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Blogs Enciende y Vámonos por Rosa Belmonte

Material ignominioso

Rosa Belmonte el


El gong tiene esa cosa adictiva (y pelín vergonzante) que tenía El semáforo (antes de que al pobre Cañita Brava le pusieran el frac y a cantar en plan Los tres tenores con los otros dos gañanes y lo desgraciaran). Mataría al tal Enric (tan, tan TNT, tan, tan inútil en el programa) y maldita la gracia de los chistes del alto (y vivo) de los Sacapuntas.


 Pero, además de que Paz Padilla me caiga bien, está  el hallazgo de algunas joyitas en el espacio (demasiado pocas para lo largo que es El gong, pero ahí está la gracia del zapping). A ver, una perla. Había dos chicos y dos chicas que bailaban rock (Rock por cuatro se llamaban). Eran como dos pares de gemenos sin tocarse nada. Lo bueno fue la presentación, cuando decían su nombre y a qué se dedicaban. Una de ellas va y suelta: ‘Soy fulanita y estoy estudiando… en una autoescuela. Me estoy sacando el carnet de conducir’.


 Luego había un tío que hacía música con las uñas. De las manos. Tamborileaba las de una mano contra las de otra, como si tocara las castañuelas. Había que ver las garras del pollo. Un asco, tú. Paz Padilla le preguntó si le rascaba la espalda a su mujer y el hombre dijo que era soltero. Hombre, pues claro, cómo va a estar casado con esas zarpas (ni los concertistas de guitarra clásica las tienen así). Antonio, que ese era su nombre (y, por tanto, era su santo) había asegurado que la curiosa actividad la había aprendido en una película del Oeste (aquí voy a pedir el servicio de socorro de RNE: Dios, necesito saber en qué película sale eso porque a mí no se me ocurre). Lógicamente, lo de las uñas me ha recordado a Faemino y Cansado. En realidad, todo el programa tiene como el espíritu de Faemino y Cansado, quiero decir que es algo que elllos podían contar. Es material perfectamente ignominioso. Voy a lo de las uñas. No he encontrado el vídeo (aunque aquí dejo un montón, y que no me oiga Lequio; no los he visto todos, así que quizá esté):


 El tío que se sube al trampolín de la piscina, pone la postura del ángel, está a punto de saltar y pregunta a los de abajo:


¿Qué parezco? ¿Qué parezco?


Un águila.


 ¿Por la postura?


 No, por esas uñas, que parecen mejillones. Córtatelas, tío cerdo.

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