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La ley del descanso matrimonial

Maira Álvarez el
En cenas así, no es tan difícil perder al marido

 

 

 

 

No es labor del protocolo inducir al divorcio (después de que nos llamase terroristas el señor Margallo era lo que nos faltaba), así que dejad de leer los que hayáis visto en el titular de esta entrada una arenga a favor de infidelidades varias.

Cuando se organiza una cena, sobre todo si hay bastantes comensales, es necesario establecer un orden entre los invitados que se sientan a la mesa con el fin de que todos se relacionen entre sí.

No hay nada peor que te inviten a comer y haya un corrillo cerrado a tu alrededor y nadie hable contigo o no sepas de qué están hablando. El objetivo final de cualquier encuentro social es relacionarnos con nuestros semejantes, así que es labor del anfitrión separar a las personas que se ven todos los días con el objeto de que no conduzcan la conversación hacia temas de los que solo ellas están al corriente y aíslen al resto.

Buscad las parejas en esta cena del Palacio Real en honor a Sarkozy

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ley del descanso matrimonial es una recomendación protocolaria que consiste en sentar de forma separada a los matrimonios o parejas con el fin de favorecer una conversación amena y fluida en una mesa. Así se evita que los matrimonios se hablen solo entre sí y no socialicen con los demás. La razón suena obvia, pero es cierta. Si se trata de relacionarse con los demás, difícilmente lo harás si te pasas media velada hablando con la persona con la que convives. Y ya no os cuento, si venís “discutidos” de casa.

Esta  lenitiva norma se aplica también con todas aquellas personas que tengan lazos afectivos o familiares: hermanos, socios, compañeros de trabajo….

La excepción a esta regla son los novios o prometidos, a quienes sí se sienta juntos (he llegado a oír que esta regla se aplica a las parejas desde el día siguiente a su boda o a las parejas después de la mudanza).

En Dinamarca, cada miembro de la Familia Real preside aisladamente una mesa

 

 

 

Realmente, hay dos posibles fundamentos a esta ley, aunque uno se presuma más malévolo que el otro. El primero explica que a las parejas se las separa para que interactúen con los demás. La otra explicación tiene más enjundia: la posibilidad de discutir con la pareja es inversamente proporcional a la distancia que les separe.

Esta costumbre es acogida por las parejas con bastante satisfacción. Cuando la mesa lo permita, tampoco tendrían que quedar frente a frente, por el mismo motivo.

La Reina Isabel II siempre se sienta junto a su esposo

 

Protocolo social

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