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Blogs Enciende y Vámonos por Rosa Belmonte

La Clara, la Yema y el huevo light

Rosa Belmonte el

 

 

 

 

 

 

Elvira Mínguez es una actriz prodigiosa y Clara Campoamor, una figura histórica con todos los merecimientos para una serie, película, canción o cómic. La mujer que con su lucha a favor del voto femenino hace que España sea por primera vez una democracia plena. Ahí es nada (y aunque contemplemos la idea de que Victoria Kent, a quien Celia Gámez cantaba en Pichi, resultara  más atractiva). En fin, una cosa es la magnitud de la persona y  otra cosa es que Clara Campoamor, la mujer olvidada sea un producto dramático a la altura del personaje (o a la altura de Victoria Kent, secundaria aquí). La película de noventa minutos dirigida por Laura Mañá, que coincidió como actriz en Abuela de verano con Elvira Mínguez, es muy correcta. Quizá solo eso. Es complicado condensar tantos acontecimientos en tan pocos minutos. Probablemente, es el afán didáctico lo que impide la excelencia dramática. Pero, claro, si se pretende dar a conocer a la abogada y política republicana desde la nada, se te van los noventa minutos en generalidades, en aglomeración de acontecimientos, en la discusión por la expresión “En principio” (esto es de lo mejorcito) y en generación de titulares (“República, siempre república” o “No soy feminista, en realidad me considero humanista”).

 ¿Debe la historia en televisión ser entretenida? Pues sí. Se nos llena la boca a la hora de sacar defectos a Downton Abbey, la estupenda serie a la que se ha enganchado Esperanza Aguirre. Estamos a la que salta para destacar las trampas y los clichés de una serie pensada para gustar al espectador medio, pero lo cierto es que es más fácil, más agradable y más efectivo conocer un periodo histórico con un poco de azúcar, que diría Mary Poppins. Es televisión. Es espectáculo. Que no digo yo que si la película se hubiera centrado en la rivalidad de Clara Campoamor y Victoria Kent, fabulando, la cosa nos hubiera parecido bien. Pero me da la impresión de que cualquier documental en el Canal Historia podría haber sido más emocionante que esta escasa dramatización de la importancia de Clara Campoamor, cuya parte artística supongo que la ponen los planos cenitales (el de la calle con las octavillas y uno en la cama). También tengo que decir que si en una película están Elvira Mínguez y Monsterrat Carulla (aunque aquí no tiene tantas oportunidades de lucirse como en Crematorio) yo me quedo.

(Y Concha Velasco se comió a Clara Campoamor)

 

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