Playa (mala) Uva está acabando con sus habitantes.  Con las jóvenes  (Estela, la gimnasta, por ejemplo, que ha recibido la visita del médico) y con las piradas (o será que Karmele es tan buena actriz que nos está engañando haciéndose la Aurora Bautista: chsss, el rey no está muerto, está durmiendo). Se ve que las otras guardan reservas en esos culazos y esas tetazas que tienen siempre al aire (es verdad que la más dotada, Ivonne, no está allí). Y hay que ver lo fea que es Lucía Lapiedra, cada vez más parecida a Loli Álvarez. Eso sí, asegura no tener escrúpulos a la hora de comerse cualquier cosa (pero eso ya lo sabíamos). Aunque ahora va a por las lagartijas y no a por lo que rima con ollas.


El yoga (lo que faltaba) es casi lo único que las alimenta (puede ser peor; en la otra isla juegan al parchís). Y el macho, Michael Olivares y su taparrabos, se muestra encantado de haber pescado cuatro chirretes para su tropa de tías tumbadas permanentemente a la bartola. Es una edición de contrastes. Por los recursos de cada isla y por los bañadores de cada isla (el de Michael y el de Joselito). Mientras, en Cabeza de Vaca, el pequeño ruiseñor y sus enormes calzones se comen todos los bicharracos que se encuentran (y que suelen ser más grandes que él). Menos la serpiente. ‘Si es una boa la mato’, dice Salinas. Mátala sea lo que sea, no te digo, menudo asco..


Y Mario Picazo, en el hospital con fiebres tifoideas (Paula era menos floja). Esto (aquello) es el infierno. Pero que no echen a Karmele. Ahora, cuando le llegue la factura del teléfono…

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