Lo de Sarah Jessica Parker no tiene lÃmite. No sólo va por la vida (me encanta, las feas también tienen su aquel) con esa cara de calabacÃn y su verruga en la barbilla tal que si fueran elementos indiscutibles de algún canon de belleza en el paÃs de los pepinos. No sólo se supone que marcaba tendencia con un guardarropa de echar a correr (el de la serie). Ahora va al estreno de Sex and the city en Londres y se planta con semejante sombrero. Ni siquiera se la puede comparar con Rossalind Russell. Ni con su rarÃsimo sombrero en Luna nueva ni con esas antenas que llevaba en Mujeres (las tres de la escalera se odiaban). Tampoco con el colador de Greta Garbo en Ninotchka. No. Ni con Gala y su sombrero zapato de Elsa Schiaparelli. Ni con Carmen Miranda. La comparación de la Parker es con Cristina RodrÃguez, la precursora de Josie (yousi) en Supermodelo. No habÃa visto cosa más ridÃcula desde las cejas de Groucho Marx que se pintó Janeane Garofalo en las séptima temporada de El ala oeste.
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