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Entre The Good Wife y la warholiana Aída Nízar

Rosa Belmonte el

 

 

La televisión oscila entre The Good Wife y Aída Nízar.  Entre lo mejor y lo peor, por si hubiera que explicarlo. Como Sálvame tiene esa parte que conecta con La escoba espacial de Richard Benjamin, ha recogido a ese desecho de virtudes y dechado de maledicencias. A Aída solo le falta un amenazador brillo en las paletas, como a los malos de los dibujos animados (como al Moriarty Transfer de Willy Fog), para acabar de moldear su personaje. Aída Nízar fue TT en su visita al Deluxe del viernes pasado. Estaba muy contenta por ello. Quizá porque, como Andy Warhol decía, no conviene prestar atención a lo que escriban de ti, lo que tienes que hacer es pesarlo.

No sé en qué acabará esta contratación de la Demonia del Montblanc pero reconozco, aunque sólo sea con la puntita, que engancha. Quizá porque no das crédito, quizá porque es capaz de convertir un diálogo en árabe en un delirante sketch (más vale que no se entere el integrismo), quizá porque no se puede ser más boba. Si ver Las chicas Gilmore te hace ser mejor persona, ver a Aída Nízar te hace ser peor persona. Acabas pensando en todo lo que podrías hacerle (o mandar hacerle).

Hay mucha gente a la que nos gusta odiar, pero me temo que una de ellas no es Aída Nízar. Ella es otra cosa. The Good Wife, que es la gran serie, tiene también los más grandes cabroncetes de la ficción televisiva. Cuando ya te has acostumbrado a que Cary Agos sea el malo, te pasas a Jackie Florrick y luego odias a Becca. Te da un poco de pena que Tammy Linnata te caiga mal porque es a Elizabeth Reaser, pobre, a la que no puedes soportar desde Anatomía de Grey. Y llega Patti Nyholm y la patearías. Da igual que esté embarazada, igual que pasas de la enfermedad de Louis Canning porque es muy abofeteable. Igual que Nancy Crozier, Viola Walsh, Celeste Serrano o Lana Delaney (¿en serio?). Aunque al final a todas estas malas pécoras les gana Wendy Scott-Carr en su segunda etapa macartista.

 La capacidad de The Good Wife para crear personajes odiosos es asombrosa (como lo es la propia serie). A cambio hay algunos que te llevarías a casa, como  Elsbeth Tascioni o Eli Gold. Él tiene la clave a la hora de comparar a esta pléyade demoníaca y a Aída Nízar. Y hay que decirlo gritando:  “Odio a los aficionados”.

 

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